También me gusta leer lo que piensan de lo que pienso. Comentarios, por favor!
Mostrando las entradas con la etiqueta rememoranzas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta rememoranzas. Mostrar todas las entradas
miércoles, 30 de octubre de 2013
Ser bisexual, ser de pueblo, ser en soledad.
Durante mucho tiempo, pensé que la primera vez que había tenido "vibra lésbica" había sido a los 15 años, cuando me enamoré de mi primera novia.
Hace relativamente pocos años, un recuerdo bloqueado volvió a mi:
Tenía aproximadamente 8 años y me di cuenta que era diferente a mis amigas. No me gustaba alguien en especial, no estaba infantilmente enamorada de alguna niña, pero sabía que era diferente. Mi cerebro era un puñado de arena en el que resaltaban dos o tres cosas que no podía conectar, por más que trataba.
Vivir en un pueblo pequeño no me ayudaba a entender qué era lo que me hacía diferente, mucho menos a darle un nombre. Me sentía sola, me sentía extraña, me sentía vulnerable y me sentía aterrada. De verdad creí que era la única niña en el universo con esa maraña de ideas en la cabeza. El concepto de homosexualidad era algo sumamente confuso e incoherente.
Conocía a algunos hombres gays. Mi vecino de 12 o 13 años era "maricón", o así era como le decían en la primaria. "Rarito" le decía mi mamá, con tantito más respeto. Nadie decía gay, era una palabra que no existía en mi vocabulario, aunque el concepto me diera vueltas dentro. Un mal concepto, por supuesto. Alexis era frecuentemente molestado en el colegio, imitaban su tono de voz agudo, su forma de caminar y cada característica que lo definiera como algo diferente al "niño normal" que sus compañeros esperaran que fuera.
Además de él, conocía a un pariente lejano mío, Mario. El estaba en sus treintas, era abiertamente gay y abiertamente criticado. Mario no iba a las comidas familiares y siempre lo veía solo. Escuché varias veces que llevaba una vida de excesos, además de haberse hecho varias operaciones. Mario tenía amigos, todos como él. Algunos de ellos tenían el cabello teñido de rubio y siempre los veía borrachos. Desequilibrio, descontrol y desmadre que generaban un rechazo tanto dentro de la familia, como fuera de ella.
Yo me ponía a pensar en qué pasaría con Alexis cuando "fuera grande", como Mario. ¿Se iba a convertir en alguien así? Alexis era muy tímido y reservado, me preocupaba que hiciera todas esas cosas malas, que la gente le diera la espalda, como se la daban a Mario.
Incluso entendiendo el concepto de homosexualidad, aunque sea a medias, seguía sin entender qué era lo que pasaba. ¿Todos los hombres a quienes les gustaban otros hombres eran así? ¿Habían mujeres? ¿Yo era la única?
Me dio muchísimo miedo saberme en el mismo costal que Mario y Alexis. Por un lado, no me imaginaba contándole a mis papás que me gustaban las niñas y que me dieran la espalda. O, incluso aunque no me la dieran... ¿qué diría mi familia? ¿y mis tías de la socialité? ¿mis abuelos? ¿me invitarían a las reuniones familiares? Me darían la espalda, todos, o hablarían de mi a mis espaldas, que era peor. Sentirme observada, vulnerable, juzgada. ¿Qué dirían mis amigas? ¿y los papás de mis amigas? Seguro les prohibirían verme o ellas tendrían miedo de mi.
Y cuando fuera grande, ¿qué? ¿Tendría que estar sola siempre, como Mario? ¿Qué tipo de personas serían mis amigas? ¿Habían mujeres como yo? ¿Yo era la única? ¿YO ERA LA ÚNICA? No conocía a nadie, a n-a-d-i-e, jamás me habían hablado de mujeres que se enamoraran de otras mujeres, ni si estaba mal. Pero yo sabía que estaba mal. A veces me golpeaba en la cara la palabra "machorra", pero era todo. Y yo no era machorra. Me gustaba mi vestido azul y tener el pelo largo, no jugaba futbol, no era machorra. ¿Tendría que serlo?
Decidí que no quería ser machorra, ni ser molestada en el colegio, ni que mis papás me dejaran de querer, ni hacerlos sufrir, ni que mi familia me criticara, ni estar sola. Lo decidí, así como se decide no comerse todos los chocolates de la caja en una sola tarde. Esa no era yo, ni quería serlo.
Y no lo fui, o eso me hice creer durante mucho tiempo. De dientes para fuera, claro, porque aunque había bloqueado esa línea de pensamientos, me seguía sabiendo y sintiendo sola.
Crecí rodeada de amigas, hablando de las Spice Girls, de Hanson, de brillos labiales con olor a chocolate y de todos sus novios. Yo nunca tuve uno. Me gustó un güerito cuando tenía 10 años, pero hasta ahí. Sentía casi la obligación de encontrar alguien a quien atribuirle mi pendejo corazón por temporadas, porque si no me inventaba eso, no tenía de qué carajos hablar.
Con el tiempo, le fui perdiendo el miedo y aprendí el significado de la palabra lesbiana. Que, por cierto, me sonaba horrible. Luego, aprendí que no todas las lesbianas eran machorras, así, traileras, cabronsísimo. Cuando tuve como 12 años, apareció frente a mi por primera vez el concepto "bisexual" y sentí que algo encajaba dentro de mi. Me gustaba sentir que tenía opciones, no tener que dejar de ser yo para pertenecer a un concepto. Me gustaba saber que no tenía que ser machorra, pero que estaba bien que no me encantaran las faldas y los tacones. Me gustaba saberme menos confundida.
Sin embargo, a pesar de que resolvía poco a poco la maraña de ideas que tenía, me seguía sintiendo sola. No quería decírselo a mis amigas, no estaba preparada. Más de una vez estuve a punto de decírselo a una de ellas, la única que sigue a mi lado más de 10 años después... la Flaca era alguien a quien yo admiraba mucho y sabía que no me iba a juzgar, pero ni siquiera me pasaba por la cabeza cómo soltar algo así de grande.
Me sentía sola, además, porque de las 30 mil personas que habían en mi pueblo, no había ninguna mujer lesbiana. No tenía un modelo a seguir, alguien a quien mirar hacia arriba, una sola mujer que me hiciera ver que no era la única pinche freak en todo el pueblo. Que había alguien más como yo, allá afuera, que no me iba a pasar nada.
Es difícil de entender cuando creces en una ciudad, lo supe después. En un pueblo, todos son hijos de alguien, sobrinos, ahijados y todos están bajo la lupa de la chingada gente. Mi mamá y todas las mamás de mis amigos eran omnipresentes. Todo el mundo se enteraba de todo lo que hacías y dejabas de hacer. Siempre me pregunté qué iba a pasar si me llegara a gustar alguien, fuera hombre o mujer. Pero, ¿quién me podía gustar? Era la única pinche lesbiana de mi pueblo. O bisexual. No estaba segura.
¿Cómo se supone que yo descubriría quién chingados era? ¿Iba a estar sola el resto de mi vida? ¿Jamás iba a tener novia? Estamos hablando de principios de los dosmiles, viviendo en mitad de la nada, en una ciudad pequeña, léase "pueblo", en el cual todo el mundo sabía quién era. Me sentía asfixiada, observada. Yo no tenía otra realidad con la cuál comparar en la que yo vivía, así que pensé que sería lo mismo en donde sea.
En el 2003 sucedieron muchas cosas.
Primero, aparecieron haciendo un escándalo impresionante dos chavitas vestidas de colegialas besándose bajo la lluvia. Ustedes pueden decir lo que quieran, pero el ver que Lena y Julia se besaran en todos los canales me hizo vibrar y sentir que no estaba sola, que había alguien más allá afuera, no importaba qué tan lejos, que era igual que yo. Todo el mundo hablaba de eso, para bien o para mal. Los comentarios negativos era algo que esperaba, pero los positivos de las personas que menos me imaginé, me hicieron sentir una aceptación indirecta que no había sido consciente de necesitar.
Poco tiempo después, encontré en la televisión la película "The Truth About Jane" una tarde que me quedé sola en casa. Ellen Muth era Jane, una gringuita de pocos años más que yo enamorada de una amiga de la escuela. Durante la película, Jane se sentía sola y diferente, aterrada por sus sentimientos, rechazada por sus padres. Me sentí identificada, por supuesto, me dio muchísimo miedo tener que vivir lo que ella vivía... y al mismo tiempo, sentí que no estaba sola, que había alguien allá afuera, no importaba qué tan lejos, que era igual que yo. Jane tenía amigos que la aceptaban y sus padres, al final del cuento, terminaban haciéndolo también. El proceso había sido difícil, pero me dio esperanzas.
Por último, tuve la oportunidad de leer a lesbianas y bisexuales. Y eso sí que construyó algo muy fuerte dentro de mi. Me sentí acompañada, me sentí protegida. Sentí como si hubiera encontrado cientos de "madres sustitutas" a través de Rompiendo el Silencio, una revista lésbica chilena, a quien le debo más que a todo lo anterior. Por primera vez tuve la oportunidad de meterme en la cabeza de mujeres como yo y saber lo que pensaban, cómo vivían, a qué se dedicaban. Eran hermanas lesbianas, bisexuales, mujeres, latinas, como yo. Eran fuertes, inteligentes, interesantes y me cuidaban, aun sin saberlo, aun sin haberme puesto jamás en contacto con ninguna de ellas.
Me sentí un poco menos sola, a pesar de que "nada había cambiado" en realidad. Me sentí menos sola, más segura. Y si, seguía viviendo en el mismo pueblo de mierda, seguía bajo la lupa, seguía estando dentro del closet y sin visitas en él. Pero algo había cambiado dentro de mi, tenía esperanzas, sabía que no importaba hacia dónde caminara, yo tenía la oportunidad de romper con el estereotipo de homosexualidad jodida bajo el que había crecido.
