Este año escribí menos que ningún otro. Mucho menos. Cuatro entradas en doce meses es algo de lo que no me siento orgullosa, pero la verdad, escribir era hacer las cosas reales y muchas de esas cosas quedaban mejor como un secreto a voces en mi cabeza.
Existen temporadas en la vida en las que todo parece cambiar y el 2014 representó definitivamente una etapa de transición para mi. Después de permanecer en ese letargo pendejo durante más tiempo del que me hubiera gustado, finalmente pude tomar las decisiones correctas. Criticadas y no políticamente aceptables, pero correctas al fin.
Con el fin de echarme porras y echarles porras a todos allá afuera, a quienes esa cuenta regresiva de año nuevo les pone los ánimos por los suelos y las lágrimas por los cielos, haré mi cuenta regresiva de las palabras, las desiciones y las acciones que valieron la pena este año. Que me ubican en un punto diferente, que me hicieron feliz, que me rompieron la rutina y me sacaron del "soy la misma mierda de hace 365 días" que suele romperme la madre para estas fechas:
1. Fui a la boda de una de mis mejores amigas. Y no lloré. Y me divertí. Y me puse ebria y bailé toda la noche. Sé que puede parecer lo que cualquier persona normal haría, pero estaba siendo una verdadera tragedia para mi. Era un sutil recordatorio de que la edad casadera estaba tocando mi puerta, de que era la primera de quién sabe cuántas que me iban a caer como arroz y que yo, de verdad, ni tantito emocionada por que me "llegara la hora". Sin embargo, después de morderme la lengua y aguantar como las hembras (porque los machos, la neta, no aguantan nada), logré sobrevivir al vestido, al maquillaje, a los veinte mil pasadores deteniéndome el pelo y a la cruda del siguiente día.
2. Renuncié a un trabajo que me hacía infeliz, sumamente infeliz. Hacía crecer mi currículum, pero me mataba el alma cada día. Lo peor es que no me daba cuenta de lo mucho que me había cambiado, hasta que Sol me lo dijo un día que llegué mentando madres por enésima vez. "Piénsalo, ¿de verdad te hace feliz?". Y pues no me hacía, pero ya había adoptado el mal hábito de estar encabronada con la vida y sentirme miserable, llevándome preocupaciones a mi casa y desquitándome con todos a mi alrededor. ¡Qué rápido se acostumbra uno a la mierda!
El día que renuncié, hubiera querido poder grabar la cara de mi jefe. Después de bajarme el autoestima con sus constantes "dudas" acerca de mi capacidad creativa y de no subirme el sueldo y de ponerme en chingo mil periodos de prueba, el que no pasó la prueba fue él. Y no, no tenía back up plan, pero dicen que en la vida hay que escombrar lo malo para que haya lugar para lo bueno. Tan pronto como decidí que iba a renunciar, me brilló una luz en el camino. Para cuando lo hice, ya tenía un mejor trabajo. Aur revoir, hijo de puta.
3. Me hice un tatuaje, pero más importante aun, le dije a mis papás antes de hacérmelo. Big, big deal. Durante toda mi infancia y adolescencia se me repitió hasta el cansancio que los tatuajes y las perforaciones eran para maleantes, convictos y drogadictos. Y yo que siempre me volví loca por las dos cosas, vi sumamente irreal la posibilidad de hacerme un tatuaje en un lugar en donde me diera el sol. Cuando le dije a mi mamá, por poco me arranco las uñas de los nervios. Durante meses desvió la mirada para "no ver" los veinte centímetros de deshonra y hasta la fecha no se habla del tema. Pero es mi piel, es mi cuerpo y es mi pinche gusto.
4. Viajé sola y viaje gay. A ver, había viajado sola antes, desde los 15 años. Camiones, vuelos nacionales, vuelos internacionales, manejando y como pude. La cosa es que esta vez fue diferente. Me fui a conocer a gente increíble, todos con proyectos increíbles, todos trabajando a favor de los derechos de la comunidad LGBTI. A mi madre le dio un ataque, incluso con la versión censurada de que fuera un "congreso por los derechos sexuales de las mujeres". Mujeres lesbianas y trans, pues, es lo que no mencioné. Durante una semana estuve rodeada por personas de mente amplia y corazón más amplio. Volver a la "vida real", llena de discriminación y roles de género caducos fue más fuerte de lo que pensaba.
5. Fui a "la marcha" del D.F. Y no sólo eso, iba hasta adelante, ondeando una bandera gay gigante y sonriendo como pendeja. A los 17 asistí la primera vez a una marcha gay aquí en Mérida y salí en el periódico. Me dio pánico que alguien lo viera, pero no dejé de ir a las siguientes. Volví a salir en el periódico algunas veces, incluso en la marcha de este año. Es difícil no protagonizar cuando somos tan pocos en las calles. La marcha del D.F. fue una experiencia diferente. Mares de personas caminando por nuestros derechos, por la visibilidad, por todo. Casi empezando, me encontré con un grupo de madres que iban marchando justo detrás y platiqué con una de ellas brevemente. Terminé llorando cuando me preguntó por mi mamá y le dije que ella no marcharía jamás. Me respondió con puro amor de madre y un abrazo, se convirtió en una tía consentidora por un minuto y caminé más fuerte que nunca.
6. Me puse vergonzosamente ebria. Fui la borracha del bar que le coqueteaba a la mesera guapa y que se reía de absolutamente todo. La gran noche está documentada en fotos y video, incluso mi diálogo más tarde, con el taxista, en el cual lo invitaba a quedarse al after en mi casa. No había after, no había alcohol, sólo el coctel horripilante que decidí pedir "para llevar" en un vaso de plástico de un litro, como agua fresca. No sé hace cuantos años no me ponía así de borracha, pero sí sé por qué no lo había hecho de nuevo. La cruda era digna de internarme en un hospital, no pude levantarme de la cama hasta después de medio día, después de vomitar mi bote de basura y tomarme una botella de suero.
7. Confesé. Un montón de cosas que traía yo entre el pecho y la espalda, finalmente salieron a la luz. Por lo menos a un espacio pequeñito y privado, pero lleno de luz. Malos amores y cosas sin solucionar, traumas, pendejadas, recuerdos fallidos y sospechas infundamentadas que luego se fundamentaron. Una vez que salieron a la luz, fue fácil atar cabos y entender, entenderme, dejar de presionarme y de atosigarme por cosas que no dependen de mi, al final. A veces pensamos que el compartir nuestras debilidades nos hace débiles, pero en realidad no hay debilidad más fuerte que la que asumes y te termina edificando.
