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viernes, 24 de agosto de 2012

Cosmos


En medio de mil ocho mil cambios en mi vida, frustración, emputamiento, decepciones, instintos homicidas y quién sabe cuántas cosas más, mezcladas con mi hormona y desvelo, me encontraba yo. La nostalgia se apoderaba de mis tardes ahí de vez en cuando, de vez en diario, de vez en cada media hora. 

Extrañaba aquellos años en los que no me importaba absolutamente nada más que no salirme de la rayita cuando coloreaba con mis crayones. O aquellos en los que el fin del mundo era pelearme a gritos con mis papás y sacar algo que no fuera 10 en la escuela. O esos, más recientes, en los que tenía un chingo de tiempo para que me llegara el día en el que tenía que pensar en qué hacer con mi vida.

Maquilando en mi cabeza cualquier historia de ficción que pudiera traer a la realidad y que me diera la oportunidad de volver por un ratito a ser lo que fui, para encontrarme de nuevo. O sólo verme, como en una película, mis gestos, mis palabras. Encontrarme en mi pasado y saber qué es lo que le hace falta a mi presente. Darle nombre y apellido a lo que extraño y hacer aunque sea una copia mal hecha en mi vida diaria para no extrañarlo tanto.

Me quedé dormida como a las 2 de la mañana.

Tuve un sueño horrible. Tan horrible, que no recuerdo los detalles. Vagamente veo a alguien tratando de matarme y a mi, quedándome sin respirar. Tan real, que me desperté y llené a tope mis pulmones, asegurándome que estaba a salvo.

Y me volví a dormir.

Y me vi. Pequeñita. Tenía alrededor de ocho años. Mi pelo recogido en una cola, con un moño de listones. Mis calcetas mal dobladas y mi cara, tan de niña, tan de no saber lo que se le veía encima. Me vi sonreír en paz, me vi caminar, vi mis gestos, mis muecas, mis ojotes pestañeando. Me vi frotándome los ojos con las manos y haciendo ese gesto con la ceja que sigo haciendo hasta la fecha. 

Me senté frente a mi "yo pequeña", sin que pudiera verme, y la escuché reír sonoramente mientras movía las manitas. El alma se me llenó de paz y me dieron ganas de quedarme ahí para siempre, pero sabía que era un sueño. Sentía el tiempo agotándose y la desesperación me llevó a las lágrimas.

Comencé a pedir, a rogar, no sé a quién, que me dejara quedarme un poco más. Que aun no me hiciera despertar. Que me dejara ser turista de mis recuerdos antes de regresar al punto sin retorno.

En la misma escuela, me encontré conmigo una vez más, pero algunos años más tarde. Segundo o tercero de secundaria. Ahí estaba yo, tan insegura, tan incómoda conmigo misma, sintiendo que no encajaba. No extrañé sentirme tan ajena. Pero extrañé lo simple que eran las cosas. Tirada en algún pasillo me reía a carcajadas con mis mejores amigas, con brillo transparente en los labios y las uñas pintadas de verde clarito.

La adrenalina de estar a punto de "despegar" se me notaba, creyéndome grande, sabiendo que estaba a nada de ser libre, de hacer lo que yo quisiera. Disfrutando locamente mis últimas veces, extrañando con antelación a quienes tendría que dejar atrás para poder volar.

Y luego parecí, hace cuatro años, recorriendo la universidad por primera vez, desayunando con mis nuevos amigos. Conociendo personas y haciendo "clicks" mentales con fotografías a guardar: el inicio de "cuando seas grande". Ahí no me veía como una tercera persona. Estaba muy callada, observando a todos, sus palabras, sus sonrisas, la forma en la que me veían. Intervenía de vez en cuando y comencé a disfrutar ese sentimiento de libertad, una vez más, sin embargo, sabiendo que tenía 4 largos años para llegar a mi "hoy".

Volví a sentir, de repente, que era hora de irse y no quise hacerlo sin despedirme, pero sabía que decirlo a una mesa de personas que recién conocía no era lo más inteligente. ¿Quién le cree a una loca del futuro? Antes de "desaparecer" me acerque a uno de mis amigos:

- Ya me voy, probablemente no lo entiendas, porque voy a seguir con ustedes, pero yo ya viví ésto. Sólo estoy recordando. Los voy a extrañar muchísimo, por favor, sean muy felices, los años se terminan en un segundo.