Entendí, por primera vez, que ser lesbiana o bisexual era algo que me pertenecía, pero no me definía. Que podía ser muchas cosas más además de eso, que no tenía que darle explicaciones a nadie si no se me daba la gana, que tenía una oportunidad de crecer fuerte, de llevar una vida normal, sin ser marginada o rechazada.
Poco tiempo después me enamoré, me fui de vivir del pueblo y todo pasó demasiado rápido después de eso. Tuve la oportunidad de conocer mujeres maravillosas que cuidaron de mi cuando fui muy joven y que siguen siendo amigas mías hasta el día de hoy. Tuve la oportunidad de experimentar quién chingados quería ser. De que me rompieran el corazón y enamorarme otra vez, y otra, y otra.
Y si, mucho tuvo que ver que me salí del pueblo para estudiar, pero hoy puedo regresar ahí sin miedo. Incluso si me hubiera quedado ahí, sé que las cosas hubieran mejorado lento, pero seguro.
Las cosas mejoran y eso es algo que quiero dejar claro para cualquier persona que de pura cagada llegue a éste post con el mismo sentir. No estás solo, no eres la única que está confundida, no eres el único que siente que nació en el cuerpo equivocado, no eres la única que odia tener que usar vestidos. No estás solo, habemos muchos como tú y todo va a estar bien, aunque tu vida parezca una broma de mal gusto en éste momento.
No todos los padres echan de casa, no todos los amigos dan la espalda, no todos los adultos son de mente cerrada, no toda la familia te juzga. Y aun si así fuera el caso, no estás solo, de verdad que habemos muchos.
Habría sido algo que me hubiera gustado saber todo el tiempo que me sentí sola y asustada, que me sentí fuera de lugar, que me sentí sin esperanzas. Espero que ésto llegue a mi yo del pasado o a quien quiera que lo necesite.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Indecente.
Mi papá es un hombre que, a sus 50 años, tiene una mentalidad lo suficientemente abierta para tener una conversación decente acerca de sexualidad. A comparación de lo negada que está mi mamá para hablar del tema, por ejemplo.
Por costumbre, trato de mantener el plan "hipotético", a pesar de tener 24 años y haber dejado bastante clara mi postura en cuanto a la virginidad y la religión en relación a la sexualidad. No termino de pensar que es mi papá y que le debo aunque sea un poquito de respeto a lo que él hubiera esperado de mi.
No es que sea mocho, pero nació hace 50 años y fue criado diferente. Lo tengo claro. Las razones que me impiden tener el valor de dejar atrás las situaciones hipotéticas como referencia en nuestras conversaciones son dos:
1. El no sabe que no soy heterosexual.
2. Una conversación que tuvimos hace muchos, muchos años.
Tenía como 17 y hacía como un año que había tenido sexo por primera vez. Mi mamá iba dormida y mi papá iba manejando, nos quedaban varias horas de camino y apareció el tema de una amiga que se había embarazado. Una cosa llevó a la otra y, de repente, estábamos hablando acerca de la diferencia que existe entre lo que se espera de una mujer y de un hombre sexualmente hablando en la sociedad.
Le decía que era injusto que a los hombres se les incitara y presionara desde la pubertad a iniciar su vida sexual y que de las mujeres, lo único que se esperara, es que cerraran las piernas durante 10 años aproximadamente. Que se debería ser libre de decidir si quieres iniciar tu vida sexual a los 15 o a los 25, sin importar tu género.
El me dio la razón en algunas cosas, pero me dijo que a pesar de que habían pasado más de 20 años desde que el había tenido mi edad, las situaciones eran las mismas, las personas eran las mismas. Y que, al final del cuento, sin importar qué tan cogedores habían sido los hombres, no buscaban a las chavitas con las que se la habían "pasado bien" para casarse.
Los hombres siempre, siempre, siempre se querían casar con la virgen, con la decente, con la que no tenía "mala reputación" y con la niña de familia.
Yo nomás no supe qué decir.
En mi cabeza daban vueltas bastantes argumentos en los que "bueno, pero si de todos modos, yo no me voy a casar con un hombre" era el que sonaba más fuerte. Y luego me puse a pensar en que cabía la posibilidad de que me llegara a gustar un hombre, tanto como para tener una relación. Y si nos enamorábamos y nos queríamos casar... pues una cosa es decir "he cogido antes" y otra, muy diferente, es aventarte el "he cogido antes con mujeres".
Lo veía como una posibilidad remota, pero no paraba de darle vueltas en mi cabeza. En ese momento no tenía una pareja, pero definitivamente no me veía cerrando las piernas de nuevo ni siquiera por un año, mucho menos hasta casarme. Y no cerrar las piernas, equivalía a que, si llegaba a enamorarme de un hombre o una mujer que tuviera una idea parecida a la de mi papá... ¿qué iba a hacer?
¿Mentir? ¿Era mentira o era omisión? No podía con la idea de cagar un buen futuro por que mi reputación asustara a la persona de la que yo me hubiera enamorado. Con la cual me quisiera casar.
Algunos años y camas recorridas después, mi hermana me preguntó con cuántas personas había estado. Mientras contaba (con una mano) recordé esa conversación con mi papá. Y entonces lo tuve claro y sentí cómo un peso que no sabía que tenía encima desde ese momento, desapareció.
La situación hipotética en la que mi futuro matrimonio se viera destrozado por la lista de personas con las que me he acostado es completamente irreal. Imposible. Simplemente no me veo en una relación con una persona que se sienta con la autoridad moral de juzgarme por lo que hice, hago o dejo de hacer con respecto a mi vida sexual, mucho menos casándome con ella. No creo que en algún momento yo pudiera llegar a estar interesada en alguien con ese perfil.
"Papi, pues si el hombre del cual me enamore tiene el descaro de recriminarme con quiénes o con cuántos lo hice antes de hacerlo con él, no es él quien me va a dejar. La que agarre sus chivas y lo mande a la chingada, seré yo. Absolutamente nadie tiene derecho a pedirme cuentas acerca de mi vida sexual"
La respuesta está en mi cabeza y, si algún día vuelvo a tener esa conversación con mi papá, definitivamente sé qué contestaría.
viernes, 30 de agosto de 2013
Lentejas.
El primer recuerdo que tengo de las lentejas, fue en el jardín de niños. Parte de una actividad artística era hacer un dibujo relleno de lentejas.
Metí la mano completa en el bote que llevó la maestra y descubrí, maravillada, que eran pequeñitas como el arroz, pero no picaban, porque eran redonditas como los frijoles. No pude hacer más que abrir y cerrar la mano dentro del bote con todo el cuidado del mundo por no sé cuánto tiempo.
Muchos años después, ese incidente hizo que Amelie, de Jean-Pierre Jeunet capturara mi atención en los primeros minutos y después, se convirtiera en una de mis películas favoritas.
En mi casa nunca hubieron lentejas. Ni crudas, ni cocidas. A mi querida madre no le gustaban, por lo tanto, estaban prohibidas. Las comía, algunas veces, en casa de mi tía. Deliciosas, pero tremendamente difíciles de controlar con ese calducho turbio y los trozos de embutidos.
El primer recuerdo que tengo de mi enamorándome de las lentejas, aparece algún tiempo después. Quizá tenía 10 años, no lo sé. La mamá de una de mis mejores amigas hizo unas lentejas "duras". Eran algo entre puré de papa y frijoles refritos, pero con un sabor dulzón que me conquistó desde la primera cucharada.
Debut y despedida. Honestamente, no recuerdo haberlas probado nunca más, aunque pudo haber sido que si, pero no guardo el recuerdo. Son ese tipo de cosas a las que no les prestas atención cuando tu máxima preocupación es chupar "a fondo" el platito del Duvalín.
Mientras crecía, el recuerdo del "puré de lentejas" se hizo cada vez menos recurrente. Cuando se me venía a la cabeza cada muchos años, la pregunta sin respuesta de la receta no era algo que me generara demasiada curiosidad hasta hace algunas semanas me desperté con el sabor de ese pinche puré de lentejas en el paladar. Cual si estuviera embarazada, el recuerdo del exquisito sabor de las lentejas dulzonas no me dejaba vivir.
Después de preguntarle a toda mi parentela acerca de la receta sin tener una respuesta, decidí que lo único que podía hacer era cocinarme yo misma el ticket hacia aquel sabor tan de mi infancia. Desde cero. Tratar de materializar ese recuerdo casi insípido en un sabor que yo pudiera desfragmentar y luego, volver a crear en la cocina de mi casa.
¿Qué era lo peor que podía pasar? Perder $20 y media hora de mi vida en el intento.
Resultó que me equivoqué. En realidad, gasté $40 en los ingredientes de la receta y no me llevó media hora de mi vida, si no una hora completa de incertidumbre.
Lo que gané, sin embargo, fueron las lentejas más ricas del mundo. Idénticas a las que probé en mi infancia y mejores, porque las hice yo. Fue una de esas pequeñas victorias con uno mismo que te hacen infinitamente feliz.
No quiero parecer Tita, de "Como Agua Para Chocolate", pero les comparto mi receta. MI RECETA. Es la primera vez que puedo decir que cociné pensando, que me tomé la molestia de abstenerme de revolotear por la cocina cocinando con la nariz solamente y racionalizar todo lo que mi nariz me decía que hiciera, así que espero que aprecien muchísimo lo que están a punto de leer.
"Puré de Lentejitas"
Ingredientes:
2 tazas de lentejas.
2 plátanos machos maduros.
2 papas pequeñas.
4 tazas de agua.
1 diente de ajo.
2 cucharadas de mantequilla.
1 cucharada de jugo de limón.
2 cucharadas (aprox) de sal gruesa.
1 pizca de pimienta.
1. En una olla mediana se ponen a hervir el agua, el diente de ajo, la sal y la pimienta. Se deja hervir durante algunos minutos.
2. Se agregan las dos tazas de lentejas, los plátanos y las papas previamente pelados y cortados en trozos grandes y se dejan hervir durante aproximadamente 10 minutos a fuego medio, o hasta que las lentejas y las papas estén cocidas.