8. Me puse medias de red. Los veinticinco millones de razones que había acumulado a lo largo de veinticinco años me habían hecho pensar que no podía utilizarlas, a menos que fuera en un disfraz. El primer día del año me amaneció en unas medias de red negras, de esas que tienen la línea putona a lo largo de la pierna. Y un vestido que nadie me obligó a usar. Y la boca roja. Porque sí, chingadamadre, porque me lo merezco. No odio mi cuerpo, ni me da vergüenza, ni tengo la necesidad de cambiarlo para entrar en ningún pinche estándar de belleza o expectativa familiar.
9. Pedí ayuda. A lo largo de mi vida, había escuchado infinidad de veces que el tratar de hacer todo "yo solita" era un mal hábito. Lo escuché, una, mil veces, jamás hice caso. Era, hasta cierto punto, una medida de supervivencia. El no esperar "nada" de nadie, el no necesitar, el salir del bache sin ayuda, el no ser una molestia. Eso me ponía en un lugar que yo consideraba privilegiado, pero me hacía sentir sumamente sola y, muchas veces, me ahogaba en estrés y frustración. Hace poco alguien logró convencerme de que me merecía esa ayuda, que no me hacía menos fuerte, ni menos capaz, que al final las personas pueden no darte exactamente lo que necesitas, pero nada pierdes con estirar la mano y recibir lo que te toca.
10. Me enamoré. No la vi del otro lado de la calle y supe que me iba a casar con ella, ni nos besamos esa misma noche, ni nos coqueteamos sutilmente desde el minuto uno. La realidad es que tanto ella, como yo, estábamos de mierda hasta el cuello cuando nos conocimos y nos hicimos amigas, nos ayudamos a olvidar y a dejar ir, y cuando finalmente fuimos libres, pudimos vernos con otros ojos. Estábamos tan ciegas las dos que cuando abrimos los ojos, ya nos amábamos hasta los huesos.
Empecé, como siempre, tropezándome con las piedras que yo solita me ponía en el camino, cagándome en todo lo cagable por terminar enamorada de una amiga y el riesgo mortal de perder esa amistad por sentirlo. Bastó un amanecer frente a las olas del mar para que todo estuviera dicho. No hubo un beso, como en las películas. Nadie aplaudió. Estar sentadas una junto a la otra viendo en la misma dirección fue suficiente. Eso y sentir su mano en mi espalda. Hoy no me puedo imaginar algo mejor que el olor de su cuello y la maravillosa combinación de la luz sobre su piel justo antes que despierte. Y no tengo problema en reclamarlo como mío porque, al final, sé que me lo merezco.
¡Feliz 2015, asiduos lectores!
Y feliz 2015, mi amor.
También me gusta leer lo que piensan de lo que pienso. Comentarios, por favor!
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miércoles, 31 de diciembre de 2014
lunes, 1 de octubre de 2012
El amor de mi vida, ocho años después.
Parece que fue ayer, pero han pasado ocho años.
Estaba profundamente enamorada de alguien que yo pensaba, era el amor de mi vida. Pero a los quince años, ¿acaso no era el amor de mi vida? Nube fue la primera persona en el mundo de la que yo me enamoré, la primera en hacerme sentir que flotaba entre nubes rositas.
Era la segunda vez que nos veíamos desde aquel histórico 8 de Abril, en el cual empezó nuestra historia.
Estaba nerviosa. Muy nerviosa. Los recuerdos se me han ido borrando, sólo tengo en mente haber quedado con ella y con la amiga que teníamos en común en ir al cine. Otras amigas irían, recuerdo que fueron, pero no recuerdo quiénes eran. O cuántas. O cómo llegamos ahí.
Creo que el nombre "Nube" viene de ese recuerdo primigenio: iba vestida con una blusa del azul que tiene el cielo cuando llueve de día y por alguna razón, el perfume que utilizaba en ese momento me ha recordado siempre al olor a lluvia.
Nos saludamos discretamente frente a las demás: nadie sabía. Parecíamos apacibles por fuera, pero por dentro teníamos el corazón como una locomotora. Entramos al cine y nos sentamos juntas, con todas esas amigas desconocidas a nuestro lado. Pero cuando se apagó la luz, todas desaparecieron.
Teníamos las manos apoyadas en el mismo descanso y estábamos sentadas tan juntas como podíamos, sin dejar de pasar desapercibidas. De vez en cuando, le rozaba la mano con la mía y nos reíamos en la obscuridad.
En la pantalla, un montón de hombres mitológicos y absurdamente sensuales luchaban con flechas y espadas, pero yo no tenía ojos más que para verla. A ella. Y cómo el pelo le caía sobre la cara. Y cómo se mordía el labio de nervios. Y cómo se golpeaba la pierna con los dedos de tantos, tantísimos nervios.
No recuerdo ni por qué, pero empecé a decirle algo tremendamente cursi en voz baja. Ella no me escuchaba y me hizo señas de que se lo dijera al oído. Me acerqué con la mano haciendo un cuenco frente a mi boca y en un arrebato de algo que nunca había sentido, en lugar de darle palabras, le di un beso chiquito junto a la oreja.
Se sacudió completita al lado de mi, pude sentirlo. Y volví a mi lugar como si nada hubiera pasado.
Era amor del bueno, de ese que huele rico y que te eriza la piel.
Dos horas completas de película no nos fueron suficientes para comernos a besos con los ojos, pero bastaron para dejarnos flotando con cara de idiotas.
A veces me pregunto si alguna vez en mi vida el amor va a fluirme por el cuerpo de la forma en que lo hacía hace ocho años.
viernes, 24 de agosto de 2012
Cosmos
En medio de mil ocho mil cambios en mi vida, frustración, emputamiento, decepciones, instintos homicidas y quién sabe cuántas cosas más, mezcladas con mi hormona y desvelo, me encontraba yo. La nostalgia se apoderaba de mis tardes ahí de vez en cuando, de vez en diario, de vez en cada media hora.
Extrañaba aquellos años en los que no me importaba absolutamente nada más que no salirme de la rayita cuando coloreaba con mis crayones. O aquellos en los que el fin del mundo era pelearme a gritos con mis papás y sacar algo que no fuera 10 en la escuela. O esos, más recientes, en los que tenía un chingo de tiempo para que me llegara el día en el que tenía que pensar en qué hacer con mi vida.
