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jueves, 18 de junio de 2009

No era Romeo, pero era Julio.


Tenía el pelo negro, la boca bastante besable y unos ojotes cafés que te miraban juguetones siempre. Algunos años mayor que yo, como seis, pero en aquel entonces, en mi pubertad, parecían décadas.


Además de la diferencia de edades, había una bien grande entre mi cabeza y la de el, tanto externa como internamente. No teníamos nada en común, yo tenía puestísimos los calzones de niña casta y era más bien penosa y antisocial (incluso más que ahora). El, extrovertido y.. bastante zorro.


Todo empezó una noche, mientras acompañaba a mi madre en el negocio familiar. El calor y el aburrimiento me estaban matando lentamente, así que me fui al segundo piso como era costumbre y me senté frente a la ventana a leer por décima vez el mismo libro de siempre, con los audifonos puestos. Una bolita de papel aterrizó en la mesa y me hizo voltear hacia la calle. Sentado en las escaleras de la tienda de al lado había un individuo moviendo los labios en una frase incomprensible.


-¿Qué?

-¿Qué lees?

- ...


Me lo quedé viendo un rato, analizando la situación im-po-si-ble en la que un tipo como él se interesara en lo que una mocosa puberta como yo pudiera estar leyendo. Sonrió, seguramente notando el espacio vacío que había en mi cabeza en ese momento y me repitió la pregunta.


- Mal de Amores, de Mastretta.

- Ah..

- ...

- ¿Cómo te llamas? Yo soy Julio..

- Se quien eres.


Me quedé hablando con el, al principio monosílabas, después un poco más suelta. Algunas noches llegaba, otras muchas no, así fueron noches esporádicas como por dos meses: yo sentada frente a la ventana y el en las escaleras de abajo.


La pequeña acción de bajar las escaleras o que el las subiera siempre fue lejana. Yo sabía que mi madre era lo suficientemente inflexible para permitir que yo me acercara al "lobo feroz", aun si en un mundo paralelo, me permitiera explicarle que en los dos meses que llevaba de conocerlo, ni una sola vez había insinuado poder verme como otra cosa que una puberta con libros en las manos, más cercana a "la hermanita de un amigo" que a cualquiera de las preparatorianas copa C que andaban tras de el.


Jamás me lo encontré "de cerca" en la calle, de hecho, lo evitaba. Alguna vez lo vi a lo lejos y me saludó estirando el brazo desde el otro lado de la calle. Yo.. me puse tan roja como mi palidez me lo permitió y solté una sonrisita estúpida, mientras movía la mano ligeramente.


Una noche, poco antes de que las clases terminaran y el regresara a Veracruz con su mamá, me dio la impresión de parecer cauteloso y hablaba más bajo que de costumbre. Me preguntó acerca de mi mamá y le dio la vuelta a la conversación. Nunca supe por qué hasta hace como un mes.


Mi mamá abrió la boca y me soltó un cuento que me dio ganas de vaciarle mi gas pimienta en la cara:


Julio llegó a mi casa en algún momento, antes de esa noche. Se encontró con que yo no estaba, solo mi mamá. Se presentó y le preguntó por mi. Después, le pidió permiso (LE PIDIÓ PERMISO!) para que yo fuera con el a no se dónde. Mi mamá se limitó a decirle que no, que yo era una niña. Julio se fue. "No iba yo a dejar que salieras con ese muchacho, con lo terrible que era! Y tu eras una chiquita.." Obviamente, la noche siguiente, parecía cauteloso y hablaba más bajo que de costumbre.


No lo vi antes de que se fuera a Veracrúz. Algo pasó y supongo que no estuve la noche que el me esperó bajo la ventana, y las siguientes noches que yo si estuve, el ya no. No lo volví a ver.. no sabía dónde vivía, ni quién era su papá. Jamás intercambiamos teléfonos. Durante demasiados días me dio vergüenza acercarme con sus amigos y preguntar por el, ellos eran los clásicos "grandes" que jugaban a ser rebeldes sin causa. Demasiado para una rata de biblioteca como yo. Después se me olvidó y después, ya había pasado mucho tiempo.


Si tan solo hubiera tenido la pinche oportunidad, si mi mamá me hubiera informado siquiera que lo había rechazado por mi..


Mierda..


Solo me queda la satisfacción de saber que a mi madre se le debe de retorcer el hígado por haber ahuyentado a uno de los poquísimos (casi inexistentes) Romeos que han pasado cerca de mi. Sobre todo hoy, cuando lo único que queda de eso es el recuerdo borroso de la sospecha de Tavo.


Karma, my darling.


7 comentarios:

Kuruni dijo...

ahhhhhhh "mal de amores!!!" Ese libro es genial y también me ayudó mucho a pasar mi soledad adolescente (y mis dudas, Angeles Mastretta escribía los personajes femeninos que yo quería ser de grande).

lezzoh dijo...

=)

DL

Andy dijo...

no sera un peyotazo pero dire que

"me gusta, me gusta"

que estes bien ,te cuidas!

Lyds* dijo...

Se sintió un vacío.. vacio?

Esta historia es real?? De Goma Rosa?

Goma Rosa dijo...

kuruni: mastretta me encanta, en efecto, quiero ser como alguna de sus mujeres cuando sea grande.. y bueno, mal de amores es uno de mis libros favoritos. espero, en serio, que jamas lo caguen haciendolo pelicula, como arráncame la vida.

andy: gracias, si fue peyotazo (:


lyds: no tanto vacío como.. impotencia. en aquellos ayeres yo estaba bastante renuente a mostrar interes en NADIE por inseguridad.. el se intereso en mi y jamás lo supe.. intenta imaginar eso..

Lyds* dijo...

ya lo imaginooo! y me da también un .. mm como se le dice a eso de 'que hubiese pasado si...'

bueno, no mmáss! no deberias imaginartelo, pq pues ya no fue y ya.
Mirar adelante... ADELANTE

Abbita dijo...

pues tal vez no fue, porque no era lo que estaba escrito para ti...

saludos Goma!