También me gusta leer lo que piensan de lo que pienso. Comentarios, por favor!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Pasa que..


Apenas abrí los ojos, se me empezaron a escurrir y no han parado.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Vaciar una caja de cereal de colores


Hace unos días, me fui hacia atrás.


Un año, dos años.. es la pinche ventaja de tener un blog. Es como si existiera un historial detallado, no solo de lo que hice, si no de lo que pensé. Todo lo que fue importante para mi está documentado con puntos y comas elegidos por mi.


Me di envidia. Punto.

Tenía una chispa que, por alguna razón, ahora no encuentro. Debe de estar en algún cajón, por ahí, pero no logro saber en cual. Decía las cosas como si no hubiera otra forma de hacerlo. ¿Se acuerdan? No se acuerden, si no quieren. Yo creo que me voy a dedicar un tiempo a leer hacia atrás, cuando escribir, para mi, era como vaciar una caja de cereal de colores. Justo así. Las palabras me salían desde el centro del pecho en desorden y mágicamente se acomodaban para hacer figuras y frases y cosas..


Ojalá que aparezca pronto.


Las extraño mucho...


De verdad.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Y que te extraño, pues, pero a eso me dedico.

Hoy te recodé por la tarde.

Mucho.

Me acordé de los días que estuvimos juntas, y de tu olor, y de la lluvia, y de el olor de la lluvia. Me acordé de todas las palabras. De todos los sonidos. De todos los sabores. De tu olor fundido con el tabaco. Del olor a hierba fresca, a café, a chocolate. Y del olor de la lluvia, y de cómo olía tu pelo mojado y de tu piel secándose en la oscuridad. Y de todas las palabras. Y de todos los sonidos. Y de todos los sabores.

Y te extrañé, como tiene varias estaciones que no te extrañaba.

Y luego te quise matar, Erin. Y luego ya no.

Y luego me quise matar a mi.

Pasan los años y yo, siguiendo el mismo perfil de loca.

Extrañando, siempre extrañando. Como si así debiera ser. Como si no tuviera de otra.

Vivo de la vez que me pintaste las uñas de rojo, de la vez que nos besamos bajo aquel árbol que parecía un terremoto. Vivo de la vez que rascaste la espalda hasta que dejé de llorar. Vivo de la vez que me quedé dormida y aquella que no eras tu, me acaricio las pestañas con las puntas de los dedos. Vivo de la vez que ella me despertó con un beso. Vivo de la vez que me besó en las escaleras. Vivo de la vez que me abrazó en el frío y me quedé dormida.

Vivo de momentitos, pequeños, sin sentido. De eso se alimenta mi alma a diario para seguir en combustión y no dejarme dormida dos noches seguidas.

Quería decirte todo esto.

Y que te extraño, pues, pero a eso me dedico.

martes, 2 de noviembre de 2010

Y volar.


Colgarse de las cadenas y tomar impulso.


Una, dos, tres veces.


Cuando los ángulos se hacen amplios, finalmente estirar las piernas hacia el cielo y cerrar los ojos.


Y dejarse caer, con los ojos cerrados. Y no pensar en nada. Y pensar en todo.


Y sentir cómo el aire se rompe en tu piel. Y sentir como el aire lucha con tu pelo. Y sentir como el aire te empuja con fuerza.


Y sentirlo todo.


TODO.


Como si los sentidos se magnificaran y cada nervio funcionara por separado.


Volar.


Volar.


Volar.