Entre sueños, oí como tu respiración dejaba de ser acompasada y luego un gran suspiro. Me desperté sin abrir los ojos cuando te levantaste de la cama.
Me hice consiente de mi cuerpo: estaba acostada con las piernas muy cerca del pecho. Tenía fríos los pies y las manos, y el aire que tocaba mis brazos me erizaba la piel.
Escuché tus pasos, un, dos, tres.. lentos, rodeando la cama y finalmente, parando. Con los ojos cerrados, aun, pude imaginarme dónde estabas y en mis labios se formó una sonrisa invisible. Después de habernos acostado a dormir sin un "buenas noches" siquiera, esto, de verdad, me bajaba las ganas de querer salir corriendo de mi casa.
Tomaste la sábana que estaba a los pies y rodeaste la cama de nuevo, escuché cómo la desdoblabas. Me adelanté mentalmente a los siguientes 10 segundos:
El sonido de la tela sonando contra el aire, el peso ligero de la sábana cayendo sobre mis pies y subiendo por mi cuerpo, la texura suave rozando la piel de mis brazos y la presión de las puntas de tus dedos mientras la acomodabas a la altura de mis hombros.
Estuve a punto de matarte, segundos después, cuando lo que sentí fue el peso de tu cuerpo al lado mío y la sábana rozandome la espalda mientras te la ponías encima.
Estuve a punto, de verdad.
Después, el aire frío que entraba por la ventana llegó hasta mis pulmones y me hizo fría a mi. Y me reí de mi, esperando demasiado, y me reí de ti sin pensar en mi.
Ya lo dijiste una vez, no es que me pase nada extraordinario, sólo me fijo más.
Eso y que los pinches simbolismos son lo mío.
Al rato regreso, me voy a encontrar una sábana que ya viene el invierno.