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sábado, 8 de agosto de 2009

La Matanza de Santa Adelaida.

Ese podría ser un título adecuado para mis vivencias de ayer por la noche. Ese o cualquier otro que se les ocurra, siempre y cuando refleje ese saborcito tan conocido y molestoso de las películas de terror mexicanas de mala (-si-ma) calidad.

Llovió, pero un chingo, como tenía años que no llovía. Las gotas estaban tan grandes que cuando te pegaban en la piel, dolía tantito, y habían relámpagos mal pedo. Un aire de la fregada, que no importaba que tuvieras todas las ventanas cerradas, el agua alcanzaba a entrar por cualquier pinche hoyito.

Ventanas azotándose.

Árboles cayéndose.

Y en medio de todo eso... se fue la luz.

Por situaciones ajenas a mi, tuve la encomendación de ir por las llaves de un cuarto, a un hotel de medio pelo. Al menos eso pensaba yo... hasta anoche, que me convencí que era de mala muerte.

Crucé la calle corriendo con el agua azotándome en la cara; a pesar de haber sido a lo mucho cuatro metros a la interperie, cuando llegué al carro estaba empapada y moría de frío. La tela delgadita de la blusa se me embarraba en la espalda y en el pecho, haciendo más difícil entrar en calor.

Conduje hasta el otro extremo del pueblo totalmente a oscuras.. para ser las 10 de la noche comencé a pensar que habían pocos carros, muuuy pocos. De no ser por los tres taxis que me encontré en el trayecto, me hubiera convencido que era el único ser viviente en todo el perímetro. Me estacioné frente al hotel y salió una señora que conocía de vista y de "buenos días". Siempre me había parecido medio creepy, pero no fue hasta verla en la oscuridad cuando me enchinó la piel.


Se asomó por una rendija de la puerta y luego la abrió. ¿Que yo pase? No..gracias, solo vengo por la llave. Ah.. la tiene usted hasta la recepción. Si, claro, la acompaño. Y entonces comencé a caminar por un pasillo en el que no alcanzaba a ver ni siquiera la punta de mi nariz. El pasillo me parecía cada vez más angosto, pero estaba segura que era un efecto secundario de la mala vibra, la oscuridad y de estar confiando plenamente en la ñora creepy en medio de un diluvio que hubiera apagado los gritos de cualquier mujer veinteañera asesinada en un hotelucho.


Llegando al final de el pasillo, yo creía ver la luz. Oh sorpresa... la vi. Para mi desgracia eso lo hizo aún peor. Doña Señora decidió emplear no se en que mal momento al recepcionista más jodidamente escalofriante, de esos que tienen cara de haber vivido en un loquero durante su infancia, con terapia de electrochoques.


Balbuceó no se que cosa, mientras me alumbraba con su celular, luego me sonrió y se me puso el espinazo como de gato. Estaba a punto de darme media vuelta y correr, pero me contuve: quién sabe si la puerta del final del pasillo no estaba ya cerrada con llave.. entooonces sí que me iba a cargar la fregada.


La ñora levanto la mano con una llave colgada del dedo índice. Antes de que pudiera hacer nada, me hizo señas de que la siguiera (¿otra vez?). ¿A donde vamos? ¿A ver el cuarto? Noo, no se preocupe, no le quito más tiempo. Bueno, pero aún así, la voy a hacer caminar. Estem.. si, yo la sigo. ¿¡Segundo piso!?


Pisé el tercer escalón y sentí los pasos del recepcionista justo detrás de mi. En ese momento supe que me había llevado la verga. Subí los demás escalones al puro tanteo, sin ver nada, pero NADA, y con lluvia y sudor mezclándose y escurriéndoseme por la frente y la espalda.

Caminamos el trayecto del pasillo de abajo, pero en el segundo piso.. me meaba de miedo. La señora se detuvo frente a la puerta del último cuarto, lo abrió y desapareció. Dadas las circunstancias, mis instintos me obligaron a seguirla para quedarme lejos del recepcionista raro. El olor a pinol, a humedad y a madera me pegó de golpe. El cuarto dejó de estar en oscuridad para estar en penumbras en cuanto el recepcionista entro a mis espaldas y alumbró con el celular; dos camas matrimoniales al fondo, un teléfono feo en una mesita de noche (fea, también).

Bu.. bueno doña, gracias. ¿Qué habitación es? ¿Trece? -you're fucking kidding me- Si, yo les digo. Muchas gracias. Estem.. no se preocupe, bajo sola.. es que dejé el carro mal estacionado. Buenas noches.

Apenas ubiqué las escaleras al final del pasillo, aceleré el paso. Bajé los escalones de dos en dos y atravesé la recepción golpeándome con cada mueble que existente. Corrí lo más callada que pude a través del pasillo, mientras iba rogándole a Zeus y al Olimpo completo que lograra ver la puerta antes de estamparme con ella, pero sobre todo, que estuviera abierta.

Hasta que no puse un pie en la calle, no me di cuenta que dentro había un calor insoportable. La lluvia me empezó a pegar de nuevo mientras corría hacia mi carro, del otro lado de la calle. Abrí la puerta, brinque dentro y apreté dos veces el botón del seguro.

Respiré aceleradamente una vez, dos, tres, cuatro. Arranqué el carro y prendí las luces. Cinco, seis, siete, ocho. Las gotas de sudor y de lluvia se comenzaron a enfriar.

Un segundo estaba muerta de miedo, y al siguiente, muerta de risa.

- Solo falta que vea a un niño zombie por el retrovisor - dije en voz bajita.

Como que no quiere la cosa, levanté la vista hacia el espejo y me cercioré de que no fuera así.

5 comentarios:

wErA Loka dijo...

jaja hubiera estado mejor que te encontraras al niño zombie no?
jaja
y bien valiente tu que todavia ves por el retrovisor jaja

lezzoh dijo...

que cosas, tan jocosas pues.

DL

Lyds* dijo...

Esto es en serio?

Me dió miediiin. Jaja.
Creo que eso nos pasa a todos... pensar en algo malo (deseandolo a la vez) y revisar si de veras teniamos razón o no.

Besos Goma :)

Goma Rosa dijo...

jajajajaja

si fué de verdad.. y si, fui una chingona por ver en el retrovisor (:

Pancake dijo...

Eres harto ruda.
Me cae.

Saludos Goma :)
Ya hacía rato sin leernos.