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viernes, 6 de marzo de 2009

Me aguanté las ganas de mear...

Las ganas te llegan cuando menos te lo esperas. Aún faltaba caminar bajo el sol bastantes cuadras para llegar a mi casa y me dieron ganas de wixar (mear, orinar, regar las plantitas..). ¿Qué hago? El baño más cercano que se me ocurrió fue el del 7 Eleven.


Me compré un refresco nomás para "ganarme el pase" y pedí el baño.

JAMAS debí haberlo hecho.

ADVERTENCIA: Las siguientes fotos no son aptas para personas con sensibilidad a cosas bien pinche puercas..



Y todavía se atreven a poner éste letrerito justo arriba de la taza que apesta a meados:



Que poca madre, señor que pone letreritos en los 7 Eleven! Es usted un mentiroso culero..

Gasté $10.00 para poder entrar a un baño donde NO oriné.. la no-meada más cara de mi vida.

martes, 3 de marzo de 2009

Asomándose..


No me dejaba escribir.. el sonido de las teclas le parecía demasiado atractivo como para contenerse y no "cazar" mis dedos. La aparté y dije NO, en voz alta. Ella, muy ufana, se echó detrás del monitor de mi lap y me castigaba con el látigo de su desprecio, asomándose de vez en cuando y luego volteando hacia otro lado con indignación.
Dicen que las cosas se parecen a su dueño.
(y quien lo dice, es sabio..)

lunes, 2 de marzo de 2009

Nana


Llegaste justo en el preludio al nacimiento de mi hermana. Apenas minutos antes de sufrir el cambio drástico de la aparición de un ser que me hacía competencia, que me quitaba el protagónico familiar y que hacía menos frecuente el abrazo, ya de por si ausente, de mi figura materna. Llegaste justo antes de que mi figura paterna se metiera en política derechista, se le descompusiera el carácter y convirtiera los festivales de Día del Padre y las pastorelas en una búsqueda interminable de su cara entre la gente, sin encontrarla.

Me preguntaste mi nombre, aunque ya lo sabías. Tus ojos redondos y tus cachetes me convencieron de estirar mis bracitos y dejarme levantar del suelo de mi cuarto. Y te empecé a querer.

Preparas, hasta la fecha, las quesadillas más ricas del mundo. Te he visto hacerlas y no le echas polvitos mágicos, son solo quesadillas.. pero si las preparas tu saben a gloria. Hoy recuerdo con nostalgia las mañanas en el colegio de monjas, sacando dos quesadillas perfectas de mi lonchera, sentadita en una de las escaleras.

Los mejores recuerdos que tengo de mi casa son contigo. Tu y yo solas por horas, preparando la comida, meciéndonos en la hamaca, poniéndome las calcetas, jugando a que yo era cantante arriba de los sillones de la sala.

Cuando llovía, me dejabas salir a jugar y a mojarme antes de que me bañaras. Corría por todo el patio de atrás jugando con mi perro, que en ese entonces estaba de mi tamaño. Siempre me esperabas con una toalla enorme y me envolvías como tamal. Era delicioso sentir las gotitas de agua caliente caer sobre mi piel fría de agua de lluvia, y luego envolverme en mil sábanas a platicar contigo.

Cuando me tocaba escuchar gritos que no merecía, te acercabas a mi exilio y podía ver a través de la humedad de mis ojos, los tuyos llenos de impotencia. No me abrazabas hasta que yo te abrazaba, yo no te soltaba hasta que tu me soltabas.. era una regla no escrita.

Y cuando crecí y nadie me entendía, eras tu quien no solo me preguntaba cómo me había ido en el colegio, si no se quedaba a escuchar la respuesta. Te contaba todo mientras comía con las piernas cruzadas arriba de la silla y los codos sobre la mesa, mientras tu, en la silla de al lado, me rascabas la espalda.

Hoy ya llegó el "cuando seas grande" del que tanto hablábamos, y vivo muy lejos de ti. Tu tienes la culpa de que yo no cocine, de que no me guste tender la cama, de que sea una checha, de que extrañe tus quesadillas, de que sea sarcástica, de que no me de pena llorar, de mis buenos recuerdos al ver para atrás, de que regrese a mi casa de vez en cuando, de que sepa decir "te quiero", de mi adicción al te, de que no deje que nadie me vea la cara de pendeja, de que haya aprendido a abrazar como se debe, de que sepa coser botones.. de todo lo que soy ahora, Nana, de todo.

Gracias por levantarme del piso de mi cuarto aquella tarde.


domingo, 1 de marzo de 2009

En algún momento...


