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lunes, 8 de diciembre de 2014

Visibilidad

Durante mucho tiempo me dio ansiedad ir tomada de la mano de alguien. Mucho, mucho tiempo. El terror de que me vieran y mi mamá se fuera a enterar era suficiente para no querer exponerme a la vista de nadie. No es como que me fuera escondiendo por la vida, pero ciertamente le ponía un poquito de cuidado a cuándo y en dónde.

Hace relativamente comencé a recordar acerca de mi adolescencia. De lo pinche que fue, de lo sola que me sentía. Incluso escribí un post al respecto. No tuve una sola referencia positiva acerca de la homosexualidad mientras crecía, una sola. A mi alrededor, ser gay era ser mal visto, era que te tuvieran lástima, era ser una loca poco respetada. ¿Mujeres gays? Ni una. Hasta que no tuve como 14 años, jamás conocí de primera mano a ninguna mujer que fuera gay, mucho menos que lo dijera abiertamente.

Y eso me jodió, y me jodió mucho. Una niña de 12 años puede tolerar hasta cierto punto de soledad antes de cerrarse en sí misma, que fue lo que me pasó. No tenía forma de dar un paso adelante sin sentirme insegura, incomprendida, sola y sumamente extraña. La idea del exilio siempre estuvo en mi cabeza. Tenía dos opciones: o reprimía lo que sentía el resto de mi vida y mantenía las cosas en paz con mi familia, o me iba a hacer mi vida a otro lado, lejos, en donde nadie pudiera juzgarme, en donde nadie pudiera decepcionarse de mi.

No había forma de saber que habían más como yo, que habían más mujeres como yo, que no eran motivo de burla, que no eran motivo de lástima, que no eran mal vistas, que en realidad eran mujeres exitosas y felices y rodeadas de familia y amigos.

Y entonces traté de imaginar cuántas niñas como yo siguen existiendo en el mundo, en México, en mi ciudad, en mi pueblo. Cuántas niñas se sienten solas, incomprendidas, jodidas, destinadas a ser infelices para no ser abandonadas. Cuántas están creciendo en un hogar religioso en el cual les enseñan que lo que son y lo que sienten es un pecado, que se van a ir al infierno, que se las va a llevar la chingada, que no tienen derecho a ser felices, que no tienen derecho a sentirse plenas. Cuántas están mentalmente resignándose a casarse con el primer pendejo que se les ponga enfrente para quitarse los ojos de encima, para que nadie sospeche, para tener contenta a la familia.

Decidí dar un paso adelante por todas ellas, pero también por mi misma. Me gusta pensar que cada vez que mi novia y yo caminamos de la mano, estoy haciendo algo sumamente importante: ser visible. Definitivamente mi vida hubiese sido más fácil de haber visto a una mujer de la mano de otra mientras crecía.


2 comentarios:

Elizabeth dijo...

Ser visible <3
Besos bonitas.

Saline Regia dijo...

Qué alegría leer esto! Como tú dices, hacernos visibles es una buena forma de apoyar a la comunidad :)