Maquilando en mi cabeza cualquier historia de ficción que pudiera traer a la realidad y que me diera la oportunidad de volver por un ratito a ser lo que fui, para encontrarme de nuevo. O sólo verme, como en una película, mis gestos, mis palabras. Encontrarme en mi pasado y saber qué es lo que le hace falta a mi presente. Darle nombre y apellido a lo que extraño y hacer aunque sea una copia mal hecha en mi vida diaria para no extrañarlo tanto.
Me quedé dormida como a las 2 de la mañana.
Tuve un sueño horrible. Tan horrible, que no recuerdo los detalles. Vagamente veo a alguien tratando de matarme y a mi, quedándome sin respirar. Tan real, que me desperté y llené a tope mis pulmones, asegurándome que estaba a salvo.
Y me volví a dormir.
Y me vi. Pequeñita. Tenía alrededor de ocho años. Mi pelo recogido en una cola, con un moño de listones. Mis calcetas mal dobladas y mi cara, tan de niña, tan de no saber lo que se le veía encima. Me vi sonreír en paz, me vi caminar, vi mis gestos, mis muecas, mis ojotes pestañeando. Me vi frotándome los ojos con las manos y haciendo ese gesto con la ceja que sigo haciendo hasta la fecha.
Me senté frente a mi "yo pequeña", sin que pudiera verme, y la escuché reír sonoramente mientras movía las manitas. El alma se me llenó de paz y me dieron ganas de quedarme ahí para siempre, pero sabía que era un sueño. Sentía el tiempo agotándose y la desesperación me llevó a las lágrimas.
Comencé a pedir, a rogar, no sé a quién, que me dejara quedarme un poco más. Que aun no me hiciera despertar. Que me dejara ser turista de mis recuerdos antes de regresar al punto sin retorno.
En la misma escuela, me encontré conmigo una vez más, pero algunos años más tarde. Segundo o tercero de secundaria. Ahí estaba yo, tan insegura, tan incómoda conmigo misma, sintiendo que no encajaba. No extrañé sentirme tan ajena. Pero extrañé lo simple que eran las cosas. Tirada en algún pasillo me reía a carcajadas con mis mejores amigas, con brillo transparente en los labios y las uñas pintadas de verde clarito.
La adrenalina de estar a punto de "despegar" se me notaba, creyéndome grande, sabiendo que estaba a nada de ser libre, de hacer lo que yo quisiera. Disfrutando locamente mis últimas veces, extrañando con antelación a quienes tendría que dejar atrás para poder volar.
Y luego parecí, hace cuatro años, recorriendo la universidad por primera vez, desayunando con mis nuevos amigos. Conociendo personas y haciendo "clicks" mentales con fotografías a guardar: el inicio de "cuando seas grande". Ahí no me veía como una tercera persona. Estaba muy callada, observando a todos, sus palabras, sus sonrisas, la forma en la que me veían. Intervenía de vez en cuando y comencé a disfrutar ese sentimiento de libertad, una vez más, sin embargo, sabiendo que tenía 4 largos años para llegar a mi "hoy".
Volví a sentir, de repente, que era hora de irse y no quise hacerlo sin despedirme, pero sabía que decirlo a una mesa de personas que recién conocía no era lo más inteligente. ¿Quién le cree a una loca del futuro? Antes de "desaparecer" me acerque a uno de mis amigos:
- Ya me voy, probablemente no lo entiendas, porque voy a seguir con ustedes, pero yo ya viví ésto. Sólo estoy recordando. Los voy a extrañar muchísimo, por favor, sean muy felices, los años se terminan en un segundo.
Para mi sorpresa él me dio un beso antes de decirme "promesa de amigos, nunca lo olvides".
Y desaparecí.
Entre abrí los ojos, pestañeando, mientras me volvía la conciencia. Estaba muerta de frío, pero sentía el peso de sábanas y cobertores sobre mi cuerpo. Cuando logré enfocar, vi unas sábanas de rayas que no eran las mías y luego a ella, dormida frente a mi.
Tal cual la vi tantas veces, las únicas en las que la paz le iluminaba la cara. Recostada sobre su brazo, el pelo cayéndole sobre la cara, la armonía de sus cejas, sus labios entre abiertos, su barbilla.
Me apoyé sobre mi codo para verla más de cerca. No entendía qué estaba haciendo despertando en esa cama, no entendía, ya, si estaba despierta o dormida. Si era un sueño, si no lo era. Algunas cosas podían ubicarme algunos años atrás, si, pero ésta situación en particular, la de despertarme con ella, era algo que no podía recordar: jamás había sucedido. No entendía nada...
Le pasé la mano por el pelo y se despertó, lentamente, entre pestañeos y balbuceos. Lo primero que hizo fue sonreírme como si mi ubicación en tiempo y espacio fuera la cosa más normal. Con voz de recién despertada me arrastró los buenos días, diciendo mi nombre como sólo ella lo hace y se estiró, cerrando los ojos.
Cuando los abrió y me preparaba para dispararle todas las preguntas que traía en la cabeza en el tono y volumen de voz que me caracteriza, se puso el dedo en los labios, en gesto de "silencio" y con cuidado, levantó los cobertores bajo las que estábamos, justo frente a ambas.
Debajo de ellas, había una bolita de pelos blanca. Orejitas, colita, una naricita negra y respiración pausada.
Dejó caer los cobertores con cuidado y me habló despacito "sigue dormida".
Nos quedamos quietas, acostadas una frente a la otra, sin decir nada. Las palabras no eran necesarias, aunque el cómo, dónde y por qué se azotaban en mi cabeza. Mis ojos se empezaron a tardar al volver del pestañeo y unas profundas ganas de cerrarlos estaban luchando contra mi voluntad.
Acercó mi mano hacia ella y me dió un beso en la palma, antes de pasarme los cobertores sobre los hombros.
- Ya duérmete.
Cuando abrí los ojos de nuevo, vi la luz del sol entrando por mi ventana. Entonces supe, por fin, que estaba despierta. Que había sido un sueño.
El mejor sueño de mi vida, creo, el más acertado, el que más necesitaba.
Recordarme así, verme, sentirme tan cerca y no como líneas de un libro que se me olvidó de qué trataba. Fue equivalente a salir a la superficie, a sentir el aire en mi piel, a quitarte los zapatos después de un día largo.
