También me gusta leer lo que piensan de lo que pienso. Comentarios, por favor!

jueves, 13 de agosto de 2009

Hoy, inevitablemente, exploté..


"Me voy a quedar unos días contigo" fue la frase detonante. Lo único que me permití fue hacer una mueca parecida a una sonrisa, agarrar mis llaves de la mesa y salir pitando por la puerta trasera.


Cuando se cerró detrás de mi, la mueca se había desaparecido por completo y la cara se me había descompuesto. No recuerdo muy bien el trayecto a mi carro, pero una vez que estuve dentro, se que lo arranqué con violencia y el sonido del motor parecía reflejar mi estado anímico. Pegué un reversazo y luego arranqué hacia adelante a una velocidad bastante por arriba de la permitida.


Entonces, solo entonces.. fue inevitable. Las lágrimas se me empezaron a escurrir por toda la cara, las manos me temblaron apretando las uñas al volante y todas las mentadas de madre que me conozco me salían por la boca, echando fuego.



¿Cuándo va a parar el pinche conteo de los días?


lunes, 10 de agosto de 2009

Contando los días...


La tensión de el día a día con mis papás, la falta total de privacidad compartiendo cuarto, el asunto de tener que avisar a dónde voy, los ruidos alrededor de mi por las mañanas que me hacen despertarme a destiempo, pero sobre todo, el pinche aburrimiento.


No hay una chingada cosa decente que hacer.


Gracias al cielo y a todos los santos, al final de ésta semana estaré con el pie en el acelerador y sin intención de retorno, de vuelta a mi vida.


No puedo esperar más para ver a mis amigos, echarnos unas como la gente (y las demás como bestias), dormir hasta tarde sin que nadie me moleste, salir y perderme sin que nadie esté jodiendo al celular cada cinco minutos, regar mis plantitas, abrir las cortinas de rayas de mis ventanas y dejar que el fresco de la tarde entre en mi casa.


Soledad. Privacidad. Libertad.


Estoy contando los días.

sábado, 8 de agosto de 2009

La Matanza de Santa Adelaida.

Ese podría ser un título adecuado para mis vivencias de ayer por la noche. Ese o cualquier otro que se les ocurra, siempre y cuando refleje ese saborcito tan conocido y molestoso de las películas de terror mexicanas de mala (-si-ma) calidad.

Llovió, pero un chingo, como tenía años que no llovía. Las gotas estaban tan grandes que cuando te pegaban en la piel, dolía tantito, y habían relámpagos mal pedo. Un aire de la fregada, que no importaba que tuvieras todas las ventanas cerradas, el agua alcanzaba a entrar por cualquier pinche hoyito.

Ventanas azotándose.

Árboles cayéndose.

Y en medio de todo eso... se fue la luz.

Por situaciones ajenas a mi, tuve la encomendación de ir por las llaves de un cuarto, a un hotel de medio pelo. Al menos eso pensaba yo... hasta anoche, que me convencí que era de mala muerte.

Crucé la calle corriendo con el agua azotándome en la cara; a pesar de haber sido a lo mucho cuatro metros a la interperie, cuando llegué al carro estaba empapada y moría de frío. La tela delgadita de la blusa se me embarraba en la espalda y en el pecho, haciendo más difícil entrar en calor.

Conduje hasta el otro extremo del pueblo totalmente a oscuras.. para ser las 10 de la noche comencé a pensar que habían pocos carros, muuuy pocos. De no ser por los tres taxis que me encontré en el trayecto, me hubiera convencido que era el único ser viviente en todo el perímetro. Me estacioné frente al hotel y salió una señora que conocía de vista y de "buenos días". Siempre me había parecido medio creepy, pero no fue hasta verla en la oscuridad cuando me enchinó la piel.


Se asomó por una rendija de la puerta y luego la abrió. ¿Que yo pase? No..gracias, solo vengo por la llave. Ah.. la tiene usted hasta la recepción. Si, claro, la acompaño. Y entonces comencé a caminar por un pasillo en el que no alcanzaba a ver ni siquiera la punta de mi nariz. El pasillo me parecía cada vez más angosto, pero estaba segura que era un efecto secundario de la mala vibra, la oscuridad y de estar confiando plenamente en la ñora creepy en medio de un diluvio que hubiera apagado los gritos de cualquier mujer veinteañera asesinada en un hotelucho.


Llegando al final de el pasillo, yo creía ver la luz. Oh sorpresa... la vi. Para mi desgracia eso lo hizo aún peor. Doña Señora decidió emplear no se en que mal momento al recepcionista más jodidamente escalofriante, de esos que tienen cara de haber vivido en un loquero durante su infancia, con terapia de electrochoques.


Balbuceó no se que cosa, mientras me alumbraba con su celular, luego me sonrió y se me puso el espinazo como de gato. Estaba a punto de darme media vuelta y correr, pero me contuve: quién sabe si la puerta del final del pasillo no estaba ya cerrada con llave.. entooonces sí que me iba a cargar la fregada.


