La conocí en diciembre, cuando me fui al pueblo bicicletero. Era una pequeñísima gata de nariz oscura y panza blanca que se regalaba con todos, o mejor dicho, que todos se regalaban con ella.Nos amamos durante las vacaciones, y al terminar, me regresé a Mérida con las ganas truncadas de que ella se viniera conmigo. No la traje principalmente por que mis abuelos no me la quisieron dar, pero también por Poulain, mi otro gato, ¿se acuerdan? Ya dos gatos en una misma casa de proporciones milimétricas sería demasiado, además de que tarde o temprano terminaría llena de gatitos por embarazos no planeados.
Dos días después de regresar a Mérida, Poulain desapareció.. y hasta la fecha. Al principio pensé que iba a regresar como siempre, a los dos días, maullando ruidosamente para que le sirviera comida y luego durmiendo días seguidos en la orilla de mi cama.. pero no. Me sentí sola sin Poulain todo este tiempo, a pesar de que aún no me cae el veinte que lo más seguro es que no regrese más.
Hoy llegó a Mérida mi tribu, y con ellos, Lavinia.
Al contrario de Poulain, es una gatita tranquila. No le costó adaptarse a su nueva casa: llegando se comió un tazón de alimento y se puso a corretear y a meterse en todos los huecos de la casa, donde hace un año se metía Poulain. Tiene caminar elegante y cara de gata fina, con esa punta de la cola y esos ojos tan siameses. Por suerte es siamés cruzado con algo y no se ve así, como los "pura sangre", si no así.. menos alienigena.
Próximamente galería de fotos.
Buenas las tengan..
P.D. Un abrazo apretadito a Mango, para mañana a las 10:59 AM. Te quiero mucho por quererme aunque berree todo el día.