Me estiré y sentí los músculos de mi espalda poniéndose tensos y luego cayendo, rendidos. Me senté en la orilla de la cama, aún con los recuerdos echos un remolino mientras recobraba la conciencia y toqué con las puntas de mis pies el suelo. Suspiré y me dejé caer al hoy, aún con el ayer caótico convirtiéndose en cosmos.
El resto del día, me la pasé entendiendo lo que hice durante toda la noche.
Ubikando
felicidad contagiosa,
growing up,
rememoranzas
domingo, 12 de agosto de 2012
La trenza mágica.
Hace mucho tiempo, pero mucho, mucho, en los ayeres aquellos en los que no me calentaba ni el sol, tuve un sueño:
Estaba saliendo de bañarme y tenía el pelo desenredado.
Deliciosamente desenredado, tomando en cuenta que mi melena rizada, la mayor parte del tiempo se encuentra hecha un caos. Primero le pasaba un cepillo desde la raíz hasta las puntas y al sentir que corría sin problemas, lo empezaba a peinar con mis dedos, sin que se me trabara en ningún momento. Los dedos se me resbalaban entre la melena húmeda, larguísima.
En determinado momento, después de peinarme durante un rato, me comenzaba a hacer una trenza, de las francesas, que te empiezan hasta arriba de la cabeza. Mis dedos iban separando los mechones de pelo, para unirlos de nuevo, sabiamente, formando un orden hermoso a lo largo de mi cabello y atravesando mi espalda.
Un recuerdo vago, me decía que era la segunda vez que lo soñaba.
¿Honestamente? Lo más desconcertante del sueño es que yo no sabía hacer esas trenzas. Jamás había hecho una, ni a mi misma ni a nadie más.
El largo de mi cabello y el desmadre de los rizos siempre hicieron imposible que yo aprendiera a hacerlas sin querer pegarme un tiro en el intento.
Como todos los sueños raros que tengo, me tiré boca arriba a reflexionarlo un rato. Ubicandolo en el tiempo/espacio/situación/entorno/pendejadas en las que me encontraba, tratando de engranar la analogía que me mandaba mi subconsciente de alguna forma en la vida que estaba viviendo en ese momento.
De alguna forma que no recuerdo, deduje que el mensaje oculto era sencillo: control.
Me paré como un resorte, me metí a bañar y al salir me quedé parada frente a mi espejo durante mucho tiempo. Mucho. Traté de hacerme la pinche trenza como 40 minutos. Me humedecí el pelo como 3 veces. Empezaba y antes de llegar a la mitad, eso se volvía caótico. Los brazos me dolían, estaba encabronada, mi pelo se estaba secando... entonces dejé que volara libre
Mi persona, al igual que mi cabello, eran un impedimento para lograr control de la situación. Me ganaba el desmadre, el caos y todo el remolino de idioteces que traía yo dentro. No había intento que fuera suficiente si el material no cooperaba..
"El día que me haga ésta pinche trenza, es que algo cambió en mi, para bien"
Lo intenté varias veces más a lo largo de éstos años.
De vez en cuando, salía de bañarme e intentaba hacerla. Al principio, me pasaba un chingo de tiempo parada frente al espejo, casi tanto como cuando lo intenté la primera vez. Luego menos. Luego se me olvidaba por meses y un día me acordaba y lo intentaba.
Y así, hasta hoy.
Envuelta en una toalla gigante, entré a mi cuarto y me comencé a secar el pelo. Me lo peiné con los dedos un rato, sintiendo mis dedos y mis uñas resbalándose por la piel de mi cabeza.
De la nada, separé un mechón de pelo, luego dos más a los lados. Y luego otros dos más abajo. Y otros dos. Y seguí, y seguí, y seguí, hasta que las hebras se hicieron tan delgadas que no pude trenzar más.
Por poco me pongo a brincar de la emoción, sola, como idiota.
Me pude hacer una trenza: QUE GRAN ACONTECIMIENTO.
Pero para mi lo fue.
Y ahora terminé de entender la analogía:
Haberme podido hacer ésta pinche trenza, significa que puedo tener control, tanto de mi, como de mi greña. Que si prefiero el caos interior y exterior es por querer, no por no tener otra opción.
Y ya está, buenas las tengan.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Calzón Rojo
Año con año me he puesto el bendito calzón rojo.
Todos los años he tenido amor, pero no del que quiero.
Mi papá siempre me ha dicho que en el pedir está el dar, así que yo comienzo a preguntarme si utilicé el modelo equivocado.. ¿enseñaba mucho culo? ¿o el color estaba muy de puta?
Tal vez lo que me faltó fue ser específica con lo que quiero, si no, pues ¿cómo? Calzón rojo, toma nota, lo que sigue es importante:
Quiero amor, pero amor del bueno. Del que "te quiere bien y bonito", pero si no se puede, con que me quiera bien y ya estuvo.
No me mal entiendan, amé y me amaron. De hecho, sigo amando.. nomás que ya estoy tantito hasta la madre de que el amor me juegue chueco, incluso cuando yo le juego en regla.
Principalmente, calzón rojo, no quiero ser "segundona", es decir... prohibido infieles, tanto para un lado como para el otro. No quiero ser la mujer que llene su agenda, ni que me hagan una pinche estatua.. pero tampoco pretendo tener que marcar territorio y mucho menos que me siga doliendo el cuello por aguantar cuernos de tamaño familiar.
Tenemos una cuenta en la cual, según los intereses, merezco que toque a mi puerta la mujer más pinche perfecta del universo a hacerme feliz para siempre. O igual y no para siempre, ni que sea perfecta, pero por lo menos que me quiera en tiempo y forma. Sin mentiras, ni planes incumplibles, ni futuros lejanos, ni "cuando sea grande". Que me quiera hoy, que se la rife hoy.
Que no sea el amor de su vida, por el amor de Dios, porque eso solo eleva las putas expectativas en un 200% y entonces, todo se va a la chingada. No es presunción, ni pesimismo.. es otra cosa. Es haberlo escuchado más de una vez, en diferentes momentos de mi vida, con diferentes personas y que no haya resultado ninguna de esas veces.
Y no es como que lo vaya buscando bien casarme, lo juro. Las cosas se dan, los sentimientos crecen y termino siendo pinchemente irresistible para hacer planes foreveados y para que luego les caiga el veinte y para que luego se den cuenta de que les falta vida y para que les de miedo y para que no quieran "quemar todos los cartuchos" con quien será la dueña se sus quincenas "cuando sean grandes".
