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jueves, 23 de agosto de 2012

Mi ex se parece a Juno



Ella tenía 17 y yo 19.

No le llevaba tanto, pero en ese momento se me hacía una eternidad. Ahora vengo cayendo en cuenta que fue una mamada mi crisis de los 20 años, pero el hecho de que ella siguiera siento "seventín" y yo anduviera en los "tuentis" era equivalente a un cubo de hielo en la espalda.
Guapa. Muy guapa. Y era una nena.

El día que la conocí estaba vestida de naranja y tenía un listón blanco en el cabello. Así de nena.

Una noche vi Juno y me di cuenta que se parecía a la chavita que besuqueaba algunas tardes a la semana. Se lo  dije. Resultó que mis suegros de ese entonces ya se lo habían dicho antes. El  fleco y los ojos bonitos sumado a su cara de puberta le daban un toque de realismo al parecido con la adolescente embarazada.

Hubo una fiesta de disfraces y se disfrazó de Juno: camiseta de rayas, falda de tablones, jeans, tennis y el cagón de Paulie Bleeker.

Si. El cagón. Me valen madres las cejas levantadas.

"Bleeker" tenía mi edad y lo conocía por situaciones que prefiero no mencionar. Se hacía pasar por "amiguito" de MI novia, cuando yo sabía perfectamente que sus intenciones eran todo, menos sinceras.

No lo culpo, la chavita estaba manoseable y éste pendejete tenía chance de acercársele sin que ningún wey mamado le ladrara por una sencilla razón: Juno andaba conmigo, pero nadie lo sabía.

El caso es que "Junito" se fue a la fiesta, vestida de puberta embarazada con un "Bleeker" cagón haciendo dos papeles: el de padre del niño y aún más falso, el de amigo incondicional.

Cuando vi las fotos, por poco me doy un tiro. Ahí, sobándole la rrrrreeeeputa panza falsa a mi novia, tenía que estar yo. Y en lugar de mi, estaba "Bleeker" con cara de imbécil, haciendo todas las poses de embarazo habidas y por haber, viendo a MI "Juno" como si fuera un bolis de mango.

Le hice un pancho, pero como era bien panchera, no lo tomó mucho en cuenta. Fueron de las únicas veces que le armé pedos por celosa. 

Epílogo: Años más tarde, platicando con la "Juno" manoseable (que ahora es de mis mejores amigas), me soltó que al final, el cagón de Paulie Bleeker" resultó por decirle que le gustaba. Me dieron ganas de patearlo tres vueltas al rededor de mi cuadra.

martes, 14 de agosto de 2012

domingo, 12 de agosto de 2012

La trenza mágica.


Hace mucho tiempo, pero mucho, mucho, en los ayeres aquellos en los que no me calentaba ni el sol, tuve un sueño:

Estaba saliendo de bañarme y tenía el pelo desenredado.

Deliciosamente desenredado, tomando en cuenta que mi melena rizada, la mayor parte del tiempo se encuentra hecha un caos. Primero le pasaba un cepillo desde la raíz hasta las puntas y al sentir que corría sin problemas, lo empezaba a peinar con mis dedos, sin que se me trabara en ningún momento. Los dedos se me resbalaban entre la melena húmeda, larguísima.

En determinado momento, después de peinarme durante un rato, me comenzaba a hacer una trenza, de las francesas, que te empiezan hasta arriba de la cabeza. Mis dedos iban separando los mechones de pelo, para unirlos de nuevo, sabiamente, formando un orden hermoso a lo largo de mi cabello y atravesando mi espalda.

Un recuerdo vago, me decía que era la segunda vez que lo soñaba.

¿Honestamente? Lo más desconcertante del sueño es que yo no sabía hacer esas trenzas. Jamás había hecho una, ni a mi misma ni a nadie más.

El largo de mi cabello y el desmadre de los rizos siempre hicieron imposible que yo aprendiera a hacerlas sin querer pegarme un tiro en el intento.

Como todos los sueños raros que tengo, me tiré boca arriba a reflexionarlo un rato. Ubicandolo en el tiempo/espacio/situación/entorno/pendejadas en las que me encontraba, tratando de engranar la analogía que me mandaba mi subconsciente de alguna forma en la vida que estaba viviendo en ese momento.

De alguna forma que no recuerdo, deduje que el mensaje oculto era sencillo: control.