Fue en algún momento a finales de Octubre. Las hojas de los almendros se estaban cayendo, lo recuerdo por que al caminar sentía el crujido seco bajo mis pies.. Había una feria: la calle principal estaba llena de puestos de comida, de vendimias con toldos de colores y de gente caminando sin respetar el perímetro de tolerancia.

Yo nunca te había visto, sin embargo, sabías más cosas de mi que cualquiera alrededor mío elegido al azar. Hablábamos diario, por horas, y en algún momento de la noche parecíamos amigos de toda la vida, a pesar de conocernos hace apenas pocos meses.

Me decías las cosas como no estaba acostumbrada a escucharlas: al chile. Puedo afirmar que fuiste la primera persona con la que pude desechar ese filtro que tenía entre la cabeza y la lengua, deshacerme de cualquier pose a la que estuviera acostumbrada para proteger esa anormalidad de ideas que me pertenecía a los trece años.

Contigo no tenía que encajar en ningún molde, no tenía que ser el prototipo de puberta de escuela pagada, no tenía que ser "niña". Hablábamos de igual a igual, sin pudor y sin vergüenza.

Ese día sentía el crujir seco de las hojas de los almendros bajo mis pies.

Te vi de espaldas, pero mi pubertad me impidió acercarme primero (de ese día a la fecha no he podido acercarme primero.. comienzo a sospechar que no fue la pubertad). Vivíamos aquella época en la cual nuestros dos años de diferencia parecían décadas y eso, sumado a los varios centímetros entre mi cabeza y la tuya, hacían crecer un abismo a la vista de todos.

Me viste y te acercaste, sentí esos 45 segundos de incomodidad en los que te acostumbras a vincular un nickname y letras verdes, a un cabrón con ojos grandes y voz grave. Pasados esos 45 segundos, tus palabras se volvieron letras verdes y caminabamos por la feria.

En algún momento nos alejamos de la gente, atacándonos con grandes cantidades de espuma en aerosol. Escribimos nuestros nombres en el pavimento y nos embarramos pelo y piel, terminando con el sudor y el sol, barnizados con una mezcla pegajosa. Por si no fuera suficiente la sensación de pegoste, tomaste un montón de florecitas blancas de un almendro y me lo tiraste en el pelo mientras caminábamos a tu casa.

Guitarras. Pelucas. Un oso de peluche y satín rojo. Los primeros acordes de "Te quiero" de Hombres G. Una foto de ti y de mi sentados a la orilla de tu cama, sonriendo. En algún momento me pediste que subiera por unas escaleras de caracol, y al llegar a un segundo piso lleno de juguetes y cosas, sacaste de algún lugar, un costalito de tela con dos puntas de cuarzo rosa: una para ti y una para mi. Sin embargo, por planes del destino, la que era tuya dejó de ser tuya esa misma tarde, muy a tu pesar.

Y te quedaste sin cuarzo.

En algún momento, caminamos muchos años. ¿Cuántos? Siete. Siete años que a la vez parecen nada y parecen infinito. Hoy no hablamos diario, ni siquiera una vez por semana. Hoy la coincidencia de tu existir con el mío en un diámetro razonable es sumamente distanciada. Hoy los kilómetros que nos separan son una mentada de madre.

Hoy te vi y platicamos como si esos muchos años no hubieran sido caminados. Me abrazaste como reponiendo los treinta y muchos meses que habían pasado desde la última vez que dejamos de caminar, para tomarnos un tiempo y ponernos al día. Casi sentí tu mano aventándome al pelo un montón de florecitas blancas de almendro.

Hoy ya te habías ido, pero te hice regresar. Supusiste que era algo importante.

Del fondo de mi bolsa salió una cajita verde de metal, en forma de gota y con espejos en la tapa. Me mirabas con ojos de gato curioso y apoyado del otro lado de la mesa, marcabas un ritmo con los dedos. Apreté el puño y estiré el brazo. Abriste la palma de tu mano debajo de la mía y entonces dejé caer aquella punta de cuarzo rosa, que en algún momento se convirtió en dos mitades.

Hoy tu te fuiste y yo me fui, pero tu tienes la otra mitad.

lunes, 23 de febrero de 2009

Boicot


Aparentemente tengo la imposibilidad de mantener algo equilibrado en mi existir. Es muy divertido la mayoría de las veces, salvo cuando no.

Hoy no es divertido.. queriendo o no queriendo, con alguna pinche idea metida en la cabeza he ido haciendo que, poco a poco, camines en dirección contraria a mi.