Yo no quiero sus quincenas, jamás las he pedido. Tampoco quiero un felices para siempre. No creo en eso, ya está, lo dije. No creo en el concepto, cuando te dedicas a construir castillos en el aire. Creo en que puedes ser muy feliz y en que puedes amar a alguien hasta el fin de tus días.. pero de eso a que el amor lo pueda todo, hay una enorme diferencia. Hay algo entre la planeación y el "vivieron felices para siempre" que se llama vivir. Punto. No hay forma de alterar el orden de los factores.
Y como a mi en planes se me ha ido la vida, me levanto de mi mecedora donde me la he pasado tejiendo para mis amores y propongo un brindis en éste 31 de Diciembre.
Brindo por mi calzón rojo, infalible. Por los 365 días, completitos, que me hicieron aprender a la buena y a la mala. Por los enormes huevos que Dios me dio. Por saber utilizarlos, no sólo para el amor, si no también para ir creciéndole y aprendiéndole y madurándole. Por no negarme las oportunidades, si me las merezco. Por aprender a no querer tanto y a querer mejor. Por perderle el miedo a la vida. Por ser mejor amiga, mejor hija, mejor hermana. Por Tener fuerza de voluntad.
Y porque me sobre mucho, pero mucho corazón.
FELIZ AÑO NUEVO, Asiduos Lectores.
Gracias por estar siempre conmigo y para mi.
Mi amor incondicional a ustedes y a sus calzones rojos.
Buenas las tengan y mejor las presten :)
miércoles, 21 de diciembre de 2011
BLUEBERRY - Daniel Peraza Zermeño
Asiduos lectores, vengo bien feliz a presentarles "BLUEBERRY", el cortometraje realizado por mi queridísimo amigo Daniel Peraza Zermeño.
El cortometraje, como les había comentado antes, está inspirado en éste blog, sobre todo, en sus inicios. Sin dejar de ser objetiva, les puedo decir que tiene una gran calidad, que la fotografía me fascina y que los diálogos son una delicia.
La temática, por supuesto, es lésbica. De hecho, ha sido definido por Dani como un "lesbometraje":
"Blueberry es una chica que aspira a ser cineasta pero, desencatada de la ficción decide hacer un documental sobre su propia vida. Incluso, sobre cómo se vengará de su ex novia, Dulce, por haberle sido infiel. "Los invito a verlo y que me ayuden a difundirlo.
Espero sus comentarios, buenas las tengan :)
domingo, 27 de noviembre de 2011
¿De cuáles?
Hace poquito más de un año, andaba yo muerta de frío en un bar de Zona Rosa, con una buena amiga y la que en ese entonces, fungía como dueña inigualable de mi corazón.
¿Era una mezcalería? Honestamente, no lo recuerdo. Sólo existe en mi cabeza el hecho de tener frío, tomar traguitos coquetos y un montón de gays loqueando a escasos metros de mi en algo parecido a una fiesta privada. Éramos las únicas tres personas ajenas al desmadre de amistades cercanas dándole al karaoke con canciones cliché de amor y desamor.
Uno de ellos, metido en una camiseta azul turquesa, se nos acercó a preguntarnos cómo estábamos. Novio del dueño, supongo yo, por el nivel de cortesía en su voz. Nos hizo plática educada y momentitos antes de irse, nos aventó la pregunta del millón:
-Y ustedes dos, ¿son de las que se aman o de la que se hacen pendejas?
Dadas las circunstancias de estira y afloje sumado con el contacto físico nulo, me reí nerviosamente. En primera, por que el sujeto se mostró bastante perceptivo o nosotras bastante obvias. En segunda, porque de mi boca casi sale "Ella es de la que se hace pendeja, yo la amo".
De esas veces que te arrepientes de haberte censurado.
¿Era una mezcalería? Honestamente, no lo recuerdo. Sólo existe en mi cabeza el hecho de tener frío, tomar traguitos coquetos y un montón de gays loqueando a escasos metros de mi en algo parecido a una fiesta privada. Éramos las únicas tres personas ajenas al desmadre de amistades cercanas dándole al karaoke con canciones cliché de amor y desamor.
Uno de ellos, metido en una camiseta azul turquesa, se nos acercó a preguntarnos cómo estábamos. Novio del dueño, supongo yo, por el nivel de cortesía en su voz. Nos hizo plática educada y momentitos antes de irse, nos aventó la pregunta del millón:
-Y ustedes dos, ¿son de las que se aman o de la que se hacen pendejas?
Dadas las circunstancias de estira y afloje sumado con el contacto físico nulo, me reí nerviosamente. En primera, por que el sujeto se mostró bastante perceptivo o nosotras bastante obvias. En segunda, porque de mi boca casi sale "Ella es de la que se hace pendeja, yo la amo".
De esas veces que te arrepientes de haberte censurado.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Priceless

Lo único que salió de mi boca cuando leí éste comment fue una sonrisa y "no tengo idea de quién es".
Tengo la bendición de ser absolutamente querida por mis ex. Todas ellas, las 3. Por lo que puedo apostar el la última bolita de mi tapioca de durazno con yogurt a que ninguna de ellas escribió algo así. Y como aparte de ellas, son realmente pocas las señoritas que han tenido acceso a "ese par de tetas" que tengo.
Sólo queda concluir que, es un comment al aire escrito por algún hater después de exprimirse los granos frente al espejo. Eso, o la mujer del otro lado del monitor que presume de haber conocido mis encantos, fue tan mala experiencia, que preferí borrarla.
A quien corresponda:
Me sacaste una sonrisa. A mi novia no le pareció tan gracioso, pero supongo que es comprensible. Si me hubieras puesto atención, te darías cuenta que no me lamento todo el tiempo, me quejo todo el tiempo. Y la neta, si soy aburridísima.. ahí si ni qué argumentar.
Y ya está, buenas las tengan.
Ubikando
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pinche gente
martes, 5 de julio de 2011
Lotería

Hace varios meses, en una fiesta de Halloween, un amigo comenzó a hablar acerca de su novio. Plática casual, nada empalagoso. Después de un rato, se aventó una frase que me hizo un nudo en la garganta:
"Estoy feliz, como nunca.. la verdad es que con ________ me saqué la lotería"
Me hizo sentir envidia, luego jodidez, luego envidia de nuevo y luego un sentimiento que no termino de determinar, pero que me hizo sentir incompleta y me abrió los ojos de jalón:
Yo quería eso, justamente.. ni un sólo paso hacia atrás. Quería ser feliz, pero de verdad. Tener sonrisa incontenible, sentir bichos voladores en el estómago, sacarme la lotería..