3. De acuerdo a la cantidad de caldo que se tenga, se deja consumir entre 5 y 10 minutos a fuego alto, cuidando que las lentejas no se peguen. Cuando el caldo se haya consumido lo suficiente, se quita la olla del fuego.
4. En una sartén grande a fuego lento se van agregando las lentejas, el plátano y las papas tratando de escurrirlas lo más que se pueda. Una vez que todo el contenido de la olla se encuentra en la sartén, se le sube la llama a fuego medio y se utiliza un machacador para hacer puré e integrar todo lo más homogéneamente que se pueda.
5. Se va moviendo regularmente el puré, buscando consumir el resto de líquido que queda. Una vez que está lo suficientemente sólido, se le agrega el jugo del limón. Luego se acomoda el puré en la mitad de la sartén y se pone a derretir una cucharada de mantequilla en la otra mitad. Se va incorporando poco a poco el puré y se repite lo mismo en la otra mitad del sartén con la otra cucharada de mantequilla.
6. Se mueve el puré de forma envolvente hasta que se consigue una consistencia parecida a la de los frijoles refritos.
P.D. Si alguna hace mis lentejitas, por favor, háganmelo saber. Me haría sentir muy orgullosa.
sábado, 24 de noviembre de 2012
"El cumpleaños de mi novia"
La primera vez que te dejé fue porque me hiciste sentir que era tu novia, cuando yo tenía bien claro que era la otra.
Inconcebible, ¿no? Usualmente la reacción sería por estar en una situación inversa. En la que el lugar en el que estás descienda en lugar de ascender. ¡Qué falta de respeto hacer sentir a alguien como la otra!
Sin embargo para mi tuvo todo el sentido. Incluso antes de que lograra aterrizar bien las razones que me habían provocado el querer salir corriendo en sentido contrario, sabía que no era una de las pendejadas que hacía por puro berrinche. Aún así, traté de frenar mi impulsividad y buscarle tantito de sentido.
Era mi cumpleaños.
Había quedado con mis amigos en un bar muy cuco, pero hasta la madre de gente. La mesa que reservé, para 25, se convirtió en una de 15 porque, como siempre, llegué tarde. Estábamos apretados, apretados y era interesante encontrarme con los extremos que habían entre las personas sentadas alrededor de mi. Usualmente mis amistades habían sido bastante homogéneas y éste era el primer año que no lo sentía así.
Mi ánimo no era el mejor. Nada en especial, simplemente la suma de las cosas; entre ellas, la relación en plan complicado "NoAndamosPeroNosAmamosPeroSoyLaOtraYAdemásViveLejos" y el hecho de que algunos amigos muy cercanos a mi, o bien no estaban en la ciudad, o bien se habían ido a vivir bien pinche lejos recientemente. Sin menospreciar a los que si estuvieron, pero pues si me dolía la "perdida". Además de la clásica crisis de "¿estoy igual de jodida que el año pasado, o peor?" que me visitaba como era costumbre y me recordaba que éste año si estaba jodida y era mi decisión.
No había externado qué era lo que me tenía chipi, hasta ese día por la tarde, mientras escogía qué chingados iba a ponerme. Estaba hablando por Skype con ella y después de mucho preguntarme, le aventé las razones como era mi costumbre cuando se trataba de Superman: haciendo un berrinche como si fuera una mocosa que se había tirado encima el vaso de leche.
- Y además, tú tampoco vas a estar.
Trató de animarme, por supuesto, de lavarme la cabeza. Yo seguía enojada por la situación y más enojada, por que me afectara tanto. Me conocía demasiado como para seguir intentando hacerme entender razones cuando yo estaba decidida a no querer entenderlas, así que lo dejó por la paz. Y me hizo ruido y me hizo plática y se me terminó olvidando.
Para las diez de la noche, las ausencias ya me comenzaban a pesar de nuevo. Ver "los lugares vacíos" imaginarios a mi alrededor me estaba causando estragos y no dejaba de filtrarse en mi cabeza, aunque no quisiera, el jodido pensamiento de que aparecería Superman frente a todos mis amigos, con la chamarra de cuero, una docena de rosas (las cuales odio, pero ¿qué es una cursilada sin las rosas?) y miles de besos que darme. Irreal y pendejo, pero quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
En lugar de ella, entró Silvia.
Alta, alta, alta, morena y de ojos verdes. Vestidito y tacones, por supuesto. Yo no la noté hasta que se le fueron los ojos a un amigo sentado frente a mi y puso cara de albañil piropero. Cuando me di la vuelta, nomás atiné a quedarme callada. Tardé segundos/siglos en emitir sonido y ella me veía entre nerviosa y expectante. ¿Se supone que yo tenía que decir algo?
- Hola.
- Hola.
Ella estaba más incómoda que yo y el que estuviera agarrando una caja con un moño y una rosa, me confirmó que no había sido coincidencia que nos encontráramos. Se rió de mi cara, supongo, cuando me fue cayendo el veinte de lo que estaba haciendo ahí. Qué cara de imbécil debí haber puesto.
- Feliz cumpleaños, Superman te manda ésto, es tu regalo.
Sin una pizca de gracia, me dejó caer encima la caja y la rosa. Vi de reojo como toda la mesa me miraba. Sentí las orejas calientes y las manos sudadas. Empecé a balbucear un "gracias" muerta de vergüenza y antes de que terminara de decirlo, Silvia se despidió de mi y se fue. Era consciente de que la sonrisa burlona que llevaba en la cara estaba relacionada directamente con mi cara de imbécil, misma que toda la mesa estaba viendo cuando me giré de nuevo hacia ellos.
Le quise restar importancia. Me puse las cosas en las piernas, tratando a toda costa de ocultar la rosa. ¡Una rosa, chingada madre! A pesar de que al menos la mitad de la mesa no sabía que hacía casi un año tenía algo parecido a una relación, nadie preguntó nada. No era muy fácil explicarle al mundo la naturaleza "NoAndamosPeroNosAmamosPeroSoyLaOtraYAdemásViveLejos" de lo que yo tenía con Superman.
Calladita y sin dar explicaciones, abrí la caja.
Me encontré con un montoncito de Post-its pegados a la tapa y los empecé a leer en voz baja, hasta que terminé con lagrimones escurriéndome por toda la cara.
Había un Post-it por cada amigo que no estaba conmigo, lleno de letritas deseándome feliz cumpleaños y diciéndome cosas bonitas, todos queriendo haber podido estar. Uno por cada uno. Y al final, uno de Superman, que hizo que me tapara la boca como adolescente apenada.
Metí de nuevo todo a la caja, me sequé las lágrimas con una sonrisota atravesándome la cara y le di un trago largo al cocktail coquetón que había frente a mi. Tan cursi como suena, el corazón se me estaba saliendo del pecho. Eso y las preguntas no hechas por quienes miraban curiosos la caja entre mis manos, me estaban matando.
No habían pasado ni veinte minutos, cuando mi nombre apareció en todas las pantallas del bar.
"Feliz Cumpleaños, Goma Rosa. Te amo"
Sus iniciales al final del mensaje fueron lo único discreto y sutil. Si antes había tratado de restarle importancia, con ésto, se me hacía imposible. La mesa completa leía el mensaje en las pantallas y me miraba sonriente. Grititos de emoción de mis amigas romanticonas, sonrisas burlonas, pendejadas...
Nunca me pongo roja, fisiológicamente me es imposible. Pero hubiera jurado que tenía la cara que me iba a explotar. Tuve que agarrar una servilleta para secarme las manos y sentía que estaba soltando vapor. No podía ocultar la sonrisa gigante en mi cara y al mismo tiempo, no podía sonreír tranquila. ¿Por qué sentía como si se me estuviera olvidando algo?
Se me metió dentro la urgencia de colgarme del cuello de alguien y entonces sentí aparecer claramente la idea fija de que, si me quedaba duda de que los Post-its y la rosa no tenían intención más que hacerme sonreír, la exposición de mi nombre en las pantallas era un mensaje enviado no a mi, si no a todos quienes estaban sentados conmigo.
"Mía"
Eso era lo único que pude leer en las pantallas hasta que la imagen cambió. Y me gustaba leer "mía", pero al mismo tiempo la sensación de que algo se me estuviera olvidando me estaba volviendo pinche loca. Ni quería ni podía ponerme a reflexionar qué era lo que me molestaba frente a todos mis amigos. Malos presentimientos. Lo dejé pasar, por mi bien.
Salí del bar y caminé hasta que el ruido me dejó escuchar.
Y le marqué.
Me contestó diciendo mi nombre y mi apellido. Hasta la fecha, es la única persona que puede decirme mi nombre y mi apellido sin que sienta que me están pasando lista. Me preguntó cómo iba mi cumpleaños y le conté lo que ella ya sabía como si no lo supiera, con voz de Mimmie Mouse. Cuando paré de hablar, lo único que escuché entre sus palabras, fue ese tonito de suficiencia, de novia orgullosa. En mi cabeza me veía claramente parándome de puntitas para ver la sonrisota que sabía que tenía, más de cerca.
- Avísame llegando a la casa, te voy a estar esperando.
Siempre lo decía como si al llegar a mi casa, ella fuera estar ahí. Siempre me mandaba mensajes en plan "¿Sigues despierta? Ya voy para la casa" y siempre se me apretaba el estómago pensando en las mil posibilidades de que eso en verdad sucediera un día, aunque no fuera esa noche.
Al llegar a mi casa, seguía despierta. Hizo que le contara todo de nuevo frente a la cámara y la sonrisa que me imaginé que tenía al teléfono, la tenía multiplicada por mil frente a mi. Como novia orgullosa, no se me ocurre otra comparación. Me explicó cómo había logrado en horas poder localizar a mis amigos y cómo había conseguido poner mi nombre en las pantallas. El tonito de suficiencia volvió a aparecer.
Cuando no quedaron más que bostezos, nos despedimos.
