Me amaneció al medio día, con los ojos hinchados y con pequeñas marcas en las palmas de las manos. Mi abuelito me puso inmediatamente un jugo de naranja y el desayuno enfrente. Solo me tomé el jugo.
Me habían dicho que era culera, inmadura, hija de la chingada, intolerante, puta, cabrona, irracional. Todo. Lo único que no me habían dicho es que era una mierda. Mi padre me lo soltó con una voz tersa, como quien habla del clima:
"Te lo digo como hombre, alguien como tu, que no ha hecho nada con su vida, no vale nada, siempre vas a ser la última opción. El único que se va a quedar contigo es un drogadicto o un fracasado."
Giré la cabeza hacia mi madre y me desvió la mirada: una vez más no contaba con su apoyo. Asentí. Asentí de nuevo cuando me lo repitió una vez más. Bajo la mesa apretaba los puños para que todos los gritos que sentía subir por mi garganta no se hicieran sonido, las uñas lastimaban las palmas de mis manos y el dolor que me producían hacía un poco más fácil controlarme.
Me disculpé educadamente en el momento que mi abuelito se sentó a la mesa, y me largué de ahí. Cinco minutos después, mi madre llamándome al celular. Lo ignoré las primeras dos veces, a la tercera contesté y le grité que me dejara en paz.
Siempre había sido consciente de que no era la favorita, de que probablemente no me quisieran tanto, de que mi familia y yo eramos como agua y aceite, de que mi estilo de vida y el suyo eran extremos opuestos, de que probablemente no les caía bien y lo único que nos mantenía relativamente cerca era que llevaba su sangre. Jamás me imaginé, sin embargo, que ante sus ojos mi valor fuera nulo.
Pasé por la central de autobuses, lo pensé dos veces: necesito dinero y mi hermana me necesita. Tendría que haber alguien recordándole que no es una mierda cuando pasara por algo como ésto. Suena el celular de nuevo, contesto violentamente: es mi padre. En cinco minutos quiere verme ahí, le contesto que había quedado de dormir con mis abuelos y me grita nuevamente. Pienso en mi abuelito, camino hacia donde están.
Mi padre está parado en medio del restaurant, cuando pongo un pie dentro me suelta a gritos que mientras viva en su techo, que mientras me de de comer.. voy a hacer lo que a EL se le de la gana. Por supuesto, aprovecha la ocasión para repetirme que soy una basura y utiliza de nuevo las palabras "drogadicto" y "fracasado" al hablar acerca de mi futuro.
Asiento. Asiento una vez más. Dejo caer los brazos a los lados al ver la cara de terror de mi hermana, pero mantengo apretados los puños y la mandíbula tensa. Cuando termina de gritar en medio de toda esa gente a la que no vi, respiro hondo una vez y le pregunto a dónde quiere que yo vaya, si a mi casa o si me permite irme a casa de mis abuelos. "Dile a tu mamá que te lleve".
Mientras camino hacia allá, mi madre me llama de nuevo, "preocupada" por dónde estoy. Le respondo a gritos y en no se que ataque de exigir respeto, me dice que "a ella no le voy a hablar así". Le grito de nuevo, que si no le gusta, entonces que no me llame.
Al llegar a casa de mis abuelos me encuentro con dos pares de ojitos emarcados en un gesto de preocupación, los abrazo y me disculpo justo en el tiempo que me queda antes de que las lágrimas se me desborden. Subo corriendo las escaleras y me encierro en el cuarto que algún día fue de mi madre. Pintado de rosa pálido, con sábanas rayadas y una enorme fotografía de ella colgada en la pared. "Mira que hay que tener un ego inmenso".
Me tiro boca arriba a llorar al teléfono. "Como quisiera estar en Puerto Pajaritos".
Mi abuelo sube por tercera vez y trata de convencerme de que baje ya, con un gesto notable de ansiedad. Tal vez por que tenía desde que era una niña que no me veía llorar. Un enorme vaso de leche y un pan con mermelada me esperan en la mesa. ¿Hambre? Nada, pero suficiente preocupación les di ya. Momentos después lo vomito en el baño, mientras la frase "quemar las naves" me aparece, acompañada de una imagen mía subiendo a un autobús lejos de aquí.
Acostada, viendo por la ventana, se me revuelven en la cabeza todas las palabras que sonaron del otro lado del teléfono, mientras lloraba. Todas. A mi regreso voy a tener que abrazar fuerte a esa niña que deja de serlo solo por mi, una y otra vez, aunque no le corresponda hacerlo, y a esa mamá que no es mía, que me escuchó llorar como si lo fuera, como si no me llevara tan solo unos años.
Mientras me tomo el jugo de naranja, le llamo a mi hermana. "No te preocupes chaparra, soy de acero, te quiero mucho, llego en un rato".
No me voy de mi casa.
Porque se me da la gana. Porque no soy una mierda. Porque no me voy a casar con un drogadicto. Porque mi hermana me lo pidió con sus ojotes llenos de miedo a que no volviera. Porque me hubiera gustado tener a alguien que me defendiera y me cuidara. Porque el día que yo me vaya, quiero podermela llevar conmigo. Por todo eso, no me voy.
Por lo menos, no por ahora.
También me gusta leer lo que piensan de lo que pienso. Comentarios, por favor!
martes, 30 de junio de 2009
lunes, 29 de junio de 2009
Just Tired