No te pude desechar la primera vez, hace mucho. Ni la segunda, ni la tercera. La última vez que lo intenté el año pasado fue "contraproducente".. terminé sabiendo que las cosas se me habían salido de control y me encontraba ahora totalmente a merced del órgano ese que bombea sangre justo arriba de mi diafragma..
Fue cuestión de días para que tu te dieras cuenta de eso y terminaramos sacándonos la verdad a cucharadas en una conversación telefónica totalmente irresponsable y carente de razón.

Ahora me encuentro como expectadora de una obra hecha por mi, poco a poco.. tiñendo nuestro "algo" de óleo en tonos chillones y difíciles de soportar, con pinceladas agresivas y poco cuidadas, con textura lastimosa.

Yo la hice, sin embargo, no me gusta.

Prefiero aquella acuarela con color transparente, aquellos verdes amarillentos, y naranjas, y magentas.
Espero quede aunque sea un pedacito de papel para volver a pintar.





sábado, 21 de febrero de 2009

Llamada de media tarde


Sin aviso previo, totalmente espontáneo.. suena el teléfono y eres tu.
Los dos segundos antes de contestar me hacen parpadear dos veces. Te escucho del otro lado "fuerte y claro", como si los miles de kilómetros que en realidad existen, se hicieran bolita de papel y se tiraran por ahí.
Gritas del otro lado del teléfono, me cuentas de tu trabajo, de tu próximo viaje, de las últimas cuatro españolas que han pasado por tu lengua.. yo te cuento del último gran enredo, de la escuela y de que ando más espesa que un atol de fresa.
Me adivinas las palabras, y me sacas de debajo de la lengua las que sabes que te estoy ocultando.
Imposible creer que con dos semanas de hablarnos bajo efectos del alcohol haya sido suficiente para convertirte en esa hoja de hierbabuena que puede hacerme hablar, escuchar y entender.
Quisiera secarte, enrollarte en un papel de arroz y fumarte.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Y al final de los días..


Justo el 14, mientras manejaba por Mérida, la Chumis me preguntó algo relacionado con tener hijos y le dije: no voy a tener hijos. Ella me replanteaba situaciones y mas situaciones y siempre respondía con una negativa explicándole que para tener hijos lo principal es estar establecido con una persona y eso a mi me hace ruido en la cabeza por aquello del compromiso y las comidas los jueves con los suegros y las idas al cine los sábados con el grupo de parejas, y así..
Le expliqué que las únicas dos formas de que yo terminara criando a un mocoso descendiente de mi sería por embarazo accidental (jamás el aborto!) o por otra situación que se me presentó hace algún tiempo en la que yo, cuatro segundos después, decidí que de presentarse en un futuro tendría hijos sin dudarlo, por puro amor.
Y me preguntó "¿Cómo te ves de viejita?"
Definitivamente con alguien, Chumis -respondí- compartiendo mi vida con alguien.. todo tiene un por que. Hace años pensaba mucho las cosas antes de hacerlas, todo tenía que ser minuciosamente reflexionado antes de volverse acción, hasta que me aburrí de eso.
He tratado de llevar una vida espontánea, impulsiva, impredecible, irresponsable.. de no pensar lo que sería políticamente correcto, si no lo que quiero y lo que me hace feliz. De hacer las cosas por mis huevos, sin planearlo demasiado. Probablemente he perdido muchas cosas que, de haber actuado con mas razón, hubiera tenido.. sin embargo la gran ventaja de hacer las cosas como las hago es que nunca te encuentras con un "hubiera" más pesado que el "es".
Creo fielmente que al final de todo lo que más peso tiene es haber vivido la vida sin privarte de nada, tener recuerdos colorful que volver a vivir cuando los días se vuelvan color sepia, tener el alma tranquila por la ausencia de "cosas pendientes" por hacer, tener historias que te apasione contar, pero sobre todo, tener a quién contárselas sentada en una mecedora mientras tomas café.
Un día después tuve un ataque "racional" he hice una estupidez racionalmente correcta, im-pe-ca-ble.Y es que todo, excepto yo misma, apunta a que tomé una buena decisión, hay mil razones para pensar que fue correcto..y hay una sola que está pudiendo más que las otras mil del otro lado de la balanza.
Justo ahora me puse a pensar: Y cuando tenga 80 años ¿qué voy a contar sentada en la mecedora mientras tomo café?
Pensamientos como ese son los que me aseguran que me equivoqué.

lunes, 16 de febrero de 2009