Y sólo entonces, me permití obligarme a recordar lo que sentía que se me estaba olvidando. Lo que me molestaba, lo que me angustiaba. ¿Qué carajos era? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué?
Que yo no era su novia. Y no sólo que no lo era, si no que tampoco iba a serlo.
Que siempre había guardado respeto por los límites, que si bien era consciente de que yo era de ella, completamente, sólo lo sabíamos ella y yo. Que no tenía planes de estar conmigo, chingada madre, que ni siquiera todo el circo de "mi novia cumple años" que había presenciado horas atrás me había hecho dudar de la imposibilidad de tener otro tipo de relación. Que la que siempre me avisaba en dónde estaba era ella. Que ella me daba explicaciones no pedidas y lugares no merecidos, pero que seguía sin significar que las cosas fueran a cambiar. Que yo siempre había mantenido la boca cerrada, porque me daba vergüenza decir que era la otra. Que había preferido no dar detalles de mi estado civil a nadie para no crearme expectativas y que ahora venía ella a anunciarle a todo el mundo que yo tenía dueña.
Y me sentí como la amante en turno, a la que le compran cosas para mantenerla contenta. A pesar de que en ese momento Superman no tenía novia, sabía que lo que había hecho no significaba que yo fuera a serlo. Y sentí que me estaba engañando, entonces. Y eso me hizo sentir peor.
"No está con nadie, no quiere estar conmigo... pero le dejó claro al mundo que NADIE puede estar conmigo"
Me sentí casa chica, me sentí promesa de divorcio, me sentí putona y todos los demás clichés que había aceptado sin chistar durante todo el tiempo en el que ella, de hecho, tenía una relación y yo si era la otra.
No había nada que la detuviera. Ahí estaba yo, loca por ella, con mi rosa y mis promesas de amor. Con su sonrisa torcida de suficiencia. Con todos mis amigos enterados de que estaba completamente enamorada de alguien. Y ahí estaba ella, gritándole al mundo que me amaba, sin una sola razón para no estar conmigo, pero seguía sin estarlo.
Entonces, sólo entonces, después de un año de mierda hasta el cuello y mil razones para haberte mandado al carajo antes, supe que estaba lista para irme. Y empecé a empacar mi amor en maletas, sin que te dieras cuenta.
Cuando veinte días después tu jurabas que mi partida era un berrinche infundamentado y te vi llorar desconsoladamente, odiándome por irme y odiándome más por no estar llorando como tu, yo ya te llevaba los mismos veinte días de ventaja.
Ya había dicho en voz bajita miles de veces las palabras que te iba a decir para desarmarte, para que no tuvieras argumentos coherentes, para acostumbrarme a ellas, para que no se me escurriera una sola lágrima a pesar de que las tuyas fueran así, como me imaginé que iban a ser.
Así fueron las cosas, perdón por no contártelo nunca y perdón por contártelo así, pero ésto no lo escribí para ti, si no para mi.
Inconcebible, ¿no? Usualmente la reacción sería por estar en una situación inversa. En la que el lugar en el que estás descienda en lugar de ascender. ¡Qué falta de respeto hacer sentir a alguien como la otra!
Sin embargo para mi tuvo todo el sentido. Incluso antes de que lograra aterrizar bien las razones que me habían provocado el querer salir corriendo en sentido contrario, sabía que no era una de las pendejadas que hacía por puro berrinche. Aún así, traté de frenar mi impulsividad y buscarle tantito de sentido.
Era mi cumpleaños.
Había quedado con mis amigos en un bar muy cuco, pero hasta la madre de gente. La mesa que reservé, para 25, se convirtió en una de 15 porque, como siempre, llegué tarde. Estábamos apretados, apretados y era interesante encontrarme con los extremos que habían entre las personas sentadas alrededor de mi. Usualmente mis amistades habían sido bastante homogéneas y éste era el primer año que no lo sentía así.
Mi ánimo no era el mejor. Nada en especial, simplemente la suma de las cosas; entre ellas, la relación en plan complicado "NoAndamosPeroNosAmamosPeroSoyLaOtraYAdemásViveLejos" y el hecho de que algunos amigos muy cercanos a mi, o bien no estaban en la ciudad, o bien se habían ido a vivir bien pinche lejos recientemente. Sin menospreciar a los que si estuvieron, pero pues si me dolía la "perdida". Además de la clásica crisis de "¿estoy igual de jodida que el año pasado, o peor?" que me visitaba como era costumbre y me recordaba que éste año si estaba jodida y era mi decisión.
No había externado qué era lo que me tenía chipi, hasta ese día por la tarde, mientras escogía qué chingados iba a ponerme. Estaba hablando por Skype con ella y después de mucho preguntarme, le aventé las razones como era mi costumbre cuando se trataba de Superman: haciendo un berrinche como si fuera una mocosa que se había tirado encima el vaso de leche.
- Y además, tú tampoco vas a estar.
Trató de animarme, por supuesto, de lavarme la cabeza. Yo seguía enojada por la situación y más enojada, por que me afectara tanto. Me conocía demasiado como para seguir intentando hacerme entender razones cuando yo estaba decidida a no querer entenderlas, así que lo dejó por la paz. Y me hizo ruido y me hizo plática y se me terminó olvidando.
Para las diez de la noche, las ausencias ya me comenzaban a pesar de nuevo. Ver "los lugares vacíos" imaginarios a mi alrededor me estaba causando estragos y no dejaba de filtrarse en mi cabeza, aunque no quisiera, el jodido pensamiento de que aparecería Superman frente a todos mis amigos, con la chamarra de cuero, una docena de rosas (las cuales odio, pero ¿qué es una cursilada sin las rosas?) y miles de besos que darme. Irreal y pendejo, pero quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
En lugar de ella, entró Silvia.
Alta, alta, alta, morena y de ojos verdes. Vestidito y tacones, por supuesto. Yo no la noté hasta que se le fueron los ojos a un amigo sentado frente a mi y puso cara de albañil piropero. Cuando me di la vuelta, nomás atiné a quedarme callada. Tardé segundos/siglos en emitir sonido y ella me veía entre nerviosa y expectante. ¿Se supone que yo tenía que decir algo?
- Hola.
- Hola.
Ella estaba más incómoda que yo y el que estuviera agarrando una caja con un moño y una rosa, me confirmó que no había sido coincidencia que nos encontráramos. Se rió de mi cara, supongo, cuando me fue cayendo el veinte de lo que estaba haciendo ahí. Qué cara de imbécil debí haber puesto.
- Feliz cumpleaños, Superman te manda ésto, es tu regalo.
Sin una pizca de gracia, me dejó caer encima la caja y la rosa. Vi de reojo como toda la mesa me miraba. Sentí las orejas calientes y las manos sudadas. Empecé a balbucear un "gracias" muerta de vergüenza y antes de que terminara de decirlo, Silvia se despidió de mi y se fue. Era consciente de que la sonrisa burlona que llevaba en la cara estaba relacionada directamente con mi cara de imbécil, misma que toda la mesa estaba viendo cuando me giré de nuevo hacia ellos.
Le quise restar importancia. Me puse las cosas en las piernas, tratando a toda costa de ocultar la rosa. ¡Una rosa, chingada madre! A pesar de que al menos la mitad de la mesa no sabía que hacía casi un año tenía algo parecido a una relación, nadie preguntó nada. No era muy fácil explicarle al mundo la naturaleza "NoAndamosPeroNosAmamosPeroSoyLaOtraYAdemásViveLejos" de lo que yo tenía con Superman.
Calladita y sin dar explicaciones, abrí la caja.
Me encontré con un montoncito de Post-its pegados a la tapa y los empecé a leer en voz baja, hasta que terminé con lagrimones escurriéndome por toda la cara.
Había un Post-it por cada amigo que no estaba conmigo, lleno de letritas deseándome feliz cumpleaños y diciéndome cosas bonitas, todos queriendo haber podido estar. Uno por cada uno. Y al final, uno de Superman, que hizo que me tapara la boca como adolescente apenada.
Metí de nuevo todo a la caja, me sequé las lágrimas con una sonrisota atravesándome la cara y le di un trago largo al cocktail coquetón que había frente a mi. Tan cursi como suena, el corazón se me estaba saliendo del pecho. Eso y las preguntas no hechas por quienes miraban curiosos la caja entre mis manos, me estaban matando.
No habían pasado ni veinte minutos, cuando mi nombre apareció en todas las pantallas del bar.
"Feliz Cumpleaños, Goma Rosa. Te amo"
Sus iniciales al final del mensaje fueron lo único discreto y sutil. Si antes había tratado de restarle importancia, con ésto, se me hacía imposible. La mesa completa leía el mensaje en las pantallas y me miraba sonriente. Grititos de emoción de mis amigas romanticonas, sonrisas burlonas, pendejadas...
Nunca me pongo roja, fisiológicamente me es imposible. Pero hubiera jurado que tenía la cara que me iba a explotar. Tuve que agarrar una servilleta para secarme las manos y sentía que estaba soltando vapor. No podía ocultar la sonrisa gigante en mi cara y al mismo tiempo, no podía sonreír tranquila. ¿Por qué sentía como si se me estuviera olvidando algo?
Se me metió dentro la urgencia de colgarme del cuello de alguien y entonces sentí aparecer claramente la idea fija de que, si me quedaba duda de que los Post-its y la rosa no tenían intención más que hacerme sonreír, la exposición de mi nombre en las pantallas era un mensaje enviado no a mi, si no a todos quienes estaban sentados conmigo.
"Mía"
Eso era lo único que pude leer en las pantallas hasta que la imagen cambió. Y me gustaba leer "mía", pero al mismo tiempo la sensación de que algo se me estuviera olvidando me estaba volviendo pinche loca. Ni quería ni podía ponerme a reflexionar qué era lo que me molestaba frente a todos mis amigos. Malos presentimientos. Lo dejé pasar, por mi bien.
Salí del bar y caminé hasta que el ruido me dejó escuchar.
Y le marqué.