Me paré como un resorte, me metí a bañar y al salir me quedé parada frente a mi espejo durante mucho tiempo. Mucho. Traté de hacerme la pinche trenza como 40 minutos. Me humedecí el pelo como 3 veces. Empezaba y antes de llegar a la mitad, eso se volvía caótico. Los brazos me dolían, estaba encabronada, mi pelo se estaba secando... entonces dejé que volara libre

Mi persona, al igual que mi cabello, eran un impedimento para lograr control de la situación. Me ganaba el desmadre, el caos y todo el remolino de idioteces que traía yo dentro. No había intento que fuera suficiente si el material no cooperaba..

"El día que me haga ésta pinche trenza, es que algo cambió en mi, para bien"

Lo intenté varias veces más a lo largo de éstos años.

De vez en cuando, salía de bañarme e intentaba hacerla. Al principio, me pasaba un chingo de tiempo parada frente al espejo, casi tanto como cuando lo intenté la primera vez. Luego menos. Luego se me olvidaba por meses y un día me acordaba y lo intentaba.

Y así, hasta hoy.

Envuelta en una toalla gigante, entré a mi cuarto y me comencé a secar el pelo. Me lo peiné con los dedos un rato, sintiendo mis dedos y mis uñas resbalándose por la piel de mi cabeza.

De la nada, separé un mechón de pelo, luego dos más a los lados. Y luego otros dos más abajo. Y otros dos. Y seguí, y seguí, y seguí, hasta que las hebras se hicieron tan delgadas que no pude trenzar más.

Por poco me pongo a brincar de la emoción, sola, como idiota.

Me pude hacer una trenza: QUE GRAN ACONTECIMIENTO.

Pero para mi lo fue.

Y ahora terminé de entender la analogía:

Haberme podido hacer ésta pinche trenza, significa que puedo tener control, tanto de mi, como de mi greña. Que si prefiero el caos interior y exterior es por querer, no por no tener otra opción.

Y ya está, buenas las tengan.

martes, 27 de marzo de 2012

La historia que voy contando.


Asiduos Lectores, ¿quieren saber la verdad?

Dejé de escribir porque no me dan ganas, pero eso ya lo sabían. Lo que no saben y y no entendía hasta hace poco es el por qué de mi falta de ganas. Aun aparece como un "borrador sucio" en mi cabeza, pero lo trataré de poner lo más claro posible.

No me gustaba la historia que tenía que contarles.

Hasta éste momento, la verdad, no se si se las contaré. Estoy tratando con todas mis fuerzas de correr en dirección contraria y que el sentimiento no le vuelva a ganar a la razón. Eso hablando de Sol, mi ex. No voy a decir una palabra, salvo que está en el primer lugar en la lista de lugares que no volvería a visitar.

Pero no sólo es ella, asiduos lectores. Es todo. Me dejé se sentir cómoda con la insignia de Incondicional que me habían colgado, grandota, en el cuello. No digo que todos mis amigos me tengan hasta la madre, simplemente un porcentaje considerable de el reducido grupo que considero especial, se volvió un dar sin recibir que no veas.

Como si yo fuera la pinche vieja más fuerte del universo, que pudiera estar siempre para solucionarle los problemas al mundo entero y jamás, pero jamás, tuviera la necesidad de que estuvieran los ausentes para mi. Creo que el problema, principalmente, es que no estoy acostumbrada a pedir las cosas. Pero eso ya es cuento mío.

El caso es que... de todo se cansa el indio.

Y me cansé.

Y llegó Marzo con la necesidad inigualable de mandar a chingar a su madre a quien quiera que me estorbara. Lo que sea que no me permitiera estar feliz, a chingar a su madre.

Entre las afectadas estuvo Superman, por ejemplo, que es una de las pinches viejas más egoístas de la vida. La quiero, intensamente, eso no cambia... pero le tomó dos semanas cerca para que yo le quisiera prender fuego. De ella no me lo esperaba, es la gran verdad.

En fin.

Quiero volver a escribir, así, libremente. Que se me desborden las letras de las puntas de los dedos. Tener cosas ricas que contar.

Es mi propósito: crearme historias con las que esté contenta.

Espero, de verdad, volver pronto y más seguido.

Los extraño, asiduos lectores.

Buenas las tengan.