Así de tonto como se lee, fue uno de los momentos detonantes en los que giré el volante tantito y cambié de rumbo. Sabía lo que quería, faltaba mucho para tener los huevos de hacer algo al respecto, pero por lo menos había establecido una dirección para caminar.
No es por presumir, pero hoy tengo todo lo que me hacía falta, todo lo que me hizo sentir envidia y jodidez. El hecho de que me vean como si el valioso premio fuera yo, eso si que fue algo inesperado.
Y ya, buenas las tengan.
P.D. Vieja, te amo..
martes, 28 de junio de 2011
Ay, amor..
A la mierda! Si el amor aparece, que se deje de mamadas y entre, sin tocar. Que tenga huevos, que se la rife por mi.
La de arriba soy yo. Era diciembre del 2009 y me pegó la crisis del fin de año, como siempre. Me vi parada en medio de la nada, lugar al que recurrí una y otra vez a lo largo de muchos años.
Me sentía sola y decepcionada. Había sido una hija de puta mucho tiempo y me propuse dejar de serlo, cosa que como único resultado tuvo a su servidora con cara de idiota, esperando a que sonara el teléfono.
De esas cosas que no piensas que te van a pasar a ti.
Mandé todo a la mierda para darme valor, convenciéndome con todas mis fuerzas de que había sido coincidencia haber tropezado con la misma piedra (o piedras bastante parecidas). Que el amor, en efecto, tenía huevos y se la iba a rifar por mi.
(¿La verdad? No me creía nada, sólo era self-improvement work)
Un año y medio después, resulta que el amor si tenía huevos. Y bastantes. No tocó la puerta, gracias al cielo.. se metió hasta media casa, me agarró por sorpresa y me besuqueó con ganas.
Hubo que esperarle tantito, a que los planetas se alienaran y las estrellas y todo ese tipo de pendejadas. Hubiera esperado el doble, si alguien me hubiera asegurado que aparecería Sol.
Y ya, una vez más estoy sonando como puberta enamorada.
Sólo resta decirle, asiduos lectores, pero en especial a mis amigas (you know who you are) que las/los idiotas siempre tendrán un lugar en nuestro corazón, pero no en nuestra vida. A seguirle, chingados!
Buenas las tengan.
Ubikando
dato curioso,
felicidad contagiosa,
growing up,
rememoranzas,
sol
viernes, 17 de junio de 2011
BLUEBERRY
Asiduos lectores, les traigo buenas nuevas..
A todos los residentes de Mérida, los invito a la proyección de "Blueberry", el cortometraje de uno de mis amigos foreveados. No es por mamonear, pero es altamente recomendable.
Aquí el trailer:
¿Pero a qué viene la invitación? Pues a que, aunque me haya costado aceptarlo, this is a big deal :) Aquí les va un poquito de historia:
Resulta que hace varios años, al final de mi pubertad tardía, platicando con mi amigo Dani, me dijo que le gustaría hacer "algo" con el contenido de mi blog.. entre otras cosas, siempre le ha llamado la atención la cantidad de pendejadas que soy capaz de publicar.
La idea de hacer "algo" evolucionó, primero a un guión para una materia de la escuela y después, a un cortometraje... Blueberry.
¿Honestamente? A pesar de haber seguido el proceso cretivo de cerca y haberle ayudado algunas veces, no me cayó el veinte de la situación hasta que me encontré sentada en una sala de proyección, en el estreno.
Ahora se llevará a cabo la primera proyección del cortometraje, la cosa es éste domingo, 19 de junio, en Cairo Cinema Café.. [ para más información, click aquí! ]
1ra Función: 5:45 PM
2da Función: 6:30 PM
2da Función: 6:30 PM
Espero que tengan la oportunidad de ir a alguna de las funciones, además de conocer el corto, estarán ayudando a Daniel. Les copy-pasteo por qué:
"El motivo de esta proyección es -para ser francos- muy especial: Daniel Peraza (guionista y director de Blueberry) se ha ganado una beca para ir al Primer Encuentro Iberoamericano de Escritores Cinematográficos, en el Distrito Federal a principios de Julio. Sin embargo, no cuenta con los recursos económicos suficientes para viajar a la capital y mantener su estancia ahí."
Un honor, mi Dani, que mis letras sean la chispita que te llevó a crear algo tan chingón.
Y ya, buenas las tengan!
miércoles, 1 de junio de 2011
June

Nuevo mes.
Nuevos proyectos.
No puedo mencionar gran cosa porque mi "identidad oculta" quedaría no-oculta y rajaría mi madre, pero resultó que me topé de frente con la oportunidad de hacer lo que me gusta.. ash, me caga no poder contarles.
Además termine con la escuela, lo que me ubica un semestre más cerca de mi graduación y no se si reirme o llorar. Tengo la crisis del pre-graduado y me siento sumamente insignificante ante cualquier posibilidad de encontrarme sola contra el mundo.
Por otro lado, estoy a días de cumplir tres meses con mi novia y, como cada uno de los meses anteriores, se me sube la espuma a la cabeza. Tenía AÑOS sin cumplir meses con nadie.. juro que es rarísimo incluso el hecho de decir "mi novia".
Sol hace que la ame más cada minuto. Podemos hablar por horas y reirnos todo el tiempo. Me siento más empalagosa que un Duvalin, pero es que no puedo evitar querer escribir 450 posts acerca de lo irresistiblemente adorable que es y lo inmensamente feliz que me hace. La amo con ganas, asiduos lectores.
Por el momento es todo..
Buenas las tengan (:
viernes, 27 de mayo de 2011
En una esquina cualquiera...

Salté el último escalón del camión al piso y llené mis pulmones antes de levantar la mirada. Caminé hacia la puerta con el corazón bombeandome a todo lo que daba. Cuando estuve en medio de la estación, me quedé quieta y dejé ir mis ojos alrededor, tratando de ubicarla entre la gente.
Sol estaba sentada en la última fila de sillas viéndome fijo y con una sonrisa enorme. Se mordió el labio al levantarse y comenzó a caminar hacia mi. Y yo hacia ella. Para cuando estuvimos cerca, las dos nos estábamos riendo por los nervios.