Me contestó diciendo mi nombre y mi apellido. Hasta la fecha, es la única persona que puede decirme mi nombre y mi apellido sin que sienta que me están pasando lista. Me preguntó cómo iba mi cumpleaños y le conté lo que ella ya sabía como si no lo supiera, con voz de Mimmie Mouse. Cuando paré de hablar, lo único que escuché entre sus palabras, fue ese tonito de suficiencia, de novia orgullosa. En mi cabeza me veía claramente parándome de puntitas para ver la sonrisota que sabía que tenía, más de cerca.
- Avísame llegando a la casa, te voy a estar esperando.
Siempre lo decía como si al llegar a mi casa, ella fuera estar ahí. Siempre me mandaba mensajes en plan "¿Sigues despierta? Ya voy para la casa" y siempre se me apretaba el estómago pensando en las mil posibilidades de que eso en verdad sucediera un día, aunque no fuera esa noche.
Al llegar a mi casa, seguía despierta. Hizo que le contara todo de nuevo frente a la cámara y la sonrisa que me imaginé que tenía al teléfono, la tenía multiplicada por mil frente a mi. Como novia orgullosa, no se me ocurre otra comparación. Me explicó cómo había logrado en horas poder localizar a mis amigos y cómo había conseguido poner mi nombre en las pantallas. El tonito de suficiencia volvió a aparecer.
Cuando no quedaron más que bostezos, nos despedimos.
Y sólo entonces, me permití obligarme a recordar lo que sentía que se me estaba olvidando. Lo que me molestaba, lo que me angustiaba. ¿Qué carajos era? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué?
Que yo no era su novia. Y no sólo que no lo era, si no que tampoco iba a serlo.
Que siempre había guardado respeto por los límites, que si bien era consciente de que yo era de ella, completamente, sólo lo sabíamos ella y yo. Que no tenía planes de estar conmigo, chingada madre, que ni siquiera todo el circo de "mi novia cumple años" que había presenciado horas atrás me había hecho dudar de la imposibilidad de tener otro tipo de relación. Que la que siempre me avisaba en dónde estaba era ella. Que ella me daba explicaciones no pedidas y lugares no merecidos, pero que seguía sin significar que las cosas fueran a cambiar. Que yo siempre había mantenido la boca cerrada, porque me daba vergüenza decir que era la otra. Que había preferido no dar detalles de mi estado civil a nadie para no crearme expectativas y que ahora venía ella a anunciarle a todo el mundo que yo tenía dueña.
Y me sentí como la amante en turno, a la que le compran cosas para mantenerla contenta. A pesar de que en ese momento Superman no tenía novia, sabía que lo que había hecho no significaba que yo fuera a serlo. Y sentí que me estaba engañando, entonces. Y eso me hizo sentir peor.
"No está con nadie, no quiere estar conmigo... pero le dejó claro al mundo que NADIE puede estar conmigo"
Me sentí casa chica, me sentí promesa de divorcio, me sentí putona y todos los demás clichés que había aceptado sin chistar durante todo el tiempo en el que ella, de hecho, tenía una relación y yo si era la otra.
No había nada que la detuviera. Ahí estaba yo, loca por ella, con mi rosa y mis promesas de amor. Con su sonrisa torcida de suficiencia. Con todos mis amigos enterados de que estaba completamente enamorada de alguien. Y ahí estaba ella, gritándole al mundo que me amaba, sin una sola razón para no estar conmigo, pero seguía sin estarlo.
Entonces, sólo entonces, después de un año de mierda hasta el cuello y mil razones para haberte mandado al carajo antes, supe que estaba lista para irme. Y empecé a empacar mi amor en maletas, sin que te dieras cuenta.
Cuando veinte días después tu jurabas que mi partida era un berrinche infundamentado y te vi llorar desconsoladamente, odiándome por irme y odiándome más por no estar llorando como tu, yo ya te llevaba los mismos veinte días de ventaja.
Ya había dicho en voz bajita miles de veces las palabras que te iba a decir para desarmarte, para que no tuvieras argumentos coherentes, para acostumbrarme a ellas, para que no se me escurriera una sola lágrima a pesar de que las tuyas fueran así, como me imaginé que iban a ser.
Así fueron las cosas, perdón por no contártelo nunca y perdón por contártelo así, pero ésto no lo escribí para ti, si no para mi.
Ubikando
feeling blue,
lettera,
rememoranzas,
superman
lunes, 1 de octubre de 2012
El amor de mi vida, ocho años después.
Parece que fue ayer, pero han pasado ocho años.
Estaba profundamente enamorada de alguien que yo pensaba, era el amor de mi vida. Pero a los quince años, ¿acaso no era el amor de mi vida? Nube fue la primera persona en el mundo de la que yo me enamoré, la primera en hacerme sentir que flotaba entre nubes rositas.
Era la segunda vez que nos veíamos desde aquel histórico 8 de Abril, en el cual empezó nuestra historia.
Estaba nerviosa. Muy nerviosa. Los recuerdos se me han ido borrando, sólo tengo en mente haber quedado con ella y con la amiga que teníamos en común en ir al cine. Otras amigas irían, recuerdo que fueron, pero no recuerdo quiénes eran. O cuántas. O cómo llegamos ahí.
Creo que el nombre "Nube" viene de ese recuerdo primigenio: iba vestida con una blusa del azul que tiene el cielo cuando llueve de día y por alguna razón, el perfume que utilizaba en ese momento me ha recordado siempre al olor a lluvia.
Nos saludamos discretamente frente a las demás: nadie sabía. Parecíamos apacibles por fuera, pero por dentro teníamos el corazón como una locomotora. Entramos al cine y nos sentamos juntas, con todas esas amigas desconocidas a nuestro lado. Pero cuando se apagó la luz, todas desaparecieron.
Teníamos las manos apoyadas en el mismo descanso y estábamos sentadas tan juntas como podíamos, sin dejar de pasar desapercibidas. De vez en cuando, le rozaba la mano con la mía y nos reíamos en la obscuridad.
En la pantalla, un montón de hombres mitológicos y absurdamente sensuales luchaban con flechas y espadas, pero yo no tenía ojos más que para verla. A ella. Y cómo el pelo le caía sobre la cara. Y cómo se mordía el labio de nervios. Y cómo se golpeaba la pierna con los dedos de tantos, tantísimos nervios.
No recuerdo ni por qué, pero empecé a decirle algo tremendamente cursi en voz baja. Ella no me escuchaba y me hizo señas de que se lo dijera al oído. Me acerqué con la mano haciendo un cuenco frente a mi boca y en un arrebato de algo que nunca había sentido, en lugar de darle palabras, le di un beso chiquito junto a la oreja.
Se sacudió completita al lado de mi, pude sentirlo. Y volví a mi lugar como si nada hubiera pasado.
Era amor del bueno, de ese que huele rico y que te eriza la piel.
Dos horas completas de película no nos fueron suficientes para comernos a besos con los ojos, pero bastaron para dejarnos flotando con cara de idiotas.
A veces me pregunto si alguna vez en mi vida el amor va a fluirme por el cuerpo de la forma en que lo hacía hace ocho años.
viernes, 24 de agosto de 2012
Cosmos
En medio de mil ocho mil cambios en mi vida, frustración, emputamiento, decepciones, instintos homicidas y quién sabe cuántas cosas más, mezcladas con mi hormona y desvelo, me encontraba yo. La nostalgia se apoderaba de mis tardes ahí de vez en cuando, de vez en diario, de vez en cada media hora.
Extrañaba aquellos años en los que no me importaba absolutamente nada más que no salirme de la rayita cuando coloreaba con mis crayones. O aquellos en los que el fin del mundo era pelearme a gritos con mis papás y sacar algo que no fuera 10 en la escuela. O esos, más recientes, en los que tenía un chingo de tiempo para que me llegara el día en el que tenía que pensar en qué hacer con mi vida.
Maquilando en mi cabeza cualquier historia de ficción que pudiera traer a la realidad y que me diera la oportunidad de volver por un ratito a ser lo que fui, para encontrarme de nuevo. O sólo verme, como en una película, mis gestos, mis palabras. Encontrarme en mi pasado y saber qué es lo que le hace falta a mi presente. Darle nombre y apellido a lo que extraño y hacer aunque sea una copia mal hecha en mi vida diaria para no extrañarlo tanto.
Me quedé dormida como a las 2 de la mañana.
Tuve un sueño horrible. Tan horrible, que no recuerdo los detalles. Vagamente veo a alguien tratando de matarme y a mi, quedándome sin respirar. Tan real, que me desperté y llené a tope mis pulmones, asegurándome que estaba a salvo.
Y me volví a dormir.
Y me vi. Pequeñita. Tenía alrededor de ocho años. Mi pelo recogido en una cola, con un moño de listones. Mis calcetas mal dobladas y mi cara, tan de niña, tan de no saber lo que se le veía encima. Me vi sonreír en paz, me vi caminar, vi mis gestos, mis muecas, mis ojotes pestañeando. Me vi frotándome los ojos con las manos y haciendo ese gesto con la ceja que sigo haciendo hasta la fecha.
Me senté frente a mi "yo pequeña", sin que pudiera verme, y la escuché reír sonoramente mientras movía las manitas. El alma se me llenó de paz y me dieron ganas de quedarme ahí para siempre, pero sabía que era un sueño. Sentía el tiempo agotándose y la desesperación me llevó a las lágrimas.
Comencé a pedir, a rogar, no sé a quién, que me dejara quedarme un poco más. Que aun no me hiciera despertar. Que me dejara ser turista de mis recuerdos antes de regresar al punto sin retorno.
En la misma escuela, me encontré conmigo una vez más, pero algunos años más tarde. Segundo o tercero de secundaria. Ahí estaba yo, tan insegura, tan incómoda conmigo misma, sintiendo que no encajaba. No extrañé sentirme tan ajena. Pero extrañé lo simple que eran las cosas. Tirada en algún pasillo me reía a carcajadas con mis mejores amigas, con brillo transparente en los labios y las uñas pintadas de verde clarito.