Se me juntó el lavado con el planchado, como diría un maestro al que odiaba en la preparatoria.
Resulta que me quedé casi dos meses más de lo acordado disfrutando la vida familiar en un pueblo en el que hasta los presos tienen más que hacer que yo, que la relación con mis padres (ambos) promete ser una mierda que crece con el pasar de los días, que tengo la piel pálida y los labios blancos debido a mi jodida enfermedad, que me siento su-ma-men-te sola tan lejos de "mi familia", la de allá, de Mérida, que parece que no encajo más en éste entorno por más que he tratado de llevar la fiesta en paz, que hace una semana se me alborotó la tendonitis (por pendeja, he de aceptar) y ¿por qué no? hoy amanecí con gripa.
Una, dos, tres.. cuatro pastillas al día. Cuatro. Después de samparme todo eso, para lo único que me queda espacio es para el postre.
Cada que me preguntan hace cuánto llegue, trato de controlar el volumen de mi voz y la expresión en mi cara para que la frase "más de quince días" suene como si no estuviera a diez minutos del suicidio. No lo he conseguido, toda la gente me responde "ya te quieres regresar, ¿verdad?. Me limito a sonreír y evitar la respuesta.
Hoy le avisé a mi mamá, después de mi primer estornudo, que me iba a Mérida. Ropa, cosas, despedidas, encargos, invitaciones de la fiesta.. whatever. Me quedó viendo aturdida y me dijo que no. Tan tan..
Le enumeré la lista de razones nuevamente, como si no hubiera escuchado el "no". Después le dije que me iba de ride con mis tíos, que van rumbo a no se dónde vergas de la Riviera Maya, que me quedaba en Mérida dos o tres días para hacer todo, y luego regresaba.
"Es necesario mamá"
Creo que comprendió que lo que en realidad había querido decir era "Es necesario mamá, si no voy a terminar regándolos con gasolina, prendiéndoles fuego y después colgándome del ventilador de la sala".
Solo queda esperar..
Buenas las tengan.
sábado, 27 de junio de 2009
A medias, pero estoy..

Goma: Supongo que la gente normal no suele alejarse así de la gente que quiere, no importa que tan asco sean..me gustaría ser normal y ser alguien que pudiera estar cerca de ti ahorita.
Mango: Si fueras normal no te quisiera tanto .. querría ? Como vergas se diga, entendiste.
Goma: Si tuvieras buena ortografía no me sacarías las lágrimas con una mala conjugación de un verbo.
Ubikando
cosas banales,
dato curioso,
feeling blue,
lengua creativa
viernes, 26 de junio de 2009
Y no leí Amor en tiempos de cólera..

¿Por qué?
Por que no quise. Primer párrafo, primera hoja, primer capítulo. Devorando con sed endemoniada página tras página sin encontrarle el sentido, perdiéndole el hilo, sintiéndolo trabajoso. Las páginas me raspaban. Me adelanté al final tan esperado, cosa que nunca hago, y ni leyendo el final me animé a darle por el principio.
Lo cerré.
Me olvidé de Fermina y Florentino, por completo.
No le veo el caso a desperdiciar una obra de arte como esa, múltiples veces premiada y recomendada por las personas a mi alrededor. Hoy no me toca. No es para mi.
Cada vez me convenzo más que las cosas, a su tiempo. No había sido por casualidad que había estado renuente a leerlo de una forma muy inconsciente y que ni la película vi. Hoy no me toca.
Hoy, puedo deducir, que necesito mujeres de ojos grandes y déstos más grandes, valientes, hijas de la chingada, puestas, inteligentes, cabronas y bien pinches enamoradas. Así como las de Mastretta. Así como las de Allende. Que diera yo por tener los déstos tan puestos como Catalina Ascencio, la rebelde, la apasionada.. no el intento mediocre que se atrevió a hacer la pendeja de Talancón.
En fin. Solicito recomendaciones de libros cuyas protagonistas sean unas hijas de la chingada, que me sirvan para vivir a través de ellas y sus andares, ya que mi existir en éste momento es monótono y jodidamente tedioso.
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