Para mi sorpresa él me dio un beso antes de decirme "promesa de amigos, nunca lo olvides". 

Y desaparecí.

Entre abrí los ojos, pestañeando, mientras me volvía la conciencia. Estaba muerta de frío, pero sentía el peso de sábanas y cobertores sobre mi cuerpo. Cuando logré enfocar, vi unas sábanas de rayas que no eran las mías y luego a ella, dormida frente a mi.

Tal cual la vi tantas veces, las únicas en las que la paz le iluminaba la cara. Recostada sobre su brazo, el pelo cayéndole sobre la cara, la armonía de sus cejas, sus labios entre abiertos, su barbilla.

Me apoyé sobre mi codo para verla más de cerca. No entendía qué estaba haciendo despertando en esa cama, no entendía, ya, si estaba despierta o dormida. Si era un sueño, si no lo era. Algunas cosas podían ubicarme algunos años atrás, si, pero ésta situación en particular, la de despertarme con ella, era algo que no podía recordar: jamás había sucedido. No entendía nada... 

Le pasé la mano por el pelo y se despertó, lentamente, entre pestañeos y balbuceos. Lo primero que hizo fue sonreírme como si mi ubicación en tiempo y espacio fuera la cosa más normal. Con voz de recién despertada me arrastró los buenos días, diciendo mi nombre como sólo ella lo hace y se estiró, cerrando los ojos.

Cuando los abrió y me preparaba para dispararle todas las preguntas que traía en la cabeza en el tono y volumen de voz que me caracteriza, se puso el dedo en los labios, en gesto de "silencio" y con cuidado, levantó los cobertores bajo las que estábamos, justo frente a ambas.

Debajo de ellas, había una bolita de pelos blanca. Orejitas, colita, una naricita negra y respiración pausada.

Dejó caer los cobertores con cuidado y me habló despacito "sigue dormida".

Nos quedamos quietas, acostadas una frente a la otra, sin decir nada. Las palabras no eran necesarias, aunque el cómo, dónde y por qué se azotaban en mi cabeza. Mis ojos se empezaron a tardar al volver del pestañeo y unas profundas ganas de cerrarlos estaban luchando contra mi voluntad.

Acercó mi mano hacia ella y me dió un beso en la palma, antes de pasarme los cobertores sobre los hombros.

- Ya duérmete.

Cuando abrí los ojos de nuevo, vi la luz del sol entrando por mi ventana. Entonces supe, por fin, que estaba despierta. Que había sido un sueño.

El mejor sueño de mi vida, creo, el más acertado, el que más necesitaba.

Recordarme así, verme, sentirme tan cerca y no como líneas de un libro que se me olvidó de qué trataba. Fue equivalente a salir a la superficie, a sentir el aire en mi piel, a quitarte los zapatos después de un día largo.

Me estiré y sentí los músculos de mi espalda poniéndose tensos y luego cayendo, rendidos. Me senté en la orilla de la cama, aún con los recuerdos echos un remolino mientras recobraba la conciencia y toqué con las puntas de mis pies el suelo. Suspiré y me dejé caer al hoy, aún con el ayer caótico convirtiéndose en cosmos.

El resto del día, me la pasé entendiendo lo que hice durante toda la noche.

4 comentarios:

claudia elena dijo...

wow.
qué interesante. y qué afortunado tu sueño. A mí también me ha pasado que encuentro cosas necesarias mientras duermo, como recordatorios de que todas mis respuestas las tengo dentro.
A mí me gusto un buen esta frase: La nostalgia se apoderaba de mis tardes ahí de vez en cuando, de vez en diario, de vez en cada media hora. Y por lo que entendí, acabas de terminar la universidad. Qué estudiaste?

Elizabeth dijo...

Que lindo... volver a todo eso. Habría algunas cosas que disfrutaría mucho y otras que querría cambiar, aunque quien sabe... tal vez no sería quien soy ahora. Que gusto leerte. te quiero, siempre

Elizabeth dijo...

Que lindo... volver a todo eso. Habría algunas cosas que disfrutaría mucho y otras que querría cambiar, aunque quien sabe... tal vez no sería quien soy ahora. Que gusto leerte. te quiero, siempre

Nicole dijo...

Escribes espectacular. Realmente te felicito, era como si lo que leia lo estaba viviendo.
Muy lindo tu sueno. :D
Nice blog