La adrenalina de estar a punto de "despegar" se me notaba, creyéndome grande, sabiendo que estaba a nada de ser libre, de hacer lo que yo quisiera. Disfrutando locamente mis últimas veces, extrañando con antelación a quienes tendría que dejar atrás para poder volar.
Y luego parecí, hace cuatro años, recorriendo la universidad por primera vez, desayunando con mis nuevos amigos. Conociendo personas y haciendo "clicks" mentales con fotografías a guardar: el inicio de "cuando seas grande". Ahí no me veía como una tercera persona. Estaba muy callada, observando a todos, sus palabras, sus sonrisas, la forma en la que me veían. Intervenía de vez en cuando y comencé a disfrutar ese sentimiento de libertad, una vez más, sin embargo, sabiendo que tenía 4 largos años para llegar a mi "hoy".
Volví a sentir, de repente, que era hora de irse y no quise hacerlo sin despedirme, pero sabía que decirlo a una mesa de personas que recién conocía no era lo más inteligente. ¿Quién le cree a una loca del futuro? Antes de "desaparecer" me acerque a uno de mis amigos:
- Ya me voy, probablemente no lo entiendas, porque voy a seguir con ustedes, pero yo ya viví ésto. Sólo estoy recordando. Los voy a extrañar muchísimo, por favor, sean muy felices, los años se terminan en un segundo.
Para mi sorpresa él me dio un beso antes de decirme "promesa de amigos, nunca lo olvides".
Y desaparecí.
Entre abrí los ojos, pestañeando, mientras me volvía la conciencia. Estaba muerta de frío, pero sentía el peso de sábanas y cobertores sobre mi cuerpo. Cuando logré enfocar, vi unas sábanas de rayas que no eran las mías y luego a ella, dormida frente a mi.
Tal cual la vi tantas veces, las únicas en las que la paz le iluminaba la cara. Recostada sobre su brazo, el pelo cayéndole sobre la cara, la armonía de sus cejas, sus labios entre abiertos, su barbilla.
Me apoyé sobre mi codo para verla más de cerca. No entendía qué estaba haciendo despertando en esa cama, no entendía, ya, si estaba despierta o dormida. Si era un sueño, si no lo era. Algunas cosas podían ubicarme algunos años atrás, si, pero ésta situación en particular, la de despertarme con ella, era algo que no podía recordar: jamás había sucedido. No entendía nada...
Le pasé la mano por el pelo y se despertó, lentamente, entre pestañeos y balbuceos. Lo primero que hizo fue sonreírme como si mi ubicación en tiempo y espacio fuera la cosa más normal. Con voz de recién despertada me arrastró los buenos días, diciendo mi nombre como sólo ella lo hace y se estiró, cerrando los ojos.
Cuando los abrió y me preparaba para dispararle todas las preguntas que traía en la cabeza en el tono y volumen de voz que me caracteriza, se puso el dedo en los labios, en gesto de "silencio" y con cuidado, levantó los cobertores bajo las que estábamos, justo frente a ambas.
Debajo de ellas, había una bolita de pelos blanca. Orejitas, colita, una naricita negra y respiración pausada.
Dejó caer los cobertores con cuidado y me habló despacito "sigue dormida".
Nos quedamos quietas, acostadas una frente a la otra, sin decir nada. Las palabras no eran necesarias, aunque el cómo, dónde y por qué se azotaban en mi cabeza. Mis ojos se empezaron a tardar al volver del pestañeo y unas profundas ganas de cerrarlos estaban luchando contra mi voluntad.
Acercó mi mano hacia ella y me dió un beso en la palma, antes de pasarme los cobertores sobre los hombros.
- Ya duérmete.
Cuando abrí los ojos de nuevo, vi la luz del sol entrando por mi ventana. Entonces supe, por fin, que estaba despierta. Que había sido un sueño.
El mejor sueño de mi vida, creo, el más acertado, el que más necesitaba.
Recordarme así, verme, sentirme tan cerca y no como líneas de un libro que se me olvidó de qué trataba. Fue equivalente a salir a la superficie, a sentir el aire en mi piel, a quitarte los zapatos después de un día largo.
Me estiré y sentí los músculos de mi espalda poniéndose tensos y luego cayendo, rendidos. Me senté en la orilla de la cama, aún con los recuerdos echos un remolino mientras recobraba la conciencia y toqué con las puntas de mis pies el suelo. Suspiré y me dejé caer al hoy, aún con el ayer caótico convirtiéndose en cosmos.
El resto del día, me la pasé entendiendo lo que hice durante toda la noche.
Ubikando
felicidad contagiosa,
growing up,
rememoranzas
domingo, 27 de noviembre de 2011
¿De cuáles?
Hace poquito más de un año, andaba yo muerta de frío en un bar de Zona Rosa, con una buena amiga y la que en ese entonces, fungía como dueña inigualable de mi corazón.
¿Era una mezcalería? Honestamente, no lo recuerdo. Sólo existe en mi cabeza el hecho de tener frío, tomar traguitos coquetos y un montón de gays loqueando a escasos metros de mi en algo parecido a una fiesta privada. Éramos las únicas tres personas ajenas al desmadre de amistades cercanas dándole al karaoke con canciones cliché de amor y desamor.
Uno de ellos, metido en una camiseta azul turquesa, se nos acercó a preguntarnos cómo estábamos. Novio del dueño, supongo yo, por el nivel de cortesía en su voz. Nos hizo plática educada y momentitos antes de irse, nos aventó la pregunta del millón:
-Y ustedes dos, ¿son de las que se aman o de la que se hacen pendejas?
Dadas las circunstancias de estira y afloje sumado con el contacto físico nulo, me reí nerviosamente. En primera, por que el sujeto se mostró bastante perceptivo o nosotras bastante obvias. En segunda, porque de mi boca casi sale "Ella es de la que se hace pendeja, yo la amo".
De esas veces que te arrepientes de haberte censurado.
¿Era una mezcalería? Honestamente, no lo recuerdo. Sólo existe en mi cabeza el hecho de tener frío, tomar traguitos coquetos y un montón de gays loqueando a escasos metros de mi en algo parecido a una fiesta privada. Éramos las únicas tres personas ajenas al desmadre de amistades cercanas dándole al karaoke con canciones cliché de amor y desamor.
Uno de ellos, metido en una camiseta azul turquesa, se nos acercó a preguntarnos cómo estábamos. Novio del dueño, supongo yo, por el nivel de cortesía en su voz. Nos hizo plática educada y momentitos antes de irse, nos aventó la pregunta del millón:
-Y ustedes dos, ¿son de las que se aman o de la que se hacen pendejas?
Dadas las circunstancias de estira y afloje sumado con el contacto físico nulo, me reí nerviosamente. En primera, por que el sujeto se mostró bastante perceptivo o nosotras bastante obvias. En segunda, porque de mi boca casi sale "Ella es de la que se hace pendeja, yo la amo".
De esas veces que te arrepientes de haberte censurado.
martes, 5 de julio de 2011
Lotería

Hace varios meses, en una fiesta de Halloween, un amigo comenzó a hablar acerca de su novio. Plática casual, nada empalagoso. Después de un rato, se aventó una frase que me hizo un nudo en la garganta:
"Estoy feliz, como nunca.. la verdad es que con ________ me saqué la lotería"
Me hizo sentir envidia, luego jodidez, luego envidia de nuevo y luego un sentimiento que no termino de determinar, pero que me hizo sentir incompleta y me abrió los ojos de jalón:
Yo quería eso, justamente.. ni un sólo paso hacia atrás. Quería ser feliz, pero de verdad. Tener sonrisa incontenible, sentir bichos voladores en el estómago, sacarme la lotería..
Así de tonto como se lee, fue uno de los momentos detonantes en los que giré el volante tantito y cambié de rumbo. Sabía lo que quería, faltaba mucho para tener los huevos de hacer algo al respecto, pero por lo menos había establecido una dirección para caminar.
No es por presumir, pero hoy tengo todo lo que me hacía falta, todo lo que me hizo sentir envidia y jodidez. El hecho de que me vean como si el valioso premio fuera yo, eso si que fue algo inesperado.
Y ya, buenas las tengan.
P.D. Vieja, te amo..
martes, 28 de junio de 2011
Ay, amor..
A la mierda! Si el amor aparece, que se deje de mamadas y entre, sin tocar. Que tenga huevos, que se la rife por mi.
La de arriba soy yo. Era diciembre del 2009 y me pegó la crisis del fin de año, como siempre. Me vi parada en medio de la nada, lugar al que recurrí una y otra vez a lo largo de muchos años.
Me sentía sola y decepcionada. Había sido una hija de puta mucho tiempo y me propuse dejar de serlo, cosa que como único resultado tuvo a su servidora con cara de idiota, esperando a que sonara el teléfono.
De esas cosas que no piensas que te van a pasar a ti.
Mandé todo a la mierda para darme valor, convenciéndome con todas mis fuerzas de que había sido coincidencia haber tropezado con la misma piedra (o piedras bastante parecidas). Que el amor, en efecto, tenía huevos y se la iba a rifar por mi.
(¿La verdad? No me creía nada, sólo era self-improvement work)
Un año y medio después, resulta que el amor si tenía huevos. Y bastantes. No tocó la puerta, gracias al cielo.. se metió hasta media casa, me agarró por sorpresa y me besuqueó con ganas.
Hubo que esperarle tantito, a que los planetas se alienaran y las estrellas y todo ese tipo de pendejadas. Hubiera esperado el doble, si alguien me hubiera asegurado que aparecería Sol.
Y ya, una vez más estoy sonando como puberta enamorada.
Sólo resta decirle, asiduos lectores, pero en especial a mis amigas (you know who you are) que las/los idiotas siempre tendrán un lugar en nuestro corazón, pero no en nuestra vida. A seguirle, chingados!
Buenas las tengan.
Ubikando
dato curioso,
felicidad contagiosa,
growing up,
rememoranzas,
sol
viernes, 27 de mayo de 2011
En una esquina cualquiera...

