También me gusta leer lo que piensan de lo que pienso. Comentarios, por favor!

martes, 29 de septiembre de 2009

Cuentame algo


Pero algo que no sepa nadie.


Esa pregunta ha existido siempre en mi cabeza. De acuerdo, no siempre, pero no logro recordar en qué punto de mi vida se integró a la lista le preguntas que considero importantes.


Me he encontrado con muchas personas en los últimos veinte años, algunas de ellas han desarrollado un rol imprescindible en mi vida, algunas solo van de paso. A algunas las conozco desde que tengo uso de razón, algunas hace horas. Con algunas hablo cada año, cada mes, cada tres horas. A algunas las veo diario y son sumamente lejanas a mi. A otras, cada seis meses, o cada dos años, o una sola vez en mi vida, o ni una sola.. pero han estado ahí "siempre".


Sin embargo, no se bajo que criterios de selección, solo a unas pocas les he pedido eso, que me cuenten algo que nadie sepa. Y de esas pocas, más pocas aún me han respondido lo que les pregunto sin irse por las ramas. Tan pocas que las puedo contar con una mano y sobran.


Y a esas, justo a esas es a las que hay que temerle. Me tienen comprada. Totalmente. No hay forma alguna en las que pueda negarme si realmente se proponen a que acepte. No hay razones suficientes para decir que no, jamás, si se toman dos minutos de su tiempo para contarme justo con las palabras adecuadas algo que nadie sepa.


Todo mi pinche carácter se ve reducido a un papelito insignificante en la palma de su mano, que pueden hacer pedacitos y tirarlos por ahí, tan solo con tres segundos de silencio y el argumento adecuado, o la frase.. o la palabra.


Gracias a Dios, de esas poquísimas a las que hay que temerles, una sola se sabe con ese don de "domar a la fiera", o por lo menos una sola ha descubierto cómo hacerlo. Maldición y bendición al mismo tiempo, sentirse totalmente expuesta y vulnerable.. pero también con esa conexión tan única.


Maldición y bendición, pero últimamente ansío más de la cuenta que, de repente, alguien llegue y descubra cómo hacerlo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Agua de Mar


Lo primero que sentí fue el suelo frío contra mi espalda. Me senté de golpe mareándome un poco, al mismo tiempo que llenaba mis pulmones de aire bruscamente, provocando que comenzara a toser.


Esta vez recuerdo todo como si hubiera mirando a través de una cortina de humo, o como si me hubiera estado arrastrando una ola... o como las dos cosas al mismo tiempo.


Había agua, ciertamente.. arena bajo mis pies. La brisa que llevaba la sal hacia mis labios también hacía que me temblara la mandíbula y que tuviera mucha sed. Iba caminando en medio de la noche con las pequeñas olas estrellándose contra mi, despreocupada, sin que me pesara ni un poco siquiera el terror que en realidad me provoca el no poder ver mis pies a través del agua.


No solo no veía mis pies, no veía nada. El agua era muy clara, pero la noche era tan oscura que no dejaba mirar. Las olas seguían estrellándose contra mi y el agua fría salpicandome era como una droga.. me hacía partirme de risa una y otra vez, mientras tu no dejabas de verme con una sonrisa en los ojos, tomándome del brazo como una niña pequeña, cuando en medio de la euforia hacía el intento de caminar hacia adentro.


El viento comenzaba a soplar, de repente, haciéndome un remolino en el pelo, enredándoseme en la cara. Me empujabas un poco, girándome los noventa grados necesarios para estar en contra del viento y el mar. Los mechones que se habían desacomodado sobre mi cara corrían hacia atrás, dejando un zumbido en mis oídos mientras yo veía maravillada la confusa línea divisoria entre la oscuridad del cielo y la del agua.


Y entonces, cerré los ojos, me sumergí hasta que el agua me cubrió la cabeza y comencé a dar brazadas pequeñas. Abrí los ojos y la sal me quemó un poco, no pude ver nada.. entonces, las cosas se volvieron más reales: el miedo apareció.


Angustiada, traté de ponerme de pie de nuevo, pero no pude llegar al suelo. Aun consciente de ser capaz de flotar, no pude hacer más que moverme sin control y querer llorar. No podía ver nada, justo como hacía unos segundos, pero ahora en lugar de eufórica, estaba aterrada.