Abrí los brazos mientras destruía los últimos pasos antes de pegarme a su cuerpo.
Estuvimos abrazadas sin hablar no se cuántos segundos.. para mi fue toda una vida. Los pixeles que nos habían separado por tantas noches ya no se interponían entre su piel y la mía. Con la cabeza en el espacio entre su cuello y su pecho, cerré los ojos para poder grabarme el olor dulzón y la presión de sus brazos en la memoria.
Finalmente hablé, o habló ella, no recuerdo. Quién habló primero, qué se dijo.. todo queda en segundo plano si tienes a la mujer que amas pegada a ti por primera vez en la vida.
Con su sonrisa y la mía, hubieras podido iluminar todo el pinche lugar.
No nos besamos. A mi me hubiera valido madres y a ella también, pero la prudencia salió de no se dónde, aunque el abrazo "sin filtro" obviaba la situación.
Mi hermana y la Roomie aparecieron un cigarro después, con mirada inquisitiva. La frase "Ella es Sol" salió de mi boca como si estuviera presentando la cura contra el cáncer y su sonrisa nerviosa me provocó pellizcarle los cachetes.
Nos agarramos las manos como 10 pasos después de salir de la estación y no nos volvimos a soltar mientras no tuvieramos que hacerlo. A pesar de mi supuesta incapacidad para permanecer de la mano de nadie desde que tengo uso de razón, la situación, lejos de parecerme forzada, me dio esa sensación de "meant to be" que venía buscando hace tiempo.
En una esquina cualquiera, justo antes de cruzar la calle, nos vimos a los ojos y nos besamos. Seguimos caminando, como si hubiera sido algo de "cada día". Y como ese beso, vinieron otros miles, sin tregua.
Su presencia a mi alrededor me resultó sumamente cómoda y hubiera podido jurar que llevaba toda una vida pasándole la mano por el pelo cada vez que decía algo lindo, o agarrándole la pierna por debajo de la mesa, o tomando un bocado de su tenedor, en el desayuno.
Cursi como nunca, sorprendí a mi hermana y a la Roomie derramando miel sin descanso, alienada con Sol cada pinche minuto. La luna apareció y desapareció, a mi jamás se me pasó la sensación de tener el estómago lleno de bichos volando como un torbellino.
Nos dormimos en la tarde, justo antes de irme. No logro recordar en qué momento nos acomodamos, pero cuando me desperté, quise no tener que volver a despertar sin ella. Las lágrimas me empezaron a salir, al principio calladitas y luego desesperadamente. Sol logró calmarme y me llevó a comer.
Una lágrima se me escurría de vez en cuando, a pesar de que sonreía de oreja a oreja. Maldije la impermeabilidad del cuero de su chamarra cuando dos gotitas de agua en su hombro me pusieron en evidencia.
Recibí "la llamada" que me advertía de los 15 minutos que me quedaban para tenerla cerca, antes de comenzar el trayecto de miles de kilómetros de distancia entre ella y yo. Traté de grabarme sus lunares, y la forma en la que alza la ceja, y el huequito al lado de sus labios, cuando se ríe, y la manera en la que la luz del sol pintaba sombras en su cara.
Comenzamos a caminar, despacito, hacia la inevitable despedida. Me solté a llorar antes de tiempo, justo en mitad del andador, con toda la gente y todo el ruido y todo lo que desapareció en ese momento. Una vez más, logró convencerme de respirar, de tranquilizarme y yo logré hacerlo, no se cómo, justo antes de decirnos no se cuántas palabras al oído.
- Te voy a dar un beso, chiquito, porque si no, voy a llorar de nuevo. Y luego me voy a ir.
Asintió sin soltar palabra y me apretó con fuerza una vez más.
En una esquina cualquiera, justo antes de cruzar la calle, nos vimos a los ojos y nos besamos. Seguimos caminando, como si hubiera sido algo de "cada día".
Cuánto la extraño...
Ubikando
felicidad contagiosa,
pixeles,
rememoranzas,
sol
miércoles, 25 de mayo de 2011
Mayor Que Yo..
Si, hay reggaetón en mi blog.
No, nadie me hackeó mi cuenta...
Una disculpa desde lo más profundo de mi corazón por exponerlos sin previo aviso a tan talentosos artistas, pero he de reconocer que la canción (suspiro) me gusta.
Confesarlo es como salir del closet a media misa. Del bautizo. Del jefe de tu papá.
La cosa es que...
Hace bastantes ayeres, conocí ésta canción vía mi mejor amiga de preparatoria. A ella si le gustaba cabronsísimo el reggaetón y entre las miles que escuchábamos por las tardes mientras hacíamos tarea, le agarré amor a "Mayor que yo"
¿La neta? No tenía a quién cantársela, sólo fue la "mala intención" que encontraba implícita lo que me hizo aprenderme la letra completita (hasta lo inentendible) y zangolotearme con la idiota de mi amiga, cagadas de risa.
Hoy, con el estrés encima, agarré un playlist medio sexosón mientras trabajaba y una cosa llevó a la otra. "Mayor que yo" a todo volumen y yo con una sonrisota en la boca.
P.D. Sol, mi novia, tiene la edad que yo tenía cuando la cantaba. De repente me siento miserablemente anciana.
P.D. 2 Te amo, aunque huelas a Ministerio Público.
No, nadie me hackeó mi cuenta...
Una disculpa desde lo más profundo de mi corazón por exponerlos sin previo aviso a tan talentosos artistas, pero he de reconocer que la canción (suspiro) me gusta.
Confesarlo es como salir del closet a media misa. Del bautizo. Del jefe de tu papá.
La cosa es que...
Hace bastantes ayeres, conocí ésta canción vía mi mejor amiga de preparatoria. A ella si le gustaba cabronsísimo el reggaetón y entre las miles que escuchábamos por las tardes mientras hacíamos tarea, le agarré amor a "Mayor que yo"
¿La neta? No tenía a quién cantársela, sólo fue la "mala intención" que encontraba implícita lo que me hizo aprenderme la letra completita (hasta lo inentendible) y zangolotearme con la idiota de mi amiga, cagadas de risa.
Hoy, con el estrés encima, agarré un playlist medio sexosón mientras trabajaba y una cosa llevó a la otra. "Mayor que yo" a todo volumen y yo con una sonrisota en la boca.
P.D. Sol, mi novia, tiene la edad que yo tenía cuando la cantaba. De repente me siento miserablemente anciana.
P.D. 2 Te amo, aunque huelas a Ministerio Público.
sábado, 14 de mayo de 2011
Te las cantamos a ti..

El 1 de Mayo éste asunto cumplió cuatro años.
Aparte de ser una idiota, escribir es lo único que he hecho durante tanto tiempo. Aunque lo tenga mortalmente abandonado, he estado pensando mucho su existencia y el impacto que ha tenido en mi vida. Las miles de cosas que han pasado, he pasado y me han pasado, en que hay un backup de mis ideas desde que tengo 18 años.
¿Quién tiene esa suerte?
Bueno, sólo los cursis que escriben "Querido Diario" por las noches. Nunca pude hacerlo, no puedo ni llevar agenda.. es lo que me hace más maravillosa la idea de guardar letras y momentos.
Que queden muchas letras más y que la vida me de miel y mierda para seguir contando.
Felices cuatro años a mi y también a ustedes, asiduos lectores.
Buenas las tengan..
sábado, 30 de abril de 2011
Así de cursi.
Ella tiene un nombre que no le gusta y a mi me gusta su apellido. Para ustedes será Sol, les guste o no.
Sus cejas son delgaditas y su nariz, pellizcable. No le digan que les dije, pero tiene la sonrisa más bonita del mundo. Sol asegura que esa declaración es sumamente subjetiva, pero yo opino todo lo contrario.. además, cuando se ríe, se le hace un huequito del lado derecho que se ve adorable.
Apareció de la nada, como aparecen la cosas buenas: sin avisar.
Rompí el hábito de ser un ente inalcanzable que tan arraigado tengo y me fue inevitable el llamar su atención por el puro gusto de hacerlo, rogando que en un momento de suerte, me encontrara interesante. Y luego no pude si no dar la cara y dejar el miedo a la identidad descubierta para otro día. Me gustaba. Me gustaba mucho.
Las horas hablando se acumularon una sobre otra, llenas de preguntas y respuestas. Las ansias de saberlo todo, de conocer detalles, de romper el encanto. De que, por favor, dijera algo que me hiciera correr en dirección contraria.. que me hiciera tener miedo. Tanto respirar tranquila me estaba haciendo daño. Porque la distancia se me olvidaba por ratos, pero no me dejaba en paz.
Una noche, Sol me dijo como si me dijera la hora, que la oportunidad de cambiar de coordenadas se le había puesto enfrente y se había decidido por las mías. Que llegaba en unos meses para quedarse y a mi me temblaron las manos.
Y se quedó esa noche, y la siguiente, y todas las demás, sin falta. Y una de esas noches, decidí que quería estar con ella y con nadie más. Me dejé caer sin red, pero caímos juntas. El miedo a la fatalidad, a la distancia y a lo desconocido.. y al chingo de cosas a las que se le tienen que temer no fue para tanto, con un estornudo salió volando.
En algún momento que no logro definir, me volví un ser dulce cual ate de membrillo..
No hubo mucho qué hacer al respecto. El corazón se me hizo enorme y tras algunos trámites, su número se volvió gratuito, mis ratos libres una llamada y su voz me cantaba para dormir.
Así de cursi.
P.D. Usted perdone la ausencia de foto, pero no encontré una digna para semejante noticia.
lunes, 11 de abril de 2011
¿Rompo el encanto?
El video anterior no tiene fin alguno, más que compartirles la sonrisa del mes y aprovechar para que, al terminar de escuchar la canción y sonrían, pueda pedir una disculpa por haber abandonado el blog. Soy una irresponsable, lo sé, probablemente lo siga siendo un rato más..
¿Cuánto tiempo? Días, semanas, meses.. cuando me entra el bloqueo mental, no hay mucho que pueda hacerse. Y es que hay TANTAS cosas que contar y tan pocas palabras disponibles entre las puntas de mis dedos y las teclas de mi máquina.
Como un hecho simplemente informativo para quien no me sigue ni en Twitter ni en Facebook, hace casi dos meses conocí a alguien con una sonrisa interesante y una ceja irresistible. Hace poquitos días cumplimos un mes.
Ay si, ay si, me creo mucho..
Ella es.. sólo es. No hay mucho que decir al primer mes, ya ven que la gente se pone cursi. Sobre todo las lesbianas.. se dicen "te amo" a las tres horas de conocerse y que vergüenza. ¿Qué va a decir la gente? Entonces mejor me callo y les digo que ella es. Y que es conmigo. Y que me altera los bichos voladores a nivel "Puberta Enamorada".
Y así estoy: feliz, feliz, feliz.
Clavada hasta el tuétano y con una sonrisa en la boca de esas que no se borran fácil. Contando los días para que se acaben los kilometros de distancia y estemos, al fin, viviendo en las mismas coordenadas. Poniendo cara de idiota cada que me llega un mensaje. Hablando para decirnos buenas noches. Haciendo voces cursis. ¿Si ubican?
Pues en ese punto estoy, vomitando arcoiris día y noche.
Espero me comprendan que, sigo siendo la misma ácida, si, pero el amor me llegó y me llegó cabronamente. Entonces andaré media hipoglucósica.
Y ya, buenas las tengan.
viernes, 8 de abril de 2011
¿Qué soy..?
jueves, 10 de marzo de 2011
miércoles, 9 de marzo de 2011
De mientritas.

Con mucho que contar, pero pocas ganas de hacerlo.
Sonaré como celebridad de quinta, pero por primera vez en los casi 4 años que llevo escribiendo en éste blog, me resulta sumamente difícil sacar mis trapitos al sol.
Sin razón aparente, todo y nada.
Traigo una felicidad cabrona, de esas que despiertan sospechas y en eso quiero que se quede.
¿Cómo explicarlo?
Traté de exponer mi punto hace unos días y al terminar, solo recibí por respuesta una sonrisota de gato. Lo intentaré de nuevo, a ver qué les produce a ustedes:
Guardo miles de buenos recuerdos en mi vida, de esos que te quitan el mal humor nada más con cerrar los ojos. Los buenos recuerdos, por supuesto, son para contarse.. pero no todos. Existen algunos pocos, poquititos, que son tan míos que no los cuento. Parte de la magia está en que lo se yo y sólo yo.
Algo parecido pasa por aquí en éstos días.
Con la pena, ahí luego les contaré en qué he andado.
Les escribiré banalidades de mientritas.
Y ya, buenas las tengan.
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