Salté el último escalón del camión al piso y llené mis pulmones antes de levantar la mirada. Caminé hacia la puerta con el corazón bombeandome a todo lo que daba. Cuando estuve en medio de la estación, me quedé quieta y dejé ir mis ojos alrededor, tratando de ubicarla entre la gente.
Sol estaba sentada en la última fila de sillas viéndome fijo y con una sonrisa enorme. Se mordió el labio al levantarse y comenzó a caminar hacia mi. Y yo hacia ella. Para cuando estuvimos cerca, las dos nos estábamos riendo por los nervios.
Abrí los brazos mientras destruía los últimos pasos antes de pegarme a su cuerpo.
Estuvimos abrazadas sin hablar no se cuántos segundos.. para mi fue toda una vida. Los pixeles que nos habían separado por tantas noches ya no se interponían entre su piel y la mía. Con la cabeza en el espacio entre su cuello y su pecho, cerré los ojos para poder grabarme el olor dulzón y la presión de sus brazos en la memoria.
Finalmente hablé, o habló ella, no recuerdo. Quién habló primero, qué se dijo.. todo queda en segundo plano si tienes a la mujer que amas pegada a ti por primera vez en la vida.
Con su sonrisa y la mía, hubieras podido iluminar todo el pinche lugar.
No nos besamos. A mi me hubiera valido madres y a ella también, pero la prudencia salió de no se dónde, aunque el abrazo "sin filtro" obviaba la situación.
Mi hermana y la Roomie aparecieron un cigarro después, con mirada inquisitiva. La frase "Ella es Sol" salió de mi boca como si estuviera presentando la cura contra el cáncer y su sonrisa nerviosa me provocó pellizcarle los cachetes.
Nos agarramos las manos como 10 pasos después de salir de la estación y no nos volvimos a soltar mientras no tuvieramos que hacerlo. A pesar de mi supuesta incapacidad para permanecer de la mano de nadie desde que tengo uso de razón, la situación, lejos de parecerme forzada, me dio esa sensación de "meant to be" que venía buscando hace tiempo.
En una esquina cualquiera, justo antes de cruzar la calle, nos vimos a los ojos y nos besamos. Seguimos caminando, como si hubiera sido algo de "cada día". Y como ese beso, vinieron otros miles, sin tregua.
Su presencia a mi alrededor me resultó sumamente cómoda y hubiera podido jurar que llevaba toda una vida pasándole la mano por el pelo cada vez que decía algo lindo, o agarrándole la pierna por debajo de la mesa, o tomando un bocado de su tenedor, en el desayuno.
Cursi como nunca, sorprendí a mi hermana y a la Roomie derramando miel sin descanso, alienada con Sol cada pinche minuto. La luna apareció y desapareció, a mi jamás se me pasó la sensación de tener el estómago lleno de bichos volando como un torbellino.
Nos dormimos en la tarde, justo antes de irme. No logro recordar en qué momento nos acomodamos, pero cuando me desperté, quise no tener que volver a despertar sin ella. Las lágrimas me empezaron a salir, al principio calladitas y luego desesperadamente. Sol logró calmarme y me llevó a comer.
Una lágrima se me escurría de vez en cuando, a pesar de que sonreía de oreja a oreja. Maldije la impermeabilidad del cuero de su chamarra cuando dos gotitas de agua en su hombro me pusieron en evidencia.
Recibí "la llamada" que me advertía de los 15 minutos que me quedaban para tenerla cerca, antes de comenzar el trayecto de miles de kilómetros de distancia entre ella y yo. Traté de grabarme sus lunares, y la forma en la que alza la ceja, y el huequito al lado de sus labios, cuando se ríe, y la manera en la que la luz del sol pintaba sombras en su cara.
Comenzamos a caminar, despacito, hacia la inevitable despedida. Me solté a llorar antes de tiempo, justo en mitad del andador, con toda la gente y todo el ruido y todo lo que desapareció en ese momento. Una vez más, logró convencerme de respirar, de tranquilizarme y yo logré hacerlo, no se cómo, justo antes de decirnos no se cuántas palabras al oído.
- Te voy a dar un beso, chiquito, porque si no, voy a llorar de nuevo. Y luego me voy a ir.
Asintió sin soltar palabra y me apretó con fuerza una vez más.
En una esquina cualquiera, justo antes de cruzar la calle, nos vimos a los ojos y nos besamos. Seguimos caminando, como si hubiera sido algo de "cada día".
Cuánto la extraño...
Ubikando
felicidad contagiosa,
pixeles,
rememoranzas,
sol
jueves, 17 de febrero de 2011
Diálogos de bolsillo.
sábado, 12 de febrero de 2011
Para dormir a gusto.

Abría la puerta y estaban tus ojotes cafés, con tus cejas como dibujadas y esa mueca dificil de comprender. Un beso cerquita de la boca y atravezaba el patio contigo siguiendome de cerca.
Olías a flores.
¿Cuáles flores? Me lo dijiste mil veces y todas las olvidé. Lo que no olvidé fue que tu cuello olía a flores. Y que mis almohadas olían a tu cuello. Y que cuando me quedaba sin ti y la cama se me hacía inmensa, bastaba con abrazarme a una almohada para sentir esa mueca pegada a mi piel.
Siempre te sentí como se siente el aire entrando por la ventana. Suave. Ese que se te escurre por la piel, alterando los nervios, provocando escalofríos. Eras eso: aire. Mientras me rascabas la espalda. Mientras te quedabas dormida a media tarde. Mientras te abrazaba antes de irte. Mientras dibujabas mi cara con tus dedos, media dormida. Siepre fuiste aire.
Olías a flores y a días lluviosos, como el de hoy. Eran nuestros días, los días lluviosos. El cielo condensado y las dos quietas, silenciosas. Sin más afan que el de pasar el tiempo entre las nubes espesas y mis almohadas, esas que olían a tu cuello...
¿Te acuerdas?
Te cuento nuestra historia
para que la noche te sea
ligera y me quieras más.
lunes, 31 de enero de 2011
Regalame esta noche - Tania Libertad
Retrocedí los meses de par en par hasta llegar a la noche que me acosté sola en mi cama. Y las sábanas me raspaban como púas. Y las almohadas se sentían como piedras filosas. Y me ardía cada centímetro de la piel.
Y luego respiré, agradeciendo que estoy muy muy lejos de esa noche.
Y dolió como si aun estuviera ahí, por el tiempo que duró la canción.
"Entonces será en vano tratar de retenerte,
regalame ésta noche, retrazame la muerte"
Ubikando
doremifasol,
feeling blue,
rememoranzas,
superman
miércoles, 26 de enero de 2011
Eres una de las personas más increibles...

Antes que empiecen a leer, no se preocupen, este no es un ego-post en el que les hablo de mis múltiples cualidades. Tampoco uno donde venga pidiendo compasión por baja autoestima. Nada de eso.
Es solo que..
Ayer venía manejando con el sol en la cara, con la cabeza llena de recuerdos y fotografías mentales y frases sueltas. La frase "eres una de las personas más increibles" apareció de la nada.
Me lo han dicho ¿cuántas veces? No lo se, es demasiado mamón ponerlo en el título para aparte ponerle un número. Sin embargo, no son pocas. Para mi sorpresa, ser una de las personas más increibles no es nada agradable por una simple razón:
Es solo que..
Ayer venía manejando con el sol en la cara, con la cabeza llena de recuerdos y fotografías mentales y frases sueltas. La frase "eres una de las personas más increibles" apareció de la nada.
Me lo han dicho ¿cuántas veces? No lo se, es demasiado mamón ponerlo en el título para aparte ponerle un número. Sin embargo, no son pocas. Para mi sorpresa, ser una de las personas más increibles no es nada agradable por una simple razón:
No me ha llevado a ningun lado, salvo a ser recordada con un amor infinito.
Atención en la palabra "recordada".
Y ya, es todo.
Buenas las tengan.
martes, 25 de enero de 2011
Hasta sesenta.
Metieron los pies al agua helada. Empezaron a moverlos asustando a los peces de la orilla.
-¿Te rasco la espalda? -preguntó Emilia.
-Hasta sesenta -le contestó Daniel.
Emilia empezó a recorrerle la espalda con sus dedos delgados, mientras contaba despacio como ninguna otra vez. Iba en el veinte cuando Daniel cruzó su brazo con el de ella y se puso a peregrinarle la espalda sin contar. Emilia se detuvo en el veintitrés y tampoco habló más.
-¿Te rasco la espalda? -preguntó Emilia.
-Hasta sesenta -le contestó Daniel.
Emilia empezó a recorrerle la espalda con sus dedos delgados, mientras contaba despacio como ninguna otra vez. Iba en el veinte cuando Daniel cruzó su brazo con el de ella y se puso a peregrinarle la espalda sin contar. Emilia se detuvo en el veintitrés y tampoco habló más.
Fragmento: Mal de amores - Ángeles Mastretta
No se cuántas tardes te rasqué la espalda ni cuántas no. Por alguna razón que sigo sin entender, ni siquiera recordaba haberlo hecho hasta que tu me lo dijiste y una imagen mental bastante borrosa apareció derepente, por segundos, y se fue de nuevo.
No logro recordarme, sin embargo, me acuerdo de todo lo demás:
Del peso de tu cuerpo al lado del mío. De las horas de dormir. De las tardes sentadas en el suelo de mi cuarto. De la música sonando desde lejos. De tu pelo revuelto al despertar. De tus ojos frente a los míos. De la presión de tu brazo en mi espalda. Del olor de tu cuello en mis almohadas. De los atardeceres entrando por la ventana. De la risa incontenible. De mi, arrastrándote detrás de una puerta para besarte a morir. De las miles de veces que te mordí los labios. De mi ritmo cardiaco aumentando. Y del tuyo. De mis manos inquietas. De mi haciéndome la dormida. De tus dedos recorriendo la curva de mis cejas. Y si, entonces lo tengo claro...
También me acuerdo de mis dedos peregrinando tu espalda, sin contar.
viernes, 31 de diciembre de 2010
365 días después...

Termina el año.
Punto.
Es lo único que pasa.
Como me dijo alguien muy inteligente, "no se termina el mundo".
De hecho no, mañana es un día como cualquier otro, nada más tantito más espeso.
Sin embargo...
Para mi, siempre ha sido importante. Desde pequeña, cuando no tenía idea de que significado tenía "cerrar círculos" ni "terminar etapas", el último día del año SIEMPRE ha sido diferente.
No se termina el mundo, pero tienes la oportunidad de empezar lo que nunca empezaste, cambiar lo que nunca cambiaste, chingarte a quien no te chingaste. Si, de querer hacerlo, lo haces cualquiera de los otros 365 días, pero el hecho de empezar el año te da la "pauta natural".
Como quiera que sea, el año terminó.
Siempre me quejo de sentir que estoy en el mismo pinche lugar, de hecho, el año pasado lo terminé encabronada con la vida, como adolescente pre-menstrual.
Este año es diferente.
Tengo MUCHA más confianza en mi misma.
Ya se que si puedo sonreir mucho, perdonar sin rencores, trabajar como mula, estudiar hasta dormirme, chingarme al que se deje, amar con locura 4, caerme con gracia, levantarme aun con mas gracia y seguir caminando. Y seguir caminando. Y seguir caminando.
Sigo sin saber que hacer con mi vida, si, pero sea lo que sea que se me de la chingada gana hacer en el momento que se me ocurra, estoy SEGURA de que lo puedo hacer. Porque soy una chingona. Punto.
Feliz 2011, asiduos lectores.. les dejo un post que escribí hace dos años. Me sigue latiendo:
Siempre he sentido que el 1ero de enero es el gran domingo del año.
El día anterior hubo desmadre y te despiertas más cansado que de costumbre.. psicológico, apuesto a que es psicológico. No hay nada que hacer, todo el mundo duerme o está crudísimo. La programación de la televisión es pé-si-ma, no hay nadie en la calle, no hay ni una pinchurrienta tienda abierta y, por si fuera poco, es considerado "día familiar" (por lo menos en mi rústica familia).. como cualquier domingo.
Sabes perfectamente que al día siguiente todo vuelve a la normalidad y te mata de hueva el hecho de que "el fin de semana" acabe en menos de 24 horas.. el segundero marca torturosamente las porciones de tiempo que falta para que la magia termine.
Además aquella frase que dijiste y de la cual no te acuerdas: "el lunes empiezo" es equivalente en su totalidad a las propuestas de año nuevo. Cosas difíciles, casi imposibles, que te van a producir dolor físico o mental están ahí, esperando a que termine el gran domingo.
Ya mañana es lunes, cabrón.
(Feliz Año Nuevo)
Punto.
Es lo único que pasa.
Como me dijo alguien muy inteligente, "no se termina el mundo".
De hecho no, mañana es un día como cualquier otro, nada más tantito más espeso.
Sin embargo...
Para mi, siempre ha sido importante. Desde pequeña, cuando no tenía idea de que significado tenía "cerrar círculos" ni "terminar etapas", el último día del año SIEMPRE ha sido diferente.
No se termina el mundo, pero tienes la oportunidad de empezar lo que nunca empezaste, cambiar lo que nunca cambiaste, chingarte a quien no te chingaste. Si, de querer hacerlo, lo haces cualquiera de los otros 365 días, pero el hecho de empezar el año te da la "pauta natural".
Como quiera que sea, el año terminó.
Siempre me quejo de sentir que estoy en el mismo pinche lugar, de hecho, el año pasado lo terminé encabronada con la vida, como adolescente pre-menstrual.
Este año es diferente.
Tengo MUCHA más confianza en mi misma.
Ya se que si puedo sonreir mucho, perdonar sin rencores, trabajar como mula, estudiar hasta dormirme, chingarme al que se deje, amar con locura 4, caerme con gracia, levantarme aun con mas gracia y seguir caminando. Y seguir caminando. Y seguir caminando.
Sigo sin saber que hacer con mi vida, si, pero sea lo que sea que se me de la chingada gana hacer en el momento que se me ocurra, estoy SEGURA de que lo puedo hacer. Porque soy una chingona. Punto.
Feliz 2011, asiduos lectores.. les dejo un post que escribí hace dos años. Me sigue latiendo:
Siempre he sentido que el 1ero de enero es el gran domingo del año.
El día anterior hubo desmadre y te despiertas más cansado que de costumbre.. psicológico, apuesto a que es psicológico. No hay nada que hacer, todo el mundo duerme o está crudísimo. La programación de la televisión es pé-si-ma, no hay nadie en la calle, no hay ni una pinchurrienta tienda abierta y, por si fuera poco, es considerado "día familiar" (por lo menos en mi rústica familia).. como cualquier domingo.
Sabes perfectamente que al día siguiente todo vuelve a la normalidad y te mata de hueva el hecho de que "el fin de semana" acabe en menos de 24 horas.. el segundero marca torturosamente las porciones de tiempo que falta para que la magia termine.
Además aquella frase que dijiste y de la cual no te acuerdas: "el lunes empiezo" es equivalente en su totalidad a las propuestas de año nuevo. Cosas difíciles, casi imposibles, que te van a producir dolor físico o mental están ahí, esperando a que termine el gran domingo.
Ya mañana es lunes, cabrón.
(Feliz Año Nuevo)
Ubikando
felicidad contagiosa,
growing up,
rememoranzas
jueves, 30 de diciembre de 2010
Fotografía - Juanes & Nelly Furtado
Sin razón alguna ni mensaje subliminal.
Hoy me desperté con la canción pegada y me dieron ganas de ver el video. Y recordé, y recordé, y recordé. Tiene una carga emocional muy fuerte, a pesar de no ser "la canción" de nadie. Supongo que es la canción de todos en algún momento de la vida.
El video me da frío y me recuerda el invierno. Se me eriza la piel al combinarlo con la canción.
Les comparto la sonrisa de hoy.
Y ya (:
Ubikando
doremifasol,
felicidad contagiosa,
rememoranzas
miércoles, 29 de diciembre de 2010
El Error de la Luna - Aguilar Camin (Fragmento)

—Estás como la loca de Mariana —le devolvió una noche, luego de escucharla, su tía Natalia, con la feroz y dulce lucidez que salía a veces como un rayo de entre las brumas de su retraso mental—. Bastaba que la quisieran de verdad, para que saliera corriendo. Si hubiera sido pájaro, le habría dado varias veces la vuelta al mundo buscando no dónde comer, sino dónde no comer. Yo por mí, la hubiera encerrado en la jaula de los canarios. Vieras que hubiera aprendido a comer donde hay, no donde no hay.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Para mi...
Camila - abrazame
Tiene más de tres años que no escucho Camila.
He dicho mil veces, y diré mil veces más que son unos cursis, que están de hueva y que siempre suenan igual. Pero hay algo más.
Lo que no digo es que los dejé de escuchar porque me dolía. Un chingo. Cada vez que escuchaba "Todo Cambió" se me venía el mundo encima. ¿Por qué? Porque con esa canción, precisamente, me enteré que la única persona en la que había confiado a ojos cerrados, me estaba engañando. Punto.
Me toco llorar hasta morir las veces que se les pueda ocurrir: en el super, en la escuela, en el camión, con mis papás, en el antro. Vamos, al azar, una locación.. no impora cual, lloré ahi. Con el corazón en pedacitos. Hasta morir.
Hasta que dije "ya estuvo, suficiente" y me propuse pararles el negocio. No era posible que cada pinche canción tuviera algo que me hiciera revolcarme del dolor.
Los eliminé de mi playlist, de mi celular y de cualquier permutación posible cuyo resultado fuera Camila sonando a mi alrededor. Aprendí a cambiarle al radio y a bloquear, cuando no podía hacer nada al respecto, cada una de las canciones.
Mi hermana creció sin Camila, si, y cuando tuvo edad de decidir, decidió que le gustaban, que los quería en su playlist y que iba a respetar la censura que había en mi casa al respecto.
Pasaron los años y se me hizo hábito. Sin más. Jamás me di la oportunidad de tratar de escucharlo poquito a poco, hasta que se me hiciera normal.
No creo hacerlo, tampoco.. por alguna razón que no comprendo, son una de las cosas que me causa más conflicto. Vínculo directo al pasado, sin más que el montón de sentimientos alejados de cualquier origen o destino. Solos, como desconectados de todo.
Y hoy, suena en mi carro. Y me siento ridícula al notar como cada pinche estrofa me parte la madre. ¿Qué tan estupido puede ser encabronarse por escuchar dos canciones?
Mucho, pero no imposible.
Incluso hice berrinche.
Y si, oficialmente soy estupida.
Pero es que la verdad, escuchar Camila es ponerme vulnerable, y admitir que el que me engañaran me partió la madre mucho más de lo que reconozco, y que a veces, por no se que pinche razon, me pongo a la defensiva, y que a pesar de los muchos días que han pasado, sigo sintiendo un chingo de miedo por las noches.
Y que puedo tener confianza y cerrar los ojos. Y estar bien.
Hasta noches como hoy, en las que me da por abrirlos tantito.
Y se chinga todo.
Y entonces me da por escuchar Camila y llorarle que da gusto.
Y si es para mi, aunque
ahorita no me quieras...
viernes, 10 de diciembre de 2010
Bonita
Conozco esta canción desde bastante. Siempre me había gustado. Hoy me gusta tantito más.
Sin querer ni saber, llegué a un mensaje de Nube guardado en el fondo de mi celular viejo que llevaba apagado ¿cuánto? ¿dos años? La primera palabra que leí fue "bonita", y entonces, lo recordé.
Así era como me decía.
Y yo siempre sonreía.
El soundtrack de mi vida se hizo cargo de que, ese mismo día, me sonara "Bonita" de Tin Tan en la radio.
Les comparto la sonrisa (:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