La ñora levanto la mano con una llave colgada del dedo índice. Antes de que pudiera hacer nada, me hizo señas de que la siguiera (¿otra vez?). ¿A donde vamos? ¿A ver el cuarto? Noo, no se preocupe, no le quito más tiempo. Bueno, pero aún así, la voy a hacer caminar. Estem.. si, yo la sigo. ¿¡Segundo piso!?


Pisé el tercer escalón y sentí los pasos del recepcionista justo detrás de mi. En ese momento supe que me había llevado la verga. Subí los demás escalones al puro tanteo, sin ver nada, pero NADA, y con lluvia y sudor mezclándose y escurriéndoseme por la frente y la espalda.

Caminamos el trayecto del pasillo de abajo, pero en el segundo piso.. me meaba de miedo. La señora se detuvo frente a la puerta del último cuarto, lo abrió y desapareció. Dadas las circunstancias, mis instintos me obligaron a seguirla para quedarme lejos del recepcionista raro. El olor a pinol, a humedad y a madera me pegó de golpe. El cuarto dejó de estar en oscuridad para estar en penumbras en cuanto el recepcionista entro a mis espaldas y alumbró con el celular; dos camas matrimoniales al fondo, un teléfono feo en una mesita de noche (fea, también).

Bu.. bueno doña, gracias. ¿Qué habitación es? ¿Trece? -you're fucking kidding me- Si, yo les digo. Muchas gracias. Estem.. no se preocupe, bajo sola.. es que dejé el carro mal estacionado. Buenas noches.

Apenas ubiqué las escaleras al final del pasillo, aceleré el paso. Bajé los escalones de dos en dos y atravesé la recepción golpeándome con cada mueble que existente. Corrí lo más callada que pude a través del pasillo, mientras iba rogándole a Zeus y al Olimpo completo que lograra ver la puerta antes de estamparme con ella, pero sobre todo, que estuviera abierta.

Hasta que no puse un pie en la calle, no me di cuenta que dentro había un calor insoportable. La lluvia me empezó a pegar de nuevo mientras corría hacia mi carro, del otro lado de la calle. Abrí la puerta, brinque dentro y apreté dos veces el botón del seguro.

Respiré aceleradamente una vez, dos, tres, cuatro. Arranqué el carro y prendí las luces. Cinco, seis, siete, ocho. Las gotas de sudor y de lluvia se comenzaron a enfriar.

Un segundo estaba muerta de miedo, y al siguiente, muerta de risa.

- Solo falta que vea a un niño zombie por el retrovisor - dije en voz bajita.

Como que no quiere la cosa, levanté la vista hacia el espejo y me cercioré de que no fuera así.

jueves, 6 de agosto de 2009

María




Te llamabas María, pero pudiste haberte llamado como sea.

Apareciste mientras daba la vuelta en U en cualquier boulevard, totalmente desubicada. Mi madre se había ido sin mi y yo no encontraba como salir de una buena vez de esa ciudad que conocía tan bien y que, sin embargo, me era tan extraña y amendrentadora. El tráfico insoportable y las señales inentendibles estaban acabando con mi cordura.. entonces, te vi en medio de todo.

No estabas sola, habían algunas personas más contigo, todas con la misma facha de foráneas. Algo hizo que te distingüieras de las demás, no puedo asegurar que hayan sido las ondas rebeldes de tu cabello oscuro o tu sonrisa. Es lo único que recuerdo de tu cara.. me gustaría recordar más, pero supongo que a comparación del anonimato en el que te has mantenido, tu sonrisa es un lujo.

Dos horas después de conocernos, estábamos sentadas en el suelo, en medio de un grupo considerable de personas. ¿Tus amigos? Esa sensación me daba. Seguía sin saber dónde estaba y cómo salir de ahí, pero tu me abrazabas y a mi la urgencia de volver se me había evaporado.

Alguien hizo una broma acerca de lo rápido que corren las relaciones entre mujeres, pero nos defendimos entre risas diciendo que sólo eramos amigas. Tu volteaste a verme como si no quisieras que me creyera tus palabras y sentí como se me aceleraba el pulso.

No soportaba las ganas de besarte y al mismo tiempo, de no hacerlo. No quería que los demás tuvieran razón, que fuéramos justo el elemento predecible. Sentía la tensión de ti hacia mi, también. Supuse que era por lo mismo.

Algunas horas después (la falsa conciencia me dicta que justamente dos) el ambiente ruidoso y chispeante había dejado de serlo. Ahora había bastante menos ruido y bastante menos gente. Estabas sentada de espaldas, recostada sobre mi, y yo descansaba mis brazos sobre tus hombros. No decíamos nada.. supongo que no había nada que decir.

Te retorciste un poco, hasta que tu cara quedó frente a la mía. Me miraste un ratito, y luego..

Me besaste.

Me gustaría recordar más, pero supongo que a comparación del anonimato en el que te has mantenido, tu sonrisa es un lujo.