Sentí un jalón fuerte en el brazo, y eras tu, con la expresión que tendría alguien que te advirtió que no jugaras con el encendedor justo en el momento que la llama te quema los dedos. Alcé los brazos hasta que logré aferrarme a los tuyos desesperadamente, enterrándote las uñas mientras te escalaba, buscando salir tanto como pudiera del agua.


Avanzaste hacia la orilla sin soltarme aún cuando pude caminar sin hundirme, aun cuando el agua me llegó al tobillo, aún cuando me empujaste hacia la arena y me hiciste sentarme. Solo cuando yo solté mis manos de tu brazo, dejaste caer las tuyas en la arena.


Me sentía como una tonta.. me perdí en el horizonte para no mirarte, mientras me escurría el pelo. Cuando terminé, clavé la mirada en mis manos, y por nada, o por todo, sentí como me iban cayendo encima los efectos secundarios del miedo, y del agua, y del frío, y de la noche... y lloré en silencio, queriendo que no te dieras cuenta.


Probablemente lo sabías, que me daba vergüenza, que hubiera preferido escucharte decir "te lo dije", que era humillante sentirme la damisela en apuros. Desviaste la mirada pero te quedaste, por que probablemente sabías eso, pero también que las ganas de que te dieras cuenta iban a aparecer en cualquier segundo.


Cinco.

Cuatro.

Tres.


Arrastré mi mano hacia ti, hacendo surquitos en la arena, hasta que mis dedos toparon con los tuyos. Volteaste hacia mi bruscamente, haciéndome notar tu enojo y te quedaste inmóvil aun cuando me recosté sobre tu hombro. Tarde o temprano, escuché como suspirabas con irritación, mientras tu brazo se enrrollaba a través de mi espalda. El olor te tu cuello mezclado con el agua de mar pareció duplicar las lágrimas y los sollozos, mientras sentía las idas y venidas de tus dedos, dibujando líneas y luego figuras sobre mi piel mojada.


Entonces, abrí los ojos y no pude sentir más que el frío contra mi espalda y los espasmos irregulares de mi diafragma, tratando de controlar una tos incontrolable.

jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Que incluye qué...?


A como están las cosas, yo me apuntaría nomás por el polvo.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

My cold feet


Había pasado tanto sin que nadie me hiciera recordar tanto, que había olvidado, sin querer, como era cuando se me caía la cobija.


Hace un rato, se me destaparon los pies y tuve frío. Justo ahora estoy luchando contra los pliegues de tela suave y acolchada para volver a taparlos. Me queda muy chica, lo sé, pero no tengo muchas más opciones que ésta (dormir sin cobija, por ejemplo, es una de ellas).


Casi logro terminar de tapar mis pies, pero no estoy segura si quiero hacerlo. Es una tontería: no hay nada más incómodo que pies fríos. Además se que si no los tapo, invariablemente me enfermo, cayendo en un espacio de tiempo tirada en una cama, entre kleenex, almohadas mojadas y ganas de no levantarme nunca más de ahí.


Pero es que el frío, de a poquito, sucede que es muy agradable. Casi llega a gustarme mucho la sensación de escalofríos que me hace sentir el tener mis deditos al descubierto. Mi piel, tan aletargada siempre, tan aburrida, tan inmóvil, le da por erizarse y mandar descarguitas de algo parecido a la electricidad directo a mi espalda.


¿Escalofríos? Cada vez que pienso en ellos, me acuerdo de alguna de las mañanas cercanas a mis 16, sentada en el fondo del salón de clases y con la cabeza en las nubes. Nunca sentí tantos escalofríos como aquella vez.


Mierda.. la cobija se volvió a correr. Mi pie derecho casi estaba dentro y ahora vuelve a estar congelado.


¿Qué pasaría si me quito la cobija del todo?


Nunca lo intenté. Desde que logré acomodarme bajo sus mínimas dimensiones, he tratado cada segundo de mantenerme ahí. Después de lograr que mis manos dejaran de temblar y que mis dientes dejaran de chocar compulsivamente unos contra otros, no he hecho más que tratar de mantenerme así.


Pero.. ¿y si me la quitara completamente? ¿me moriría?


You